José Cortés de Madariaga
Un cura liberal. Personaje central del 19 de abril de 1810.
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca. José Cortés de Madariaga, canónigo de la Iglesia católica, falleció en Riohacha. En la primera semana de marzo de 1826, sin que hasta la fecha podamos saber qué día falleció. Nos estamos refiriendo a José Cortés de Madariaga.
Aquí en Venezuela por lo general se le conoce como el padre Madariaga o el cura Madariaga, o el canónigo Madariaga. Se le conoce por su segundo apellido porque su primer apellido es Cortés. ¿Por qué no podemos saber cuándo murió? ¿Qué día murió Cortés de Madariaga?
Porque los archivos, los registros de Riohacha, hoy en día Colombia, fueron consumidos por el fuego y la partida de defunción del chileno no aparece por ninguna parte. Sin embargo, hay publicaciones de prensa del entonces gobierno de la República de Colombia, que en Venezuela se le conoce como la Gran Colombia, recortes de prensa en 1826 donde dan cuenta de la muerte del canónigo, pero no especifican el día que murió. Por eso sabemos que falleció en esa primera semana de marzo.
Para mayor complicación, y aquí vamos abonando ya el terreno particular del personaje, sus restos no se sabe dónde están. Se sabe que murió en Riohacha, eso no hay la menor duda. Hay una hipótesis que dice que la manigua, es decir la maleza o la vegetación, tapó la tumba donde estaban los restos de Madariaga y no se encontró más.
Hay otra hipótesis que dice que en la ermita del cementerio local de Riohacha ocurrió un bote de agua tremendo y las osamentas se las llevó el agua, el agua corriente. El agua que las dispersó por el pavimento... Y hay otros que dicen que está enterrado en la Plaza Padilla de Riohacha.
Ninguna de estas tres hipótesis ha podido confirmarse, de modo que los restos de José Cortés de Madariaga no se sabe en qué lugar de Riohacha están o en qué lugar del río se perdieron. Ahora, ¿de dónde viene este personaje tan extraordinario y vinculado de manera epicéntrica a la historia de Venezuela?
Es hijo de un peruano llamado Francisco Cortés Cartabio y de una señorita principal en la sociedad chilena, por supuesto señora una vez casada con Cortés Cartabio, que se llamaba María Mercedes de Madariaga Ilecuna. Esta pareja tuvo 10 hijos, de los cuales cuatro fueron religiosos. De modo que estamos hablando con toda seguridad de un hogar sumamente católico.
José Cortés de Madariaga va a ser el cuarto hijo de esta familia y hay otros sacerdotes, un fraile y una monja. De su infancia se sabe muy poco, más allá de que creció en Santiago de Chile, en la familia de Raygambre y prácticas católicas. Lo vamos a encontrar a los 28 años ya como canónigo en Chile, solicitando que se le entreguen la Cátedra de Moral y o la de Maestro de Sentencias.
Ninguna de las dos cátedras le entregó, y él realmente cuando uno examina este período adolescente y juvenil ya sacerdote, advierte en Cortés de Madariaga que se cerraron muchísimas puertas. Entonces él decide cortar por lo sano e irse a España para que el rey decida personalmente cuál es su destino en Santiago de Chile. Traspone la cordillera de los Andes entre Santiago y Buenos Aires y se embarca en Buenos Aires rumbo a Europa.
Por supuesto no podía intuir que nunca más en su vida regresaría a su ciudad natal, a Santiago de Chile, cuando sale de allí a los 28 años. Aquí es imposible no señalar la simetría con la vida de Andrés Bello: Andrés Bello se va de Caracas a los 29, Cortés se va de Santiago a los 28. Bello realiza su vida en Londres y nunca puede regresar a su ciudad natal, Caracas.
Cortés, su vida transcurre en Cádiz, Caracas, Ceuta, Kingston, Jamaica y Riohacha, y nunca más puede regresar a Santiago de Chile. Veamos ahora entonces su experiencia europea. Pasa buena parte de esos años en Cádiz y al parecer entró en contacto con las logias masónicas lautaristas que había establecido en Londres Francisco de Miranda.
