Las Constituciones de Venezuela
16 de octubre de 2019

Las Constituciones de Venezuela. Cap 1

Una revisión de las 26 cartas magnas nacionales

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Transcripción

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy comenzamos una nueva serie, Las constituciones de Venezuela, desde 1811 hasta 1999, y en este primer programa vamos a trabajar los antecedentes históricos que determinan aquella primera constitución del 21 de diciembre de 1811. Hoy veremos esos acontecimientos históricos porque es imposible comprender los hechos sin atender a su cadena cronológica, al encadenamiento de las causas y las consecuencias. Por eso es necesario recordar que el 19 de abril de 1810 es hijo del intento de creación de la primera junta por parte de los criollos caraqueños en 1808 y esto, a su vez, es fruto directo de los sucesos de Bayona.

De allí que los dos años previos al 19 de abril de 1810 sean indispensables para comprender la ocurrencia de estos hechos del Jueves Santo, el 19 de abril de 1810. Más aún, no sobra recordar que en 1805 la corona española pierde la Batalla de Trafalgar en contra del Imperio británico y este hecho marcó el inicio del declive de España. También conviene consignar otro hecho esclarecedor: me refiero a cómo venía endeudándose la corona española a partir de 1770 y, a su vez, cómo esas deudas venían también exigiendo mayores tributos a sus provincias americanas, de acuerdo con los planes de los Borbones. Esto está inscrito dentro de las llamadas reformas borbónicas que trajeron como consecuencia en las provincias americanas una mayor concentración en el puño metropolitano, propiamente en detrimento de los intereses de los criollos, como es evidente.

Este proceso en las provincias de América va a darse hacia finales del siglo XVIII y contemporáneamente se dan los conflictos que tiene España con Francia, con Portugal e Inglaterra. De modo que no exagera quien afirme que las dificultades entre Carlos IV y Fernando VII, a comienzos del siglo XIX, estaban cocinándose a fuego lento por sus antecesores, ya que van a sumergir al imperio español en una crisis que va a darle cabida, darle pie a estas revoluciones de las provincias americanas, para entonces lejanas, poco asistidas comercialmente y también influidas por los acontecimientos en Norteamérica en 1776. Por la Revolución francesa en 1789 y por la independencia de Haití en 1804.

Es así como, en marzo de 1808, Fernando VII, entonces príncipe de Asturias, logra que su padre abdique a su favor. Había un gran descontento en contra del ministro Manuel Godoy, a quien la mayoría hacía responsable de las calamidades del reinado de Carlos IV. Y, para entonces, el propio Carlos IV había autorizado el paso del ejército napoleónico hacia Portugal; eso fue en el marco del Tratado de Fontainebleau de 1807. De modo que la situación era muy comprometida y Fernando VII buscó ser reconocido por Napoleón, ya que iba a gobernar un reino invadido por un ejército extranjero de grandes proporciones.

Napoleón no le responde a Fernando VII y, a este, no le queda otro camino que dirigirse a Bayona. También va hacia Bayona su padre, Carlos IV, y allá los espera Napoleón. ¿Qué ocurre allí? Pues esa voluntad expansionista de Bonaparte se expresa en una emboscada que le tiende a Carlos IV y a Fernando VII.

Cada uno tenía aspiraciones distintas. Carlos IV buscaba que Fernando VII le devolviera la corona, es decir, que su hijo le devolviera la corona, y Carlos IV alegaba que se le había entregado al hijo obligado por las circunstancias y en contra de su voluntad. Por su parte, Fernando VII buscaba que Napoleón lo reconociera a él como rey de España. Napoleón buscaba que Carlos IV le entregara la corona a él para, a su vez —que fue lo que pasó— colocarla en la cabeza de su hermano, José Bonaparte.

