Serie Fueras de Serie
21 de febrero de 2024

Serie Fueras de Serie. Isaac J. Pardo. Cap 5

Serie Fueras de Serie. Isaac J. Pardo.

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Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Jan Carlos Caraballo. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com, deben buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos pueden seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR.

Bienvenidos todos a esta nueva serie que estamos desarrollando; la hemos titulado Fuera de Serie. Hemos hecho tres programas sobre la vida y obra de Juan Liscano, hemos hecho un programa sobre la vida y obra de Andrés Bello y hoy le vamos a dedicar el programa a Isaac J. Pardo. Comencemos por decir que la singularidad de la vida intelectual del doctor Pardo Sublette es muy particular tanto por la especificidad de su caso de escritor, como por la magnitud y hondura de sus pocas obras escritas, todas dentro del ámbito de la historia y la literatura. Y buena parte de eso lo vamos a explicar a lo largo del programa.

Comencemos por el principio. Isaac Pardo nace en Caracas en 1905 y muere aquí, en esta ciudad, el año 2000. De modo que estamos hablando de una vida larga, 95 años. Siendo muy joven va a participar en la revuelta estudiantil de 1928, ocurrida a partir de la semana del estudiante que convocó la Federación Venezolana de Estudiantes, presidida entonces por Raúl León, y como consecuencia de haber participado en aquella revuelta estudiantil Pardo conoce la cárcel.

Y luego el exilio. Va a salir de la prisión a finales de 1929; se va a París a seguir sus estudios de medicina. Pero la mano de la dictadura gómezista llega hasta la capital de Francia y le hace la vida imposible, hostigándolo; entonces se muda con su esposa a Barcelona de España, donde finalmente se gradúa médico en 1934. Tiene 29 años. Regresa a Caracas en 1936, cuando ya gobierna Eleazar López Contreras y hay una situación política más holgada en Venezuela. Al regresar revalida su título en el año 1937, en la Universidad Central de Venezuela, y va a ejercer como especialista en tisiología durante muchos años.

En el Hospital El Algodonal, bajo la guía de un eminente médico, el doctor José Ignacio Baldó. De modo que, hasta 1955, cuando Pardo tiene 50 años, él es un distinguido médico caraqueño, particularmente culto, pero sin obra publicada.

Esa cáscara va a romperse con la publicación de un libro bellísimo que se titula Esta tierra de gracia, publicado en 1955. Antes de eso, Pardo publicó un ensayo breve en la famosa Revista Nacional de Cultura y lo ha titulado Viejos romances españoles en la tradición popular venezolana. Esto lo publica en 1943 y lo recoge luego en su libro La ventana de Don Silberio, publicado en 1978. En este trabajo Pardo da cuenta de tres fervores que se mantendrán en el tiempo, en su vida: uno, el gusto por la poesía versificada, que luego hallará en la obra de Juan de Castellanos un campo para solazarse; dos, el rigor investigativo, citas y bibliografías correctas, organizadas así como un discurso claro y pedagógico; tres, el interés por la historia colonial del siglo XVI.

Después, en 1959, publica su microbiografía Juan de Castellanos, un hombre que vive entre 1522 y el año 1607. Y ya Pardo sumergido en la gigantesca obra de Castellanos, publicó en 1961 un tratado que se titula Juan de Castellanos, estudio de las elegías de varones ilustres de Indias. Y a este título le va a seguir el que señalé antes, La ventana de Don Silberio. En 1983 publica realmente una obra maestra, Fuegos bajo el agua, Invención de la Utopía. En 1991 publica Esa palabra no se dice y en 1998, A la caída de las hojas.

Por otra parte, su biógrafa María Ramírez Rives, antes de dar a conocer su biografía en la Biblioteca Biográfica Venezolana número 54, esa colección extraordinaria que coordinó, animó y creó Simón Alberto Consalvi y que publicó el Diario El Nacional y el Banco del Caribe. Y allí, antes les decía que, antes de la biografía de María Ramírez Rives, ella había publicado una larga entrevista con don Isaac titulada "El otoño luminoso", de Isaac Pardo, en el año 1999, un año antes de morir el doctor Pardo. Vamos a ver ahora su obra centrada en el tema histórico, en el orden que fue siendo publicada.