Esto es una hipótesis muy manejada por los biógrafos de Cortés de Madariaga, pero sin que hasta la fecha haya podido probarse. Hay indicios... pero no puede probarse, entre otras cosas porque estas sectas masónicas y las logias masónicas eran absolutamente secretas y no podía quedar nada por escrito, y sus integrantes vivían en el más absoluto secreto. Y, en el caso de Cortés de Madariaga, si llegó a hacer una logia masónica, el secreto era todavía más imperante por su condición de religioso, ya que la masonería y el catolicismo estaban en aceras absolutamente enfrentadas.
Él no se queda en Cádiz. Estaba en París, en Londres, en Roma. En Roma logra que el Papa lo nombre protonotario apostólico, una distinción que le confería entonces la Iglesia católica a sus hijos predilectos, y también logra que se le otorgue, cito, una prebenda de merced en el coro de la Catedral de Santiago.
No se le otorga la cátedra universitaria que estaba buscando, pero se le dio lo que se llamaba una canonjía, es decir, un destino religioso que lo convertía en canónigo, por eso se le llama el canónigo José Cortés de Madariaga, porque recibió una canonjía que era un cargo honorífico, que suponía el desempeño de unas tareas también. ¿Qué pasó? Que de inmediato no regresa Cortés de Madariaga a Chile a ejercer su canonjía.
Pues no sabemos. No sabemos qué ocurrió, pero él no regresó de inmediato sino que dejó pasar un tiempo y entonces ocurre su llegada a Venezuela. Aquí de nuevo, en la bruma de este personaje fascinante, hay dos teorías. Uno de sus biógrafos, Vicuña Mackenna, dice que llegó a Venezuela fruto de un naufragio que lo aventó hacia las costas venezolanas y, estando en Caracas, el canónigo se enamora de Caracas.
Pide que se le cambie la canonjía de Santiago de Chile a la catedral de Caracas, y eso es lo que va a ocurrir. Se expide una cédula real el 6 de mayo de 1803 y Cortés de Madariaga se queda en Caracas. La otra hipótesis que manejan otros historiadores es que, habiendo formado parte de las logias lautarinas mirandinas, fue una manera subrepticia que tuvo Francisco de Miranda de introducir a uno de los suyos en Venezuela como una especie de avanzada en su proyecto independentista.
De esto no hay prueba ninguna. Yo en lo personal no creo demasiado, creo que responde más a una estrategia un poco fantasiosa porque, de haber sido así, cuando Miranda desembarca en Coro en 1806, si tiene un espía, uno de los suyos desde 1803 en la catedral de Caracas, ¿qué ocurre? Que los mantuanos caraqueños o los criollos caraqueños no salen al encuentro de Miranda en Coro y lo dejan solo, y más bien no encuentra ningún respaldo. Si la hipótesis de que Cortés de Madariaga era un infiltrado de Miranda en la Iglesia católica venezolana hubiese sido cierta, esto no hubiese ocurrido.
Yo creo más en la hipótesis del naufragio y creo más en que ciertamente Cortés se enamoró de Caracas y de lo que estaba pasando allí, y de la ciudad. Porque si Caracas es hoy en día una ciudad preciosísima con ese cerro extraordinario y con una vegetación maravillosa, Caracas, la ciudad con mayor cantidad de árboles en el mundo. Imagínense lo que fue Caracas cuando era un valle sembrado con una pequeña ciudad en el lugar donde está hoy el centro de Caracas.
De modo que el enamoramiento de Cortés no lo descarto como hipótesis. En todo caso, lo tenemos aquí a partir de 1803 y vamos a encontrarlo ya entrando en la historia venezolana en los sucesos del 19 de abril de 1810. El 19 de abril de 1810 lo vamos a tener en Caracas con ese famoso episodio, que es el que ha pasado a la historia que se enseña en la escuela primaria, del padre Madariaga diciendo con el dedo que no detrás de Vicente Emparan asomados al balcón de lo que es hoy en día la Casa Amarilla, cuando Emparan le está consultando al pueblo de Caracas si quiere seguir siendo gobernado por él y Emparan, por detrás, le dice que no al pueblo y el pueblo dice que no.