Y esto fue así: Fernando VII le devuelve la corona a su padre, el padre Carlos IV se la entrega a Napoleón y Napoleón no la coloca ni sobre la cabeza de Fernando VII ni sobre la de Carlos IV, sino sobre la de su hermano, José Bonaparte. Bueno, estos hechos son el corolario de una crisis que padecía la Corona española y que es imposible explicar en pocas palabras. Pero sin duda hay un punto de inflexión importante y es el momento en que Carlos IV permite la entrada de las tropas francesas a la península ibérica con el objeto de dirigirse a Portugal. Y esto ocurre en medio de las negociaciones del Tratado de Fontainebleau.

La pregunta es: ¿podría hacer otra cosa Carlos IV? Podría decirle al ejército expansionista, gigantesco y poderoso de Napoleón: "Mire, no, no pase por aquí". Si le hubiera dicho eso, ¿qué hubiera hecho Napoleón? Igual pasa, muy probablemente, pero este hecho trajo como consecuencia que el pueblo español comience a reaccionar con ímpetu, con fuerza, más allá de la voluntad de su rey ante la invasión francesa, y la presión del pueblo conduce a la crisis.

Y es entonces cuando Napoleón traza la estrategia de Bayona que les hemos explicado hace unos minutos. ¿Qué buscaba Napoleón, por su parte? Pues cerrar un círculo de reinos en torno a Francia; ¿cómo se garantizaba la fidelidad de esos reinos? Entregándoselos a sus parientes, por eso José Bonaparte será el que vea colocada la corona de España sobre su cabeza.

¿Qué buscaba Napoleón, entre otras cosas? No solo la ocupación de estos territorios, sino impedir el paso comercial del Imperio británico hacia la Europa continental. Si él controlaba Francia, controlaba España y Portugal, pues se limitaba cada vez más el paso comercial del Imperio británico hacia la Europa continental; ese es uno de los motivos, el otro es simplemente la expansión de su fuerza. Es así entonces como el 5 de mayo de 1808 Carlos IV cede sus derechos a Napoleón, este los entrega en manos de su hermano José.

Y tres días antes, el pueblo de Madrid se ha alzado en contra de los invasores franceses y comienza el proceso de organización de las juntas en la península ibérica. Estas juntas buscaban formar gobiernos en la resistencia, defendiendo los derechos de Fernando VII por encima de los del rey usurpador que era José Bonaparte, y llegan a ser dieciocho las juntas peninsulares. Las noticias de estas abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII en Bayona van a llegar a Caracas en los primeros días de julio de 1808. Gracias al envío que hace desde Cumaná el gobernador de la provincia, don Juan Manuel de Cajigal; Cajigal remite un ejemplar del Times de Londres, donde se refieren pormenorizadamente estos hechos.

Y el capitán general en Caracas, Juan de Casas, encarga la traducción del Times a un joven caraqueño que trabaja en la Capitanía General como oficial de Secretaría: nada menos que el joven Andrés Bello. Pocos días después, recala en La Guaira el bergantín Serpent con los papeles que conminaban a reconocer a José Bonaparte como rey, y se baja del bergantín el teniente Paul de Lamanon, que desembarca el 15 de julio en La Guaira y sube de inmediato a Caracas a presentarse, investido de una gran autoridad, ante el capitán general Juan de Casas. Otra vez el joven Bello sirve de traductor, pero no traductor de un texto sino de lo que está diciendo el francés Lamanon. Y muchos años después, Andrés Bello le relata a su biógrafo Miguel Luis de Amunátegui, en su vida de don Andrés Bello, que al irse Lamanon del despacho de Casas, Casas se puso a llorar con la circunstancia.

Bueno, estos y otros hechos los vamos a seguir refiriendo en la próxima parte del programa, ya regresamos.

