Historia del Hipismo en Venezuela. Cap 4
Breve Historia
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Y hoy continuamos con nuestra serie sobre el hipismo en Venezuela; este es el programa número cuatro de la serie. Habíamos quedado en el programa anterior en la muerte del general Gómez y en lo que supuso eso para el hipismo en Venezuela, ya que tanto Gómez como sus hijos, como sus allegados, fueron unos animadores permanentes del hipismo en su tiempo. Sin embargo, el hipismo que sobrevive al gomecismo y lo vamos a hallar entre 1936 y 1937 tiene un nuevo aire, ya sin los Gómez participando en este deporte como lo hicieron antes.
Vamos a encontrar que en la temporada 1936-1937 se corrieron seis clásicos: el de los sprinters, el Gobernador del Distrito Federal, el Ministerio de Agricultura y Cría, el Presidente de la República, el del Ejército y la Copa de la Asociación Hípica Venezolana. Recordemos que fue el presidente López Contreras quien dividió en dos el Ministerio de Salubridad y Agricultura y Cría y así fue como se creó el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social por una parte y el Ministerio de Agricultura y Cría por otra. En este último, que acabo de mencionar, fue adscrito el Hipódromo Nacional, que como recordamos ya era una institución del Estado desde tiempos de Gómez.
El primer ministro de Sanidad y Asistencia Social designado por el presidente López Contreras fue el ilustrísimo médico, el doctor Enrique Tejera Guevara, y el primer ministro de Agricultura y Cría, Alberto Adriani, quien como todos sabemos falleció muy joven siendo una gran promesa en la economía y política venezolana. A ese ministerio va a estar adscrito el Hipódromo Nacional. El ejemplar ganador del mayor número de carreras en la temporada fue Tapa Tapa, seguido por Shirley Temple, Pandereta II, El Bachiller, Altanera y Datofijo. Entre los jinetes destacaba particularmente Antonio Hacial; también destacaban Pedro Ordóñez, Perfecto Antonio Chapellín, Pedro Emilio Yumar, Juan Parra, entre otros.
Qué nombre es tan hermoso, ¿no? Perfecto Antonio Chapellín, Pedro Emilio y Yumar, unos nombres sonoros en el universo de los propietarios. Una vez abandonado el espacio por los Gómez, comenzaron a surgir los sindicatos de propietarios que sumaban alrededor de 40. Los nombres de Federico y Juan Carmona, Enrique Lander Alvarado, Francisco Brangé, Margodio Labarría, Agustín Núñez Valarino y Fernando Talavera destacaban, entre otros nombres. Luego, en la temporada 1937-1938 apareció en la pizarra de los ganadores de carreras, en el puesto 12, el caballo Burlesco, hijo de Nocando en Mary Pickford, y había nacido en Venezuela.
Este ejemplar, Burlesco, se convertiría en el ídolo de la fanaticada en los años siguientes. Abuelita encabezó la lista de ganadores, seguida por Placer, Tenga Confianza y Miss Venezuela. Entre los jinetes de esta temporada 37-38 destacaron Yumar y Boulis. A la lista de propietarios se sumaron Germán y Margarita Stelling, valencianos ambos, y José Herrera Uslar, entre otros propietarios, de modo que la afición iba en ascenso ya al margen del gomecismo, y a partir de 1939 las temporadas comenzaron a ser anuales; se abandonó la fórmula anterior de temporadas que iniciaban un año y terminaban en el otro.
En 1937 hubo un cambio en la Junta Directiva del Hipódromo Nacional, y ésta pasó a encabezarla el capitán Claudio Brusal Bermúdez, y allí estuvo hasta 1940, cuando fue designado Carlos Morales. También se advierten nuevos nombres en las directivas de estos años que reflejan la incorporación de sangre nueva a la hípica: me refiero a Federico Béguez, Valdomero Uzcátegui y Eduardo Payer. El coronel José María Márquez Iragorri, Carlos Vásalo Rodríguez y Rafael Bamón de Santana, entre otros. En esta temporada la lista la encabezó Catushka, seguida de Sadi, Marcarón, Sequiana, Placer, y se destacaron particularmente los propietarios Hermann y Margherita Stelling.
En la temporada de 1940 los clásicos los ganaron Shirley Temple, Bileña, Catushka, El Mago y Placer, y esta última fue la que se adjudicó la mayor cantidad de carreras, a las hembras, me refiero. Entre los preparadores venezolanos destacaron José Murillo, Germán Stelling y Luis Monasterios; entre los extranjeros, Chiprani, Archival y Boulis. En la temporada de 1941 se consagró otro ídolo de la fanaticada hípica, Granodioro, ganador de 15 carreras, y fue seguido en el ranking de esa temporada por Alegría, Contrapunto, Taparito y Irresongón. En esa temporada del 41 el número de clásicos y copas creció ostensiblemente y llegaron a correrse 10 durante el año; era ya evidentísimo que la hípica iba en ascenso.