Pero más allá de esta anécdota, que es cierta, lo importante es lo que está ocurriendo en el cabildo y que Cortés es uno de los abanderados de la hipótesis que está corriendo allí en el cabildo. ¿Cuál es? Que el rey Fernando VII ha sido depuesto, que ha sido sustituido por José Bonaparte y que el pueblo de Venezuela, de Caracas, no le ha jurado lealtad a José Bonaparte y que en consecuencia no pueden reconocerlo como monarca. Eso es lo que está ocurriendo allí.
En la próxima parte del programa veremos las consecuencias importantísimas de este hecho del que Cortés de Madariaga es un protagonista principal. Bueno, como ustedes recuerdan, el 19 de abril de 1810 se conforma la junta conservadora de los derechos de Fernando VII, no es el momento de la creación de la República de Venezuela. Eso va a ocurrir el 5 de julio de 1811, un año después.
Lo que está ocurriendo en ese instante es que el cabildo de Caracas no reconoce al rey francés y se declara autónomo para gobernarse en conservación de los derechos usurpados a Fernando VII. En consecuencia, tiene que formarse un gobierno y tiene que informarse un gobierno que va a explicarle al mundo qué es lo que está ocurriendo en Caracas. De allí se nombran unos embajadores.
Juan Vicente Bolívar y Telésforo Orea son enviados para Estados Unidos a explicar la situación caraqueña. Vicente Salias y Mariano Montilla son enviados a Curazao y Jamaica. Y Andrés Bello, Luis López Méndez y Simón Bolívar viajan a Londres para explicarle a la corona inglesa qué es lo que está ocurriendo aquí. ¿Y adónde va José Cortés de Madariaga?
Lo envían a Bogotá como embajador a Nueva Granada a explicarle a los neogranadinos lo que está ocurriendo aquí. Cortés hace un viaje muy largo, en esa época esos viajes eran así... De ida se va vía Cúcuta y de regreso se viene por el llano, pero eso no es lo importante. Lo importante es que él va a firmar el primer tratado internacional que firma Venezuela como unidad gubernamental independiente.
Recordemos, para este momento no ha sido creada la República pero hay un gobierno en Venezuela que está tomando decisiones y es por eso que se firma el Tratado Lozano-Cortés, que fue el primer tratado firmado entre Colombia y Venezuela. ¿Quién es Lozano? José Jorge Tadeo Lozano, quien estaba al mando del poder y del cabildo allá en Bogotá. Ese tratado va a ser el primero que ambos lo firman.
Se le da formalización a un tratado entre dos gobiernos que aún no han formado República en términos constitucionales y jurídicos. Estando en camino a Bogotá, Cortés en la ciudad de San Carlos en enero de 1811 se entera que en diciembre de 1810 ha llegado a Caracas Francisco de Miranda proveniente de Londres. Entonces Cortés da una arenga y dice, voy a leerles un fragmento de lo que él está diciendo en San Carlos, que es muy interesante.
Dice: "Siempre, colonos, de día en día más degradados, más oscurecidos, más miserables. ¿Qué pueblos son estos condenados por el destino a una perpetua servidumbre? No, no hay destino. La divina providencia dirige todas las cosas y no es la voluntad del Ser Supremo que los pueblos sean esclavos. La mano invisible nos ha conducido al hombre que necesitábamos, devuelve a los patrios lares el genio extraordinario de la guerra y el consejo. Miranda está entre nosotros. Yo me glorié de ser americano cuando vi, cuando traté a este hombre".
Fin de la cita. Esta alocución de Cortés, encendida en respaldo a Miranda, ha sido uno de los argumentos más poderosos que han tenido los que creen que Cortés formó parte de las logias masónicas lautarinas en Cádiz y abonan la tesis de Cortés como infiltrado de Miranda porque hace un elogio tan grande de él y porque además lo menciona de manera expresa. También Miranda le escribe a la Junta Suprema del Nuevo Reino de Granada hablando de Cortés de Madariaga, y dice Miranda en una carta: "El canónigo doctor don José Cortés de Madariaga, que hace poco tiempo salió de esta ciudad para esa capital y va encargado de una importantísima comisión, dirá a vuestra alteza o excelencia cuanto yo podría sugerir en ésta acerca de una reunión política entre el reino de Santa Fe de Bogotá y la provincia Venezuela.