Decíamos en la parte anterior del programa que Andrés Bello funge otra vez de traductor, esta vez del francés; antes había sido el inglés, y le refiere a Juan de Casas lo que está diciendo Lamanon. Y cuando termina la conversación, bastante agria, pues Lamanon tiene que irse muy rápido porque la reacción de los criollos no se hizo esperar a favor de Fernando VII. Fue tanta la inquina contra Lamanon que tuvo que irse esa misma noche corriendo hacia La Guaira, escoltado para que no lo agredieran, y zarpa el día siguiente huyéndole ya a la furia de los criollos caraqueños. De modo que en ese primer momento la fidelidad hacia el rey de España por parte de los criollos caraqueños fue total y además vehemente.

Los franceses no esperaban esto, muy probablemente... Y junto con esta experiencia tan curiosa del francés Lamanon está la experiencia del almirante Cochrane de la armada inglesa; esta es todavía más extraña porque en lo que Cochrane está al tanto de los sucesos de Bayona le ordenan al capitán del apellido Víber dirigirse a Cumaná y a La Guaira con dos noticias: la de los sucesos como tal y la de la alianza entre la corona inglesa y la de España.

Bueno, esto fue un cataclismo bien esperado para el mapa geopolítico en esta época. Y lo que trae Víber a Caracas es el auxilio de los ingleses. Por supuesto, el recibimiento que le da el capitán general Juan de Casas al capitán inglés fue helado, por decir lo menos; imagínense los años y siglos que pesaban en enfrentamientos entre Inglaterra y España como para que pasáramos la página y se tuvieran a los ingleses como aliados frente a los franceses.

Además, este es un capitán inglés que se baja en La Guaira, sube a Caracas, le dice algo a Juan de Casas, pero también hay sospechas de que eso sea exactamente así. Bueno... De Casas lo recibe con una gran fidelidad y realmente lo que se dedica es a promover las deliberaciones en la provincia caraqueña para que se cree una junta de gobierno como está ocurriendo en la península ibérica. Y esa junta, la idea es que funcione mientras la acefalía borbónica esté presente, mientras los reyes Carlos IV y Fernando VII estén ausentes. Recordemos que Fernando VII le entrega la corona a Napoleón en 1808 y la recupera en 1814, seis años después.

Falta mucho para que eso ocurra y, bueno, por su parte el proyecto de Casas de crear unas juntas venezolanas, caraqueñas, encuentra la animadversión del regente Joaquín de Mosquera. En estos tiempos también va a llegar, el 5 de agosto —estamos en 1808—, el capitán de navío José Meléndez Bruna y trae la noticia de que se ha creado una junta en Sevilla y también que debe seguirse su autoridad. Y entonces comienza la discusión entre los criollos principales y los criollos peninsulares que viven en Caracas en relación con los intereses de cada quien; empieza la discusión y comienza a ser una discusión jurídica.

Y el meollo del asunto estaba en responder una pregunta: ¿dónde reside la soberanía una vez que ha sido depuesto el rey a quien se le entregó esa soberanía? Unos respondían que debían seguirse las instrucciones de la autoridad peninsular, es decir, de la Junta de Sevilla, y otros decían que no, que la soberanía estaba en el cabildo o en el ayuntamiento y que no había ninguna razón para que las provincias americanas no se formaran juntas como las de España. Y fue este criterio el que se impuso con toda la razón, por su fuerza jurídica y por el empeño que pusieron en esto los criollos principales caraqueños, que se movilizaron intensa y completamente.

Esto incluyó a todos los criollos de la élite y llevó hasta el final del proyecto de constituir una junta caraqueña a semejanza de las que se estaban creando en España. Y cuando estuvo en manos del regente Joaquín Mosquera y Figueroa, que era como se llamaba la documentación recaudada, este se mostró en contra del proyecto. Y cuando llega el proyecto a manos del capitán general Casas, también le parece peligroso; le muestra recelo o precaución frente a ese proyecto y, por su parte, los juntistas, los miembros de la junta, siguen adelante con lo suyo. Y el 24 de noviembre de 1808 las autoridades peninsulares caraqueñas, es decir, Mosquera y Casas, siguiendo la pauta de la Junta de Sevilla, deciden poner presos a los integrantes de la junta caraqueña, es decir, ponen presos a la élite criolla caraqueña y ahí cae preso nada menos que casi todos los criollos principales en la ciudad, así como algunos peninsulares, ¿no?