Al año siguiente, en 1942, cuando ya gobernaba Isaías Medina Angarita, la Junta Directiva del Hipódromo Nacional encabezó el coronel Márquez Iragorri, quien se propone y logra la construcción de nuevas caballerizas. En esta temporada Alegría ganó dos clásicos y uno lo ganó Granodioro. No obstante, el mayor número de carreras fue ganado por Corasi. En la lista de preparadores figuraban en los primeros lugares el coronel José Murillo y Manuel Aspúrua.
Las temporadas de 1943, 44 y 45 nos entregan listas numerosas de propietarios, de preparadores y de jinetes, y ya se reunían varias nacionalidades. Cascabel, Incauto, Mamushka, Robi y Lucero se alzaron con los trofeos. Yumar cabalgó hacia la victoria en muchas oportunidades. Enrique Toledo Guerrero saboreó el triunfo de sus caballos muchas veces. La lista de propietarios ya era muy distinta a la de los años del gomecismo; se había incorporado mucha gente nueva entusiasmada con el deporte hípico.
Además de Enrique Toledo, su hermano Alfredo, Manuel Fonseca, los hermanos Fonseca, Colster, Rafael Burrún y Cardi, Carlos Escanone, Enrique Otero Vizcarrondo, entonces iba a fundar el diario El Nacional, Alfredo Abilahut, Rafaela Arráiz Lozada, Julián Abdala, el mayor Roque Lloris, entre muchos otros. En estos años de gobierno del general Isaías Medina Angarita la Junta Directiva del hipódromo estuvo presidida por el coronel Márquez Iragorri, como les dije antes, y también por Carlos Morales. Medina por su parte era más bien jugador de golf; el hipismo le interesaba menos, pero no lo dejó de lado, en cambio con las presidencias de Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos entre 1945 y 1948.
Digamos que el Estado cumplió sus compromisos básicos con el hipismo, pero a los dos mandatarios no tenían mayor interés en el hipismo y no se conserva ningún registro fotográfico de sus asistencias al hipódromo en esta época. Es muy probable que el peso del juego de apuestas incidiera mucho en el ánimo de estos dos hombres para que no respaldaran al deporte hípico, y bueno, dejaban de lado la belleza del propio deporte hípico más allá de las apuestas. Es probable, digo yo, que ese fuese uno de los motivos por los que no se acercaran al espectáculo. También seguramente no querían vincularse con un deporte que había sido el deporte predilecto del gomecismo y que había continuado con mucho entusiasmo durante la presidencia de López Contreras y de Medina Angarita.
Las estadísticas señalan que en la temporada 43-44 la lista de entrenadores con mayor cantidad de carreras ganadas la encabezó José Murillo, seguido de Rafael Quiroga y Blas Concepción. La lista de jinetes la encabezó R. F. Méndez, seguido por Ernesto Ustaris y Domingo Rosario. La de 1944-45 la encabezó el entrenador Antonio Algarve, seguido de Enrique Lander y Juan Abinadej. La de jinetes la encabezó Pedro Emilio Yumar, seguido de R. F. Méndez y González Ramírez. La de 1945-46 la ganó el entrenador Alfredo Pelufo, seguido por Luis Monasterios y Manuel Fonseca.
La de jinetes tuvo primero a Eur Villalobos, seguidos por Pedro Emilio Yumar y por Lafit Pincay. En la próxima parte del programa continuaremos viendo estos hechos de hipismo en Venezuela cuando la Junta Directiva del Hipódromo Nacional sea designada. Referíamos en la parte anterior del programa que con el nuevo gobierno presidido por Rómulo Betancourt hay un cambio de la Junta Directiva del Hipódromo Nacional y pasa a dirigirlo Julio De Armas. Lo van a acompañar el capitán Rafael Valero Martínez, Luis Paz Alazar, Luis Aguerrevere, Manuel Fonseca, Francisco Urbina y Manuel Aspúrua.