A fin de que formándose juntas un solo cuerpo social gozásemos ahora de mayor seguridad y respeto, y en lo venidero, de gloria y permanente felicidad". Bueno... En esta carta se hace evidente lo que Miranda venía diciendo desde hace tiempo en sus papeles, que era la unión de las provincias españolas en América y formar una sola república que se llamase Colombia. Esto le va a retomar Bolívar como proyecto y como denominación, pero el primero que habla de Colombia va a ser Francisco de Miranda.
Ese Tratado Cortés-Lozano se firma el 28 de mayo de 1811 y se refrenda el 7 de junio del mismo año. Y fíjense partes del tratado que son muy curiosas, dice: "Habrá amistad, alianza, unión federativa entre los dos estados, garantizándose mutuamente la integridad de los territorios y sus respectivos departamentos, auxiliándose mutuamente en casos de paz y guerra como miembros del mismo cuerpo político que pertenezcan al interés común para los estados federados". Lo que está en la mente de José Cortés de Madariaga es un estado federal, no centralista.
Esto lo digo con énfasis porque más adelante vamos a ver por qué estas diferencias de concepciones entre el centralismo y el federalismo lo llevan a enfrentarse con Simón Bolívar. Del regreso de Bogotá escribe un diario que se publica y que se titula Diario y observaciones del presbítero José Cortés de Madariaga en su regreso de Santa Fe a Caracas por la vía de los ríos Negro, Meta y Orinoco, después de haber concluido la comisión que obtuvo su gobierno para acordar los tratados de alianza entre ambos estados. Llega a Caracas a finales del año 1811, cuando ya la República es un hecho y cuando también se anuncian las reacciones españolas y se prevé una reacción bélica de los españoles.
Eso va a ocurrir al año siguiente, en 1812, cuando Monteverde desembarca proveniente de Cuba y derrota a Francisco de Miranda, e hizo preso entre otros a José Cortés de Madariaga. Recuerden ustedes que a Miranda lo entrega Bolívar, Peña y de las Casas lo entregan a Monteverde a cambio de un pasaporte. Esta es la tesis de Carlos Marx, y para irse a Curazao no pagar condena en las cárceles españolas, pero esta no fue la suerte que tuvieron Juan Germán Roscio, Juan Pablo Ayala, Juan Paz del Castillo, José Mires, Manuel Ruiz, José Barona y Francisco Isnardi, a quienes Monteverde va a denominar los ocho monstruos en una carta que le envía a la Regencia Substituta de Fernando VII.
Allí dice textualmente: "¡Monteverde presentó a vuestra alteza esos ocho monstruos, origen y primera raíz de todos los males e innovaciones de América, que han horrorizado el mundo entero; que se avergüencen y confundan delante de la majestad y que sufran la pena de sus delitos". Bueno, lo que han hecho estos ocho monstruos es proclamar la independencia, es abogar por la fundación de una república independiente, absolutamente autónoma. ¿Y qué eso? Monteverde lo considera una monstruosidad.
Bueno, comienza la cárcel de nuestro personaje José Cortés de Madariaga. Primero pasa cuatro meses en las masmorras de La Guaira, de allí es enviado a Cádiz, donde pasa siete meses de encierro, y finalmente es destinado a su cárcel definitiva en Ceuta, en el norte de África, donde va a cumplir la condena de estos ocho monstruos. Cortés, Roscio, Paz del Castillo y Ayala logran escapar de Ceuta, burlan a sus carceleros, se montan en una embarcación y llegan a Gibraltar, en territorio peninsular ibérico pero británico.
Allí el gobernador inglés de Gibraltar los apresa de nuevo. Miren qué tragedia, los devuelve a Ceuta. Pero un comerciante inglés llamado Thomas Richards, que iba y venía a Cádiz, presumiblemente era mazón, abogó por ellos en Londres y logró después de mucho trabajo y tiempo el respaldo de las máximas autoridades. Es entonces cuando España recibe, por parte de la corona inglesa, la solicitud de que liberen a estos cuatro personajes en Ceuta, y eso va a ocurrir el 21 de noviembre de 1815, cuando salen en libertad cuatro de los ocho monstruos de Monteverde. Habían estado presos un poco más de tres años.