Fíjense, Esta tierra de gracia es un estudio amenísimo del siglo XVI venezolano y está escrito como si el lector estuviese siguiendo una novela policiaca. Como el propio Pardo pretendía, la obra no solo está perfectamente documentada, científicamente respaldada, sino magníficamente escrita. Además, está prologada por Miguel Ángel Asturias. Y se va a detener en los hechos fundamentales del siglo XVI: Colón, su tercer viaje, Isabel la Católica, los segundones que verdaderamente son los que auscultan, los que revisan las costas venezolanas, Cubagua y sus perlas, Margarita y todos sus asuntos.

Aparecen la Casa Welser, los Welser y esa epopeya trágica que ellos escenifican en tierra venezolana. Aparece la fiebre doradista o el Dorado, también está allí en el libro López de Aguirre, el temible tirano, y sus delirios autonomistas y monárquicos. También está el crisol de razas que anuncia la futura nacionalidad criolla. Aparece la Caracas recién fundada en 1567 y la vida en aquellas provincias cuyas ciudades eran más un proyecto trazado sobre el terreno que una realidad como tal. También aparecen los primeros corsarios, los primeros piratas.

Y con motivo de la cuarta edición de esta obra en 1980, Pardo accede a explicar sus propósitos y dijo entonces: "Esta tierra de gracia, lo expliqué en el momento de su aparición, no es un tratado ni un libro de texto. Comenzó en forma de relatos destinados a mi hijo y padecía entonces, tal como había padecido yo en mi tiempo, las fatigas del sistema de enseñanza acartonado. En vez de exangües amontonamientos de nombres y fechas, traté de darle aquello que apuntaba a Américo Castro como esencial cuando se contemplan los hechos históricos". Decía Castro: "Hay que forzarse por ver en unidad de estructura: ¿de dónde arranca? ¿Y hacia dónde va el vivir?".

Qué bueno esto de Américo Castro, y ciertamente el propósito de examinar al comienzo está logrado, así como el de no aburrir al lector sino enamorarlo con la escritura. Y el sesgo, además, muy pronunciado, aventurero, que tiene el relato de Pardo; en este sentido esta obra es un ejemplo de lo que algunos historiadores contemporáneos buscan, me refiero: escritura seductora, investigación rigurosa yendo de la mano como una pareja recorriendo el pasillo de la iglesia hacia el altar. Repito, escritura seductora, investigación rigurosa; eso lo logra Isaac Pardo en ese libro maravilloso de 1955, Esta tierra de gracia. En la próxima parte del programa seguiremos viendo tanto este libro como los otros que va publicando en lo sucesivo el médico, el doctor, Isaac J. Pardo. Ya regresamos.

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Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estamos hablando de Esta tierra de gracia y de Isaac Pardo y la búsqueda de Pardo en esa búsqueda; lo anima un axioma. Ese axioma es: no hay expresión íntima de la vida venezolana que no apunte ya en el siglo dieciséis, ni hay problemas que no estén planteados entonces en toda su complejidad. Bueno, está convencido Isaac Pardo, y por eso va a afinar el microscopio, como si estuviera en su laboratorio médico, y va a buscar las trazas en aquella centuria del siglo XVI de lo que nos ocurre hoy en tiempos contemporáneos, en el siglo XX y en el XXI. Esto no es explícito salvo en la introducción del libro; sin embargo, recorre como un viento fresco todo el texto.

¿No tiene la sensación de que está leyendo una historia del siglo XVI que tiene mucho que decirnos en el siglo XXI? No olvidemos que Esta tierra de gracia no es un tratado. Es un libro breve, sucinto, que estudia aspectos, procesos, personajes del siglo XVI. No podemos valorarlo sino por lo que es, es decir, un libro panorámico que incita, que abre puertas, resume, que ofrece una visión completa de algo que comienza y algo que termina.