Y que además eran los que tenían títulos nobiliarios, incluso. Después de muchos ires y venires judiciales son dejados en libertad el 18 de febrero de 1809. Y los dejan en libertad porque se considera que el regente Mosquera ha incurrido en un exceso y que lo propuesto por los juntistas caraqueños es exactamente lo mismo que están haciendo las juntas en España. Entonces, ¿por qué les van a poner presos?

Superado el episodio, se hace obvio para muchos de los criollos principales que formaron parte y animaron la junta que el resultado fue desconcertante. Es decir, los habían hecho presos por manifestar fidelidad al rey de España, ¿cómo se puede entender esto? Y estaban haciendo lo mismo en la península. Lo que dejaba en claro esta situación es que no era lo mismo ser súbdito del rey en la península que ser súbdito del rey de las provincias americanas.

Y esto fue muy doloroso y muy sorprendente para los criollos caraqueños, junto con las reformas borbónicas que se habían hecho en el siglo anterior o en el XVIII, sobre todo en la segunda mitad, pues hacía cada vez mayor la incomodidad de los criollos caraqueños frente a la Corona española. Es así como el 12 de enero de 1809 se reconoce en la Capitanía General de Venezuela, con Juan de Casas a la cabeza, el gobierno de la Suprema Junta Central del Gobierno de España e Indias. Esta junta admite, después, que las Indias debían tener representación ante ella, reconociendo la igualdad de las provincias americanas en relación con las provincias peninsulares. Y se exhorta que las provincias americanas escojan diputados para formar cortes en España.

Ese reconocimiento de la condición provincial en idénticas condiciones a las provincias peninsulares fue un paso importante, pero los hechos tomaron por otro camino. Luego, el 19 de mayo de 1809, hay un cambio en las autoridades provinciales y la Junta Suprema designó a Vicente de Emparán, quien era para entonces gobernador en Cumaná; lo nombra capitán general en sustitución de Juan de Casas. Y Emparán comienza a cometer errores. Lo primero es que nombra al regente Mosquera como diputado ante la Junta Central, cosa que los criollos reclaman airadamente y con muchas razones por los antecedentes que se tenía con Mosquera.

Por los excesos en los que había incurrido era el que los había puesto presos, además. En todo caso el tema se resuelve porque la Junta Central de España no lo acepta, porque no había nacido en América. Y ese tema se resuelve, pero las arbitrariedades de Emparán no terminan allí y van creando un clima de animadversión contra él por parte de los criollos reunidos en el cabildo. De modo que Casas y Mosquera se granjearon la antipatía de los criollos, pero Emparán ya estaba labrándose más que la antipatía, sino un sentimiento todavía más enconado.

En eso estaba Emparán, apretando las tuercas al cabildo caraqueño, a la Iglesia y, bueno, los criollos cada vez más molestos. Y por su parte, José Bonaparte en España decide acorralar a la Junta Central de Sevilla y avanza con sus ejércitos hacia el sur, lo que produce la desaparición de la Junta. El nombramiento de un organismo supletorio se denominó el Consejo de Regencia. Esto va a ocurrir en enero de 1810.

De modo que el cambio es notable: se ha pasado desde una junta de diputados y las Indias que van a formar parte de la Junta Suprema, para la regencia que trabajaba en medio de una emergencia constreñida por los embates napoleónicos. Sin embargo, el 14 de febrero se convoca a Cortes y mediante un método de emergencia se escogen a los diputados indianos. La urgencia primó, pero también se aprovechaba para dejar la representación en minoría, o sea que aprovecharon las circunstancias para dejar en minoría a los diputados de América. Y, bueno, llegan esas noticias a Caracas y producen un mayor malestar.