Cortés se va a Londres, de allí pasa a Santa Tomás y luego llega a Jamaica. Allí está a comienzos de 1816 y recibe una información igual a la que recibe Bolívar. ¿Cuál es la información? Los británicos les han hecho saber a los patriotas que deben constituir un gobierno con las formalidades indispensables para que tenga un reconocimiento internacional, que tienen que constituirlo.
Y Bolívar sale por su lado hacia Angostura a hacer realidad ese proyecto, pero Cortés también hace lo mismo antes, porque sale inmediatamente de Jamaica y se va a Margarita, donde llega en abril de 1817 y le propone un proyecto de constituir una república federal al Libertador de Oriente, a Santiago Mariño. Y entonces reúnen Mariño y Cortés de Madariaga y algunos otros seguidores el famoso Congreso de Cariaco, que la historiografía bolivariana llama el Congresillo de Cariaco para debilitarlo y para colocarlo como un episodio menor, que no lo fue.
Entonces vamos a tener el Congreso de Cariaco, donde Cortés de Madariaga propone regresar a la fórmula federal de la Constitución de 1811. Y él sabe que Bolívar en el Manifiesto de Cartagena ha propuesto exactamente lo contrario, es decir, que la causa de la pérdida de la Primera República es la Constitución Federal. Aquí comienzan los enfrentamientos con Bolívar y unos episodios sumamente interesantes y valiosos en nuestra historia que revisaremos en la próxima parte del programa. Ya regresamos.
Cortés de Madariaga y Santiago Mariño deciden organizar el Congreso de Cariaco, entre el 8 y el 9 de mayo de 1817. Y nombran autoridades sobre la base de las instituciones de cinco años antes, están retomando la Constitución Federal de 1811. Se forma un triunvirato integrado por Fernando Rodríguez del Toro, Francisco Javier Maíz y Simón Bolívar. No le consulta a Bolívar, esto lo que es un error.
A su vez, Mariño es designado jefe supremo del Ejército y Luis Brión de la Armada. En ese congreso estuvieron presentes Francisco Antonio Ocea, Diego Bautista Urbaneja, Luis Brión, Manuel Izaba, Diego Vallenilla, Francisco Javier y Diego Alcalá, Manuel Maneiro, Francisco de Paula Navas y, por supuesto, Cortés de Madariaga. Bolívar, que no estaba de acuerdo con la fórmula federal, hace silencio y al no apoyar el Congreso, el Congreso también se va debilitando.
Y le escribe a Bolívar una carta a su amigo de infancia de siempre, Martín Tobar Ponte. Le escribe una carta que voy a leerles porque se explica por sí sola en relación con lo que el canónigo Cortés de Madariaga está proponiendo. Dice Bolívar en esta carta: "El canónigo restableció el gobierno que tú deseas, se refiere a Martín Tobar Ponte, y ha durado tanto como casabe en caldo caliente. Nadie lo ha atacado y él se ha disuelto por cinismo.
En Margarita lo desobedecieron, en Carúpano lo quisieron prender a bordo, lo quisieran poner un cañón, se entiende para llevar azotes. Se refiere a Cortés. Aquí ha llegado y aún no se le ha visto la cara porque sus individuos se dispersaron, no de miedo sino de vergüenza, que los muchachos lo silbasen. Yo he usado la moderación de no haber escrito ni una sola palabra ni de haber dicho nada contra el tal gobierno federal y, sin embargo, no ha podido sostenerse contra todo el influjo de la opinión.
Aquí nos manda el que quiere sino el que puede". La carta es muy clara de cómo Bolívar se oponía al proyecto federal de Mariño y Cortés. Desaprobaba entonces con su silencio el proyecto de estos dos personajes. Y bueno...