Bien, y después tenemos en 1957: Pardo publica en la Revista Nacional de Cultura un estudio exhaustivo sobre el poema Canto fúnebre; es un poema muy famoso en el siglo XIX de José Antonio Maitín. Allí se sumerge en el análisis de los versos, como antes lo había hecho con los romances españoles presentes en la cultura popular vernácula. Ese mismo año, me refiero a 1957, es el guion que Isaac Pardo escribe para un oratorio profano del músico Evencio Castellanos. Ese oratorio profano se tituló El tirano Aguirre, estampas para una cantata. Muy interesante una incursión como guionista de Isaac Pardo.

Y veamos ahora la biografía breve de Juan de Castellanos que le redactó Pardo con poca información porque no había mucha información sobre Juan de Castellanos. No sabemos si don Isaac viajó a Tunja y a Villa de Leyva, donde Castellanos vivió muchos años. Yo creo que no, porque haberlo hecho lo habría dicho en el trabajo. Sin embargo, él establece los trayectos de Castellanos: vamos a verlos. Hasta los 18 años vive en España; luego, en una isla del Caribe, probablemente Puerto Rico, por algunos pocos meses, y después se establece en Cubagua. Ahí pasa varios años, después en Margarita, en el Cabo de la Vela, en Río Hacha, en Santa Marta, en Cartagena, en Coro, en Bogotá y finalmente en Tunja, a partir de 1562, ya con la condición de sacerdote. Cuando él vive en Cubagua y en todos estos sitios no era sacerdote todavía.

Y en esta ciudad lluviosa, Tunja, que está a casi 3000 metros de altura, va a pasar el resto de su vida, hasta su muerte en 1607. Y en Tunja es cuando y donde escribe su obra monumental, Elegías de varones ilustres de Indias, una crónica de los hechos indianos del período de conquista, que es imposible no visitar si se quiere escuchar el ritmo en la respiración de este período. Les recuerdo, estoy hablando de Juan de Castellanos, un estudioso del siglo dieciséis indiano, que era previsible se hiciera un exégeta de la obra desproporcionada del cura de Tunja; ahora estoy hablando de Isaac Pardo. Y fíjense que, según Marcelino Menéndez y Pelayo, me refiero al poema Elegía de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos.

Según él se trata del poema más largo que existe en lengua castellana, y quizá la obra de más monstruosas proporciones que en su género posee cualquier literatura. Para que ustedes tengan una idea, la obra se estima que tiene 150 mil versos, cerca de 20 años de trabajo. Y para colmo no fueron suficientes para el proyecto de Castellanos, ya que no tuvo tiempo para escribir las conquistas de México y Panamá. Esta biografía que escribe Isaac Pardo de Juan de Castellanos, un personaje que lo fascina, fue breve; sin embargo, el estudio de su obra sí alcanzó magnitud de tratado.

Me refiero a Juan de Castellanos, Estudio de las elegías de varones ilustres de Indias, publicada en 1961, y es muy probablemente la más completa revisión analítica que se ha escrito. Entonces no deja de preguntarse Pardo por qué el versificador acudió al verso y abandonó la prosa inicial con que estaba escrito. El prologuista de este estudio de Pardo, nada menos que el eminentísimo filólogo Ángel Rosenblatt, sale en su ayuda recordándonos que entonces escribir en verso era infinitamente más prestigioso que hacerlo en prosa.

De hecho, Cervantes se sentía disminuido por no escribir en versos. Imagínense ustedes esto: es una gran paradoja porque hoy en día El Quijote ha tenido millones y millones de lectores en el mundo y está escrito en prosa, y la obra de Castellanos, que está escrita en verso, prácticamente no la lee nadie. Entonces, mayor paradoja que esta, increíble e imposible. De modo que, sin embargo, más allá de esta aclaratoria de Ángel Rosenblatt, la verdad es que el corsé del endecasílabo constriñó tanto a Castellanos, que a ratos todo parece forzado e incluso infantil, absurdo. Porque tienes que hacer el intento de meterlo todo en el verso de 11 sílabas. Es una cosa que hoy en día no tiene ningún sentido, pero en esa época, sí.