Y así es como en los primeros días de abril de 1810 llegan a Puerto Cabello en el bergantín Palomo las novedades de España. ¿Cuáles eran estas novedades? La toma de Sevilla por parte de los franceses, la desaparición de la Junta Central y la formación del Consejo de Regencia. En la próxima parte del programa vamos a ver qué hace Emparán en relación con estas noticias que se acaban de recibir, ya regresamos.

Decíamos en la primera parte anterior del programa que en los primeros días de abril llega el bergantín Palomo a Puerto Cabello con noticias de España. Y las noticias eran la toma de Sevilla por parte de los franceses, la desaparición de la Junta Central y la formación del Consejo de Regencia. El 18 de abril Emparán publica carteles con estas noticias. Ese mismo día además suben a Caracas desde La Guaira dos enviados del Consejo de Regencia con el encargo de solicitar el reconocimiento al Consejo y esta visita precipita la convocatoria del Cabildo caraqueño para el día siguiente.

Y en esa urgencia tiene mucho empeño el vicepresidente del cabildo caraqueño, que era Martín Tovar Ponte. Al igual que Nicolás Anzola también se empeña mucho en esto y los días precedentes a este son de gran agitación, las reuniones caraqueñas donde se está discutiendo qué hacer, a partir del hecho unánime de rechazar el Consejo de Regencia; no se reconocía al Consejo de Regencia. Ya este Consejo se había formado sin atender la representación de las provincias americanas y sin el fundamento que tuvo la Junta Central, que sí reconocía la igualdad jurídica de las provincias de España y las de América. Este Consejo de Regencia era manus militari y los criollos caraqueños no lo aceptaban.

Es así como tienen lugar los hechos del Jueves Santo, del 19 de abril de 1810. El cabildo se reúne, Emparán, el capitán general, es convidado a asistir y ocurren los hechos que siempre nos narran en la escuela primaria, que incluyen el gesto de Francisco Salias en las puertas de la iglesia, obligando a Emparán a regresar al cabildo, y el gesto del sacerdote José Cortés de Madariaga, quien por detrás de Emparán, con su dedo, señala al pueblo que no acepta el mando de Emparán.

Esto va a ocurrir en el famoso balcón, donde ocurren estos hechos que han sido profusamente relatados y que forman parte más bien de la anécdota. En el fondo, lo que estaba en juego era la decisión del cabildo de no reconocer al Consejo de Regencia y asumir el poder político de manera propia. Y eso es lo que termina ocurriendo: las autoridades nombradas por la Junta Suprema, que ahora responden órdenes del Consejo de Regencia, son obligadas a renunciar por el ayuntamiento caraqueño y los tienen en sus casas presos. Y el 21 de abril, dos días después, los acompañan, los escoltan con toda consideración hasta el puerto de La Guaira y se van.

Estamos hablando de Emparán y de Basadre. Emparán se va a Filadelfia, por cierto. ¿Y qué hace el 19 de abril de 1810? El cabildo caraqueño asume el gobierno en los territorios provinciales que componían la Capitanía General y este fue el primer gobierno constituido por voluntad expresa de los cabildantes caraqueños.

Ahora viene el otro tema: esto lo deciden los caraqueños, ¿qué pasa con los cabildantes de los otros cabildos del país? Eso lo veremos luego y en esa acta se explican los motivos, dice el acta del 19 de abril. "Erigir en el seno mismo de estos países un sistema de gobierno que supla las denunciadas faltas, ejerciendo los derechos de la soberanía que por el mismo hecho ha recaído en el pueblo conforme a los mismos principios de la sabia Constitución Primitiva de la España y a las máximas que ha enseñado y publicado en innumerables papeles, la Junta Suprema extinguida". Incluso el acta lo afirman Emparán y Basadre, es decir, las autoridades que están siendo depuestas, esto es muy curioso.