El Congreso va desvaneciéndose poco a poco. Después, más adelante en el tiempo, tenemos el fusilamiento de Piar por parte de un tribunal que lo juzga de acuerdo con las acusaciones de Simón Bolívar. Cortés, advertido de que puede ir contra él, se va a toda carrera a Jamaica.
En una carta que le escribe Bolívar al comandante general de Guayana, le dice... Fíjense ustedes en el momento mismo en que Zea se refiere al comandante general de Guayana, que el canónigo José Cortés de Madariaga ha arribado a cualquiera los puertos o pueblos de esa provincia, lo haga usted asegurar y, conservándole privado de comunicación, me dé parte sin pérdida de tiempo para comunicarle el modo con que debe ser tratado y remitido a la capital para ser juzgado.
Dios guarde a usted muchos años. Simón Bolívar. Bueno, no logran poner preso al canónigo. Se va a Jamaica, pasa dos años en la isla buscando dinero para conseguir otro destino. Trata de irse a Washington, no lo logra; intenta regresar a Chile, tampoco lo logra. Es decir, la situación en la que está ahora es muy precaria porque se ha colocado en la acera de enfrente del nada menos que Simón Bolívar.
Sin embargo, logra que Mariano Montilla lo acoja en la expedición del Magdalena, en marzo de 1819. Y entonces también tiene lugar en esos tiempos un episodio curiosísimo de Cortés de Madariaga que voy a relatarles. Él se asocia con Luis Aury, un francés que tenía su propio ejército, un corsario dirán algunos, otros decían que era un defensor de la causa patriótica.
En todo caso, Aury y Cortés de Madariaga se adueñan de Santa Catalina, Providencia y San Andrés, el archipiélago que hoy en día es territorio colombiano. En ese momento ellos se adueñan de este territorio. Él actúa, Cortés, como ministro extraordinario de las repúblicas confederadas de Buenos Aires y Chile, y le entrega este territorio a los poderes de Buenos Aires y Chile. Es algo verdaderamente alucinante imaginarlo.
Estamos hablando de un archipiélago prácticamente despoblado entonces, que no nos representaba mayor cosa. De allí se van a Portobelo, en Panamá, intentan controlar el istmo, no lo logran, regresan a Jamaica, y finalmente en Jamaica él se traslada a Santa Marta. Se suma a la expedición de Montilla que les había referido antes, y mientras tanto Aury y Luis Brión están peleando permanentemente entre ellos, no llegan al acuerdo y el propio Cortés toma otro camino.
Hay un momento dado en las biografías de Cortés, Aury, un personaje insólito llamado Sir Gregor MacGregor, Luis Brión, el almirante Padilla y Agustín Codazzi, que todas estas biografías se cruzan unas con otras en el territorio de las islas del Caribe y de las costas tanto venezolanas como colombianas. Lo vamos entonces a encontrar en Cartagena con Montilla, como les señalaba antes. Y Bolívar le envía una carta a Montilla desde Cúcuta el 21 de julio de 1820, donde lo felicita por toda su campaña, donde dice que va a solicitar para él el ascenso a general dado los logros que ha obtenido, elogia a Luis Brión que acompaña a Montilla en toda su peripecia y también le habla del canónigo.
Y aquí, pues, las indicaciones son las siguientes. Él viene diciéndole: La seguridad del Magdalena es el primer objetivo de usted, el segundo asegurar las ciudades Santa Marta y el tercero bloquear a Cartagena. Esas son las instrucciones de Bolívar a Montilla. Y después le dice: el canónigo es loco y debe tratarse como tal.
Bueno, esto hace evidente que Bolívar sabía que Montilla había incorporado en su ejército al canónigo sin haberle consultado a Bolívar. Lo que hablaba de la independencia de criterio de Montilla y también muy probablemente no estaba enterado de las desavenencias que tenían Bolívar y el canónigo José Cortés de Madariaga.
Finalmente, en una de esas peripecias, Cortés de Madariaga termina su participación en la campaña de Montilla y decide irse desde Santa Marta a Maracaibo para acudir al Congreso de Cúcuta. Pero queda varado en Riohacha: la embarcación que lo llevaba de Santa Marta a Maracaibo no pudo hacer el viaje, quedan accidentados en Riohacha y comienza a padecer en Riohacha una situación inimaginable para un personaje de esta magnitud. ¿Cuál es la situación? Pues que no puede salir de allí. No tiene quien lo lleve y no tiene recursos.