Por eso los tiempos históricos señalan caminos muy diferentes, ¿no? Bueno, en cuatro siglos el prestigio de la novela ha ascendido hasta el cielo y no tenía ese prestigio. En cambio, la lectura de la poesía ha quedado muy reducida; es una tarea de poquísimas personas. Vuelvo a explicar la paradoja: Castellanos lo escribe en versos porque quiere tener muchos lectores, y la paradoja es que cuatro siglos después casi nadie lee el libro. También nos recuerda Rosenblatt que durante 10 años fue soldado Juan de Castellanos, y termina siendo sacerdote o presbítero cuando ya es un hombre maduro. Y le entregan la regencia espiritual de Tunja, ese pueblo entonces, hoy en día una pequeña ciudad colombiana en la región de la Meseta Cundiboyacense.

Bueno, Pardo se va a detener en el análisis de toda la obra, no solo en sus aspectos propiamente literarios, sino en los aspectos históricos, ya que más que un poema es una crónica del acontecimiento, pero escrita en versos. También va a señalar Pardo como unos incisos novelescos, es decir, los apartados del curso central que hace Castellanos para centrarse en una subhistoria completa. Como vemos, a nuestro autor le toca la puerta de la obra del bardo y el poeta en dos sentidos, en dos fervores que señalamos al comienzo: la crónica de los hechos del siglo XVI, la conquista particularmente, y la escritura de versos. De modo que Isaac Pardo estaba navegando en sus aguas y no cabe la menor duda de que las elegías de varones ilustres de Indias fueron fuente de Esta tierra de gracia.

Y Juan de Castellanos siempre fue un imán para Isaac Pardo. En la próxima parte del programa seguiremos viendo estos aspectos de la obra escrita de Isaac Pardo y nos adentraremos en otro de sus libros, La ventana de Don Silberio, donde hay algunos otros trabajos sobre este interés particular en el siglo XVI y en Juan de Castellanos. Ya regresamos. Bien, en La ventana de Don Silberio se encuentran dos comentarios sobre trabajos acerca de Juan de Castellanos de otros autores y la conferencia Rasgos culturales del siglo XVI en Venezuela.

Un apretadísimo resumen de Esta tierra de gracia; ese texto parece como el esquema que él va a desarrollar después en su libro, y algunos artículos escogidos. Y así es como llegamos entonces a la ópera magna de Isaac Pardo, que es el Tratado sobre la historia de la utopía en el mundo occidental. En esta obra de casi mil páginas Pardo revisa desde la Antigüedad clásica hasta Tomás Moro y añade una adenda sobre la perestroika, y esto lo hace en la segunda edición, la del 1990. Los propósitos de esta obra los establece Pardo en el prólogo, él dice: "El libro que el lector tiene en sus manos no pretende forjar teorías en torno a la utopía; su propósito, mucho más modesto, es contribuir al conocimiento de un rasgo poderoso y eterno del ser humano y a la comprensión de la literatura que trata de exponerlo".

Claro, se está refiriendo al sueño utópico, a la utopía, utopos, un lugar que no existe, es decir, un lugar en la mente, en la imaginación de alguien. Y si tomamos en cuenta el mundo occidental, hay un punto de partida, si es que esto es posible fijarlo, en la ciudad-estado griega, y que allí la primera utopía va a ser escrita, que es La República de Platón, si además tomamos en cuenta que el cristianismo tiene mucho pulmón utópico y que en la Edad Media y el Renacimiento también hay fuerzas utópicas, pues es evidente que Fuegos bajo el agua, Invención de Utopía, de Isaac Pardo, es una revisión del mundo occidental a través de una de sus vertientes fundamentales, el pensamiento utópico.

Este sesgo de penetración es central para el conocimiento de nuestra tradición histórica y nuestras tragedias, por cierto, ya que no han sido pocos los dramas que ha padecido la humanidad en su afán porque la realidad entre por el aro de alguna utopía que siempre termina en un baño de sangre. De modo que Pardo da en el blanco cuando se deja imantar obsesivamente por el tema de la utopía, aunque debemos señalar que su visión es más luminosa y trágica. Pardo está dispuesto a ver los hechos fantásticos del pensamiento utópico como las carnicerías que han ocurrido en realidad. Él ve en la construcción imaginaria un mundo ideal, una obra de creación espléndida, y no se detiene en el autoritarismo que se requiere para pretender adecuar los hechos a las ideas, pero no es nuestro propósito discutir con el doctor Pardo su visión favorable de la utopía, sino destacar el enorme esfuerzo del trabajo y su señalada utilidad para comprender el mundo occidental del que formamos parte.