Y el 27 de abril se va a redactar otra acta de gran importancia, estas actas las redacta Juan Germán Roscio, como era la costumbre en todos estos hechos. El personaje central entre otros es Juan Germán Roscio y esta acta dice así: "La Suprema Junta que gobierna estas provincias de Venezuela en el real nombre del señor don Fernando VII", y de allí que la denominación de esta junta será la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Queda establecida en el acta que la junta la componen 23 personas con voz y voto, y estas 23 personas escogen a los encargados de las tareas del gobierno. Y esa junta, es decir el primer gobierno que se dieron los venezolanos a sí mismos, va a estar presidida por José de las Llamosas como presidente, por Martín Tovar Ponte como vicepresidente y por Juan Germán Roscio como secretario de Estado, es decir, como canciller.

Y esa Junta Suprema, en una alocución a los habitantes venezolanos fechada el 20 de abril de 1810, afirma lo siguiente: "Con este objeto instruido del mal estado de la guerra en España por los últimos buques españoles llegados a nuestras costas, deliberó constituir una soberanía provisional en esta capital para ella y los demás pueblos de esta provincia que se le unan con su acostumbrada fidelidad al señor don Fernando VII". Como vemos, la línea argumental señala que se había jurado fidelidad al rey de España, a Fernando VII, y que habiendo sido sustituido por José Bonaparte sin el consentimiento de Fernando VII, la fidelidad se mantenía hacia Fernando VII y no hacia Bonaparte. En consecuencia, esa soberanía que se le había entregado a Fernando VII —y él no podía ejercer— regresaba al cabildo, porque el cabildo era el órgano de representación del pueblo que le había entregado esa soberanía en manos del rey.

En otras palabras, no se reconocía la autoridad del Consejo de Regencia. El 11 de junio de 1810 esta Junta Suprema publica el reglamento para las elecciones de diputados que le han encargado a Juan Germán Roscio y que él redacta. Allí Roscio acoge el sistema común de su tiempo, el censitario. Es decir, había un censo que fijaba que iban a votar hombres mayores de 25 años que supieran leer y escribir y que fuesen propietarios.

Esas primeras elecciones en la historia de Venezuela van a ocurrir entre agosto de 1810 y enero de 1811. Y finalmente el Congreso se va a instalar en Caracas el 2 de marzo de 1811. La provincia de Caracas eligió 24 diputados, la de Barinas 9, Cumaná 4, Barcelona 3, Mérida 2, Trujillo 1, Margarita 1. Hay un total de 44 diputados; recordemos que las provincias de Coro, Maracaibo y Guayana no tuvieron representación porque estaban en manos de los realistas.

Aquel primer congreso nacional que hubo en Venezuela estuvo presidido por Juan Antonio Rodríguez Domínguez, su vicepresidente fue Mariano de la Cova y su secretario Miguel José Sanz, pero Sanz se sustituyó muy rápidamente por Francisco Isnardi; duró muy pocos días allí y Sanz no se avino con la circunstancia. El 5 de marzo de 1811 el Congreso pasa a designar un poder ejecutivo triunviral y se escoge a Cristóbal Mendoza, a Juan Escalona y a Baltasar Padrón. El 16 de marzo el Congreso decide nombrar una comisión para que redacte un proyecto de Constitución Nacional; la comisión estará integrada por el doctor Juan Germán Roscio, de nuevo Francisco Javier Ustáriz y Gabriel de Ponte. Recordemos que el acta también del 5 de julio de 1811 la redacta Juan Germán Roscio.

En la próxima y última parte del programa, veremos entonces cuáles son las circunstancias que se viven, los debates acerca del texto constitucional que comienza el 21 de agosto después de declarar la independencia, por supuesto, y luego veremos entonces el acta de la independencia. Ya regresamos.