Empieza entonces a escribir cartas procurándose el favor de alguien que le permita ya no llegar a Cúcuta, que eso ya era demasiado para él, sino sobrevivir en Riohacha de alguna manera o sobrevivir en algún lugar del mundo de alguna otra manera. Cortés intenta varias estrategias, varios caminos. Primero trata que el Congreso reunido en Cúcuta le asigne un estipendio fijo, pero el Congreso no se lo concede, por más que quien solicita esto es nada menos que el vicepresidente, el general Francisco de Paula Santander.
No logra nada. Envía cartas a la curia caraqueña para que la curia caraqueña le fije una pensión por los servicios prestados, pero no le responde nadie. ¿Será el propio Cortés, verdad, el que nos va a aclarar toda su situación? Vamos a leerles un fragmento de una carta que él envía a Santander en 1822. Le dice: "El 17 de julio del año próximo pasado fundé en ésta por resultar de una trágica arribada que me distrajo de las costas del Maracaibo, a donde me dirigía desde Santa Marta para seguir al Congreso de Cúcuta, y no habiéndose presentado ocasión segura para emprender nuevo viaje durante meses, cuando la hubo en octubre del mismo año se recibió aquí carta de cierto diputado de la Asamblea Nacional en que participaba que aquella debía ponerse en receso.
Esta novedad me aconsejó el detenerme para esperar los resultados y, siéndolo conforme es con el anuncio, contemplé ya inútil mi comparecencia en lo interior, de modo que permanezco en Riohacha". Y no deja de seguir escribiendo y de buscar alguna salida para sus desventuras riohachenses, pero sus resultados van a ser por lo pronto poco favorables.
De 1824 son unas cartas melancólicas que le escribe a José Eugenio Cortés en Filadelfia, y por ejemplo le cito esta que es muy elocuente, dice: "Me tiene usted pues tres años en este andurrial de la Hacha, esclavo de amargas circunstancias en medio de la decantada libertad civil que brinda Colombia, cuyo gobierno me ha pretermitido enteramente y privado aún de la asistencia de mis rentas canonicales, que en cuatro años de emancipado Caracas no he podido conseguir que se me abonen. Por manera que sufro las mayores privaciones y no diviso el modo de evadirme de este caos de angustias y continuo en aflicción para vivir..."
"De Chile todo lo ignoro y estoy reducido a un estado peor que si me hallase en algún presidio de África". Son unas cartas melancólicas y depresivas, pero es que la mala fortuna que ha tenido Cortés ha llegado a fondo. En las últimas partes del programa veremos el desenlace de este personaje trágico y maravilloso, del chileno canónigo José Cortés de Madariaga. Ya regresamos.
Enterado el vicepresidente de la República de entonces, Francisco de Paula Santander, de la situación que tiene el canónigo en Riohacha, y hay que decirlo, Santander sabía que Cortés de Madariaga no era santo de la devoción de Bolívar. Sin embargo, Santander lo designa para ocupar el de anato, lo que constituía un honor que le estaba dispensando Santander a Madariaga. Sin embargo, el canónigo no acepta.
En ese momento es un hombre de 58 años en 1824 y le dice que está muy achacoso, el cuerpo no le responde, que él no está buscando un trabajo tan exigente como se puede ser el de anato en Santa Marta, sino que quiere que le devuelvan su canonjía. Es decir, quiere una mínima pensión para no trabajar en la vejez achacosa a que él está padeciendo. Dice que se siente enfermo y cansado.
Entonces Santander entiende la situación y la corrige y le dice: Propongo a vuestra excelencia que se le declare una pensión decente para su subsistencia durante su vida, pagadera del Tesoro Público, y que le corre desde el día en que dejó de ser canónigo por su firmeza republicana. Esa comunicación se la envía Santander al Congreso de Colombia. El Congreso lamentablemente no responde nada, hace silencio, no deciden darle la pensión a Cortés.