La investigación y la escritura de esta obra extraña en el panorama venezolano le tomó a don Isaac once años de trabajo, siendo ya un anciano. Para entonces ya había abandonado la medicina; esto ocurrió a finales de los años sesenta y entonces comenzó a trabajar en la Electricidad de Caracas en su oficina de relaciones públicas. Allí estuvo durante muchos años Isaac Pardo; allí se jubila y se entrega entonces a esta tarea titánica, que llega a concluirla. Uno de sus mejores amigos, Miguel Otero Silva, que tenía una veta humorística extraordinaria, dejó dicho lo siguiente: "Hay que detener a Isaac Pardo antes de que llegue a las mil páginas porque encima vamos a tener que leerlas". Bueno, uno de esos comentarios ingeniosos, inteligentes, de Miguel Otero, que recogía realmente lo que estaba pasando.

Pardo pasó 11 años escribiendo este libro, y hasta que finalmente lo publica. Y viene una reedición; la reedición, por cierto, está publicada por la Biblioteca Ayacucho. En el mundo de los conocedores de los temas utópicos es una de las revisiones de la utopía en el mundo occidental, de las más completas, si no la más completa. No me atrevo a decir que es la más completa porque no llevo el registro preciso, pero entre ellas está esta sin la menor duda. De modo que aquí había una pasión muy importante por la mente y la imaginación de los hombres antiguos, porque empieza a rastrear ese pensamiento desde la Grecia clásica.

El primero que lo tiene es Platón cuando construye La República, una suerte de ingeniería social del mundo perfecto, unas sociedades regidas por lo que él llamaba el rey filósofo, y entonces a partir de allí el pensamiento utópico toma mucho cuerpo. Hay un momento estelar que ocurre cuando el descubrimiento de América, que muchos utopistas europeos vieron en América al buen salvaje, al lugar donde no se conocía el mal. ¡El hombre bueno! Nada de eso existe, por supuesto, pero el pensamiento utópico lo veía allí. Se va creando este mito del buen salvaje, muy asistido, por supuesto, por los libros de Juan Jacobo Rousseau, que abonaba mucho esta tesis, y es una tesis que ha calado mucho. La gente cree que la gente es así, hay hombres buenos si están apartados de la ciudad, del mundo, y resulta que eso no es así de ninguna manera.

Bien, ahora vamos a ver A la caída de las hojas, un libro de 1998, donde el doctor Pardo abordó temas históricos; en particular hace una genealogía de sus apellidos, esto muy interesante porque él se llamaba Isaac Pardo Sublette. Y por supuesto, se detiene en el general Carlos Sublett y va a trabajar su hoja de servicios completa. El general Carlos Sublett es un hombre muy estimable, muy extraño incluso dentro del conjunto de los héroes de la independencia. Sublett se distingue por su serenidad, por su discreción, y Pardo desciende de él. De modo que allí se esmera en trabajar su hoja de servicio.

También vamos a tener un ensayo dedicado al maestro. ¿Quién fue el maestro de Isaac Pardo? A quien él reconoció como su maestro, nada menos que Rómulo Gallegos, de quien fue un hombre cercanísimo, muy, muy cercano, y ahí está un texto hermoso que se llama Visión personal de Rómulo Gallegos, el hombre que yo conocí. Un texto muy bello sobre Gallegos. Él está cerca cuando el golpe de Estado de noviembre de 1948, recoge muy bien todo ese episodio. Hay otro ensayo sobre la génesis de la semana del estudiante en 1928. También hay otro ensayo donde se celebra el centenario del nacimiento de Gallegos, rememorando los episodios de la amistad muy dilatada que tuvieron, no solo en Caracas, sino en Barcelona y Madrid, donde él vive parte de su exilio, como dijimos antes.