Bueno, antes de comentar el Acta de la Independencia conviene recordar que hay un proceso precursor que ha hecho antes ya intentos de liberación. Obviamente me voy a referir a Miranda, que desembarca en Ocumare y en Coro en 1806, ambos intentos infructuosos. Conviene recordar también que hay unas misiones que envía esta Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII y son enviadas en mayo de 1810. Estas misiones, estas embajadas estarán integradas por Andrés Bello, Luis López Méndez y Simón Bolívar, quienes van a Londres y se alojan en la casa de Miranda, en la Grafton Way; llegan allá a mediados de julio de 1810.

Bolívar va a regresar a Caracas a principios de diciembre y Miranda va a regresar a Caracas a finales de diciembre. De modo que la creación de la Sociedad Patriótica va a ocurrir en febrero de 1811 y va a ser un organismo paralelo al Congreso Constituyente que se instala en marzo, como vimos antes. ¿Por qué refiero esto? Porque la prédica independentista de Miranda y sus seguidores encuentra altavoz y resonancia en la Sociedad Patriótica.

Y esa sociedad está integrada por los jóvenes, mantuanos y pardos también, a quienes el pueblo llamaba los Hombres de Miranda. En junio de 1811, muy poco antes de que se declare la independencia, ocurre el célebre discurso del entonces joven Simón Bolívar, allí dice lo siguiente.

"Se discute en el Congreso Nacional lo que debiera estar decidido y ¿qué dicen? Que debemos comenzar por una confederación como si todos no estuviésemos confederados contra la tiranía extranjera, que debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas… Que los grandes proyectos deben prepararse en calma, 300 años de calma no bastan. La Junta Patriótica respeta, como debe ser, al Congreso de la Nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad sudamericana, vacilar es perdernos".

Estas son las palabras de Bolívar. Recordemos también que la tensión entre el Congreso, que deviene constituyente, y la Sociedad Patriótica va a resolverse a favor de la sociedad patriótica. Estos muchachos logran convencer a la gente, inciden en el espíritu de los diputados del Congreso y termina decidiéndose la fundación de la República de Venezuela el 5 de julio de 1811. En esa sociedad patriótica juvenil estaban José Félix Ribas, estaba Carlos Soublette, Miguel Peña, Francisco Javier Llanes, José Ángel Álamo y, por supuesto, Simón Bolívar, entre otros.

Y llegamos así entonces al acta de la independencia. La asumimos como nuestra primera constitución; podemos hacerlo, tiene fundamento, en verdad no es una constitución en puridad de criterios, pero sí es la manifestación principal del acto fundacional. Lo que lleva a muchos tratadistas de derecho constitucional a considerarla como una constitución porque tiene un acto fundamental que, a su vez, es constitucional. Pero estos temas y muchos otros los seguiremos viendo a lo largo de esta serie que hoy iniciamos.

Recordemos que, en perfecta lógica jurídica, esta acta del 5 de julio de 1811 no puede ser considerada como una constitución, pero no hay manera de eludir la gran importancia que tuvo para la nación venezolana. Constituirse en una república y que esa voluntad que se expresa en el Congreso Constituyente, a su vez, va a articularse, materializarse en un acta que redacta Roscio y es el Acta de la Independencia como es conocida. A mí me hubiera gustado que se llamara el Acta de la Fundación de la República, pero eso ya no tiene remedio. Se le conoce como el Acta de la Independencia del 5 de julio de 1811.

En nuestro próximo programa, como les dije, continuaremos viendo todos estos hechos e iremos viendo todas y cada una de las 26 constituciones que ha tenido Venezuela. Ha sido un gusto hablar para ustedes. Les habla Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.

Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, en la dirección técnica Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarice@hotmail.com, en Twitter arroba rafaelarice. Ha sido como siempre un gusto hablar para ustedes en el comienzo de esta nueva serie sobre las 26 constituciones que ha tenido Venezuela. Hasta nuestro próximo encuentro.

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