¿Por qué? Uno se pregunta. No se atrevieron porque consideraban que era una afrenta contra el Libertador, sabían que Bolívar lo consideraba su adversario político y que lo consideraba un loco como le dijo a Martín Tobar Ponte, o simplemente se hicieron de la vista gorda y nadie instrumentó la proposición de Santander de darle una pensión a Cortés de Madariaga.
Pasaba el tiempo y la situación de Cortés en Riohacha era cada vez peor. Hay una referencia que hace su biógrafo Vicuña Mackenna del almirante peruano Ignacio Mariátegui, donde le dice a alguien en una carta: "Encontré a Cortés en 1824 desterrado entre los indios de Riohacha y alimentándose solo con hierbas y pescado, pero inflexible en aceptar la política de Bolívar, que anulado por las fuerzas del Congreso que él presidiera, se refiere a Cariaco, y sin querer tampoco regresar a Chile, su patria, porque decía no quería vivir en países en que se establecían órdenes monárquicas como la Legión de Mérito, la del Sol trasplantada al Perú, etcétera, etcétera.
Aquella alma romana prefirió pues la muerte en la miseria a la abdicación de sus principios". Bueno, y esto es cierto. Esta observación de Mariátegui, ciertamente Cortés está pidiendo una pensión que se le reconozcan sus días laborales como sacerdote, pero en ningún momento está claudicando de sus ideas federales y liberales que se enfrentaban en aquel momento con las ideas centralistas del Libertador.
Recordemos que estas cartas, esta situación, es de 1824. Recordemos: Bolívar en 1826 redacta la Constitución Bolivia y establece la presidencia vitalicia y hereditaria, es decir, el Bolívar de 1824 está en el apogeo de su gloria. Está en uno de sus mejores momentos y muy poco va a atender, digamos así, los requerimientos de uno de sus adversarios políticos más enconados, porque Cortés no era un adversario personal de Bolívar, por lo contrario, era más bien un adversario político porque creía en las formas federales.
Entonces, bueno, finalmente Cortés muere, como dijimos al principio del programa, no se puede precisar el día, pero la Gazeta de Colombia del 26 de marzo publica una necrológica, una nota necrológica exaltando su memoria y dice esa nota: "El doctor Madariaga merece los más tiernos recuerdos de los colombianos por su ardiente patriotismo y amor a la libertad".
Bueno, ¿qué pasó con este hombre? Evidentemente, Cortés de Madariaga no era un loco como pensaba Bolívar. Era un hombre que defendía las ideas federales, que luchó por ellas y se enfrentó en el devenir político a quien defendía las ideas contrarias, que era el Libertador Simón Bolívar, que defendía el sistema central de gobierno. El liberalismo federal de José Cortés de Madariaga, ¿de dónde proviene?
Bueno, es su formación probablemente de sus años europeos, probablemente de su trato amistoso con Miranda y seguramente es un convencimiento personal que la fórmula federal era la que se avenía mejor a nuestros países. Y además existía el ejemplo, entonces ya muy exitoso, en los Estados Unidos de Norteamérica que habían acogido la fórmula federal. Además fue una fórmula la que estampó en la Constitución de 1811 Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi y Javier Ustáriz.
Y era la fórmula que él le propone a Mariño para la instauración de una nueva república a través del Congreso de Cariaco, pero como Bolívar le dice, no manda quien quiere sino quien puede. Las fuerzas y el viento estaban a favor de Bolívar en aquel momento y de su proyecto centralista, que va a agudizarse en el tiempo porque la Constitución Bolivia, en 1826, profundiza todavía más el centralismo e incluso crea una presidencia vitalicia y hereditaria.
Hasta aquí los hechos esenciales de este personaje, José Cortés de Madariaga, a quien hay que estudiar todavía mejor y a quien no hay que dejar de lado fácilmente como un adversario más de Simón Bolívar, sino como un hombre que luchó por sus principios y que luchar por sus principios le trajo consecuencias sumamente adversas al final de su vida. Ha sido un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca, me acompaña en la producción Meri Sosa, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho, y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país ¡y su historia!
Hasta nuestro próximo encuentro