Allí coinciden el maestro Gallegos, Isaac Pardo y Carlos Delgado Chalbaud. Él también va a vivir en casa de Rómulo Gallegos, incluso en Barcelona. Bueno, recordemos también que Pardo fue el presidente de la Comisión Organizadora de la celebración del Centenario de Rómulo Gallegos en el año 1984 y además fue un factótum fundamental para la construcción del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, CELARG, que se construyó en el terreno y ocupó la casa de Gallegos en Altamira, la Quinta Sonia.

Vamos a una pausa y regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural.

Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Bueno, el libro que venimos comentando, A la caída de las hojas, su último libro, de 1998. También hay un texto sobre la generación de 1928, donde hay unas anécdotas muy valiosas para desentrañar el origen de los acontecimientos, sobre todo en lo relativo a la creación de la Federación de Estudiantes de Venezuela, FEV, que fue la organizadora de los eventos, como dije antes, presidida por Raúl Leoni, y donde Isaac Pardo era el secretario de actas.

Bien, y hasta aquí la obra de Isaac Pardo, una vida larga y bueno es motivo de muchas celebraciones, un hombre de gran dignidad o un hombre humilde. Ya en los últimos años de su vida, como dije antes, le concedió una larga entrevista a María Ramírez Rives, una amiga muy querida, lamentablemente fallecida ya varios años, y allí Pardo se expresó con un poco de optimismo acerca del gentilicio venezolano. Dijo: "Los venezolanos somos un pueblo inmaduro y esa riqueza fabulosa que cayó sobre Venezuela sin haberla trabajado nos ha hecho mucho daño. Eso cayó del cielo; antes había que cultivar el café, cultivar la caña, trabajar, salir a mercadear. A Venezuela comenzaron a entrar millones y millones de dinero y con ello la ansiedad de acumular fortunas; esa cantidad de millones sirvió para financiar la corrupción. Aquí todo se ha comprado, ¡la honorabilidad! La buena fe... Todo está en el mercado y los que tienen los millones lo han comprado". Esto le dice Isaac Pardo a María Ramírez en ese libro de 1999, una suerte de testamento, esa larga entrevista sostenida con él.

Bueno, y como muchos compañeros de su generación de 1928, Pardo murió decepcionado, le dolía mucho Venezuela y le tocó ver, bueno, la mayor decadencia hacia finales del siglo XX y por supuesto comienzo del siglo XXI, pues el proyecto democrático hacía aguas por distintos flancos. Y cierto autoritarismo populista, mesiánico, entraba en la escena con las alforjas petroleras llenas de dinero a reventar, y Pardo, recordemos, nació durante el gobierno disparatado de Cipriano Castro, bueno, iba a morir en el año 2000. Sin embargo, su vida fue luminosa.

Su vida demuestra que, el mundo puede estarse cayendo y quien está enfocado en una tarea central y no se deja distraer por los cantos de sirena, concluye sus proyectos, incluso si llegan a mil páginas y suponen una década de investigación, como prevenía Miguel Otero: hay que detener a Isaac Pardo antes de que llegue a las 1000 páginas. Bueno, la singularidad de Pardo es señalada, como dijimos al comienzo. Fue un buceador en busca de perlas y se sumergió en el siglo XVI buscando las raíces de nuestra historia, nuestra historia poscolombina. Y en la hondura se enamoró de un personaje excepcional, Juan de Castellanos. Luego siguió buscando raíces y raíces y se halló inmerso en un océano de mundos inexistentes, pero vivos en la imaginación.

Por supuesto estoy hablando de la utopía. En ambos casos Pardo buscaba en otra parte las explicaciones a su presente. Algo le decía que lo evidente no estaban las claves, sino que estaban ocultas, que latían allí en lo oculto las claves y las explicaciones. Y él se fue del mundo creyendo en que había un mundo mejor. Le dice a María Ramírez sobre esto: "La utopía no muere, la utopía al fin y al cabo es el anhelo del ser humano de una vida mejor. Eso no puede perecer, eso tendrá sus diversas fases, sus diversas interpretaciones, sus diversas expresiones, pero no puede perecer. Todas las utopías, las antiguas y las modernas, no son sino manifestaciones de un anhelo eterno del ser humano, que es el de buscar una vida mejor, y desde luego eso no perece. Y no creo que la humanidad busque estar peor de manera consciente".

Como vemos, Pardo entendía la utopía como el anhelo de construir paraísos en la tierra; lo que ocurre es que muchas veces esos anhelos de construir paraísos en la tierra han terminado en dramáticos infiernos. Pero bueno, él pensaba que la utopía era consustancial a la naturaleza humana y que mientras el hombre busque construir esos mundos que no existían estaba allí su mayor fuerza. Bueno, aunque él lo advertía, él no se estaba refiriendo a ese hecho según el cual en nombre de la utopía se han cometido terribles atrocidades, se ha limitado la libertad del hombre blandiendo la utopía. Eso lo sabemos, ¿no? De hecho, mucho autoritarismo destila el pensamiento utópico. La verdad es que hay muy poco respeto por el funcionamiento real de las cosas y muchísimas ganas de que operen distinto, pero claro, el amor por la utopía en Isaac Pardo estaba asociado exclusivamente al anhelo del hombre por una vida mejor.

En ese sentido lo entendemos perfectamente y lo aplaudimos. Por supuesto, este sentimiento particular suyo le va a dar cuerpo, lo centró en sus tareas. Quizás por ello pudo trabajar tan ordenadamente enfocado. Además, fue un estupendo cocinero. Siempre sus amigos dijeron que lo fue; esto no lo hemos referido a lo largo del programa pero llegó el momento de decirlo. Fue un extraordinario cocinero, y también uno se pregunta, bueno, este gran escritor, este gran investigador histórico, este formidable cocinero, ¿no tendrá todo esto base en la formación médica?

Yo pienso que sí. Es una combinatoria importante. Mi experiencia y mis estudios de maestría y de doctorado en historia es que tuve muchos compañeros en la maestría y el doctorado que son médicos. ¿La pasión de los médicos por la historia? No me pregunten por qué, pero es algo que está allí latente, se expresa permanentemente, de modo que no me extraña para nada. Y en el caso de Pardo creo que formaba parte de su mejor formación, la formación médica, sin duda. Y además de la cocina, el doctor Pardo era un maestro en origami.

Era una tarea que él llamaba constructor de pajaritas. Tú le entregabas un papel blanco al doctor Pardo y te construía un origami en un segundo porque había desarrollado esa destreza. Le fascinaba regalarlas. No recuerdo en qué oportunidad yo estaba en mi oficina, en la presidencia de Monte Ávila Editores, y él fue a traerme un manuscrito que se publicó, por supuesto. Y le dejó un origami a mi asistente, ¿no? Tenía esos detalles humanos hermosos, verdaderamente. Un personaje fuera de serie que en lo personal quise, estimé muchísimo, mi amistad con Isaac Pardo.

En los minutos que nos quedan vamos a recordarles, ¿no? Esta tierra de gracia, del 1955, o Juan de Castellanos, de 1959; el estudio de las elegías de varones ilustres de Indias, publicado por la Universidad Central en 1961; La ventana de Don Silberio, publicada por Monte Ávila Editores en 1978. Fuegos bajo el agua, de 1984, publicado por la Casa de Bello, pero en la Biblioteca Ayacucho está desde 1990. Esa palabra no se dice, publicado por Monte Ávila Editores en el año 1991. A la caída de las hojas, su último libro, publicado por Monte Ávila Editores en el año 98. Y esa larga entrevista de María Ramírez Rives, "El otoño luminoso" de Isaac Pardo, publicada por Monte Ávila Editores en el año 99, y la biografía de Isaac Pardo, escrita por María Ramírez, es el número 54 de la Biblioteca Biográfica Venezolana. Bueno, hasta aquí este recorrido por la vida y obra de Isaac Pardo, un venezolano absolutamente excepcional y ejemplar en todas las facetas de su vida.

Nosotros, por nuestra parte, nos despedimos y los invitamos a nuestro próximo programa en esta serie de Fuera de Serie que venimos haciendo.

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