Y durante las temporadas 47 y 48 las juntas directivas las encabezó Jesús González Cabrera sin mayores modificaciones en la lista de integrantes. La salud de la hípica nacional se había ido robusteciendo, haciendo menos urgente el apoyo estatal y dependiendo más de las inversiones de los propietarios, del fervor de los preparadores y jinetes y, por supuesto, del favor de la fanaticada. No olvidemos que a partir de las leyes de impuestos sobre la renta y de hidrocarburos en 1943, aprobadas durante la presidencia de Isaías Medina Angarita, los ingresos en las cuentas nacionales fueron enormes en proporción con los anteriores. De modo que la economía nacional crecía y crecía al ritmo de la explotación petrolera y los ingentes recursos que comenzaba a percibir el Estado.
Y en general la economía estaba cada vez más robustecida por la producción petrolera. Será entonces en la temporada de 1946 cuando tengamos una finalista encabezando la lista de mayor número de carreras ganadas, seguido por Intruso, Galán, Fick y Seriote. Mientras en la temporada de 1947 ganó Coraje, seguido de Antifaz, Camaleón y Sabaneta; entonces se corrieron 11 clásicos y premios en total. Y en la temporada de 1946 se creó el clásico Simón Bolívar, con distancia 2000 metros; fue una decisión de la Junta Directiva del hipódromo presidida por Julio De Armas.
Desde entonces se corre este clásico, acaso el más importante de la hípica nacional. Aquella primera vez lo gana Seriote, un caballo argentino de Alfredo París, entrenado por Martín Ayala Guerrevere y conducido por Vicente Alemán. Y a partir de 1976 el clásico se reservó para ejemplares nacidos en Venezuela; antes de ese momento estuvo abierto para ejemplares de cualquier procedencia. Volvemos a la temporada del 47, que arrojó estadísticas favorables para Víctor Muñoz, Alfredo París y Luis Monasterios como entrenadores. Mientras en el rubro de jinetes vemos que lo encabezó José Becerra, seguido por Héctor Rebello y Lafit Pincay.
La temporada de 1948 trajo la consagración de una leyenda, el caballo Hippocrite, hijo del Hyperion en Friars Bell, propiedad de quien sería un personaje dentro de la hípica durante los años venideros, me refiero a Federico de la Madrid y Pastor. Hippocrite encabezó la lista; lo siguieron Charm, Tobruk, Caimán, que fue muy popular también, Copete, Dircheo e Iaedo. Ganó el clásico Simón Bolívar y batió los récords en 1600, 1700 y 1800 metros. A Hippocrite lo montaba Christian Rebolledo y, sin la menor duda, fue un ídolo popular, acaso el primero que alcanzó tales niveles de devoción por parte de los fanáticos.
Los números de los entrenadores los presidió Rafael Quiroga, seguido por Carlos Muñoz y Manuel Suárez, en tanto que los jinetes, la corona se la llevó Lafit Pincay, seguido de Luis Valencia y Carlos Cruz. En la temporada de 1949, cuando ya no gobernaba Gallegos sino Carlos Delgado Chalbaud, a Hippocrite le surgió otro crack que les discutía su primacía, Caimán, como les dije antes. Hippocrite ganó dos clásicos en el 49: Gobernador del Distrito Federal y las Fuerzas Armadas Nacionales, mientras Caimán ganó Inauguración, los Sprinters, Junta Militar, Gobierno, Simón Bolívar y Clausura. No obstante, la lista de carreras ganadas la encabezó El Brujo, seguido de Sabaneta, Caimán, Definidos e Hippocrite en el quinto lugar.
A Caimán lo montaba Carlos Cruz y era propiedad de Alfredo Abilahut, mientras que a Hippocrite lo conducía L. A. Piñeiro. En esta temporada se creó el Clásico Junta Militar del Gobierno. Entonces la nueva Junta Directiva del Hipódromo Nacional cambió y pasó a presidirla el mayor Antonio de Rosa, acompañado por John Phelps Stoker, Martín Ayala Guerrevere, Luisa Guerrevere, Manuel Aspúrua, Feliciano Pacanins y J. J. Ramírez Villamediana. Y esta nueva Junta Directiva con pequeñas variaciones estuvo vigente en 1950, el año en que ocurrió el magnicidio de Carlos Delgado Chalbaud.
Recordemos entonces que desde finales de la dictadura gomecista el Hipódromo Nacional estaba adscrito al Ministerio de Agricultura y Cría, como dijimos antes al comienzo del programa. Ya para 1949 la lista de propietarios se había triplicado en relación con años anteriores. Las de jinetes eran cuantiosas y las de preparadores todavía más: entonces se contaba con 19 jinetes venezolanos, 23 extranjeros, 41 preparadores venezolanos, 26 extranjeros y ya se contaban 81 propietarios. De modo que estaban lejos los años en que la escena la dominaba la familia Gómez y sus allegados.
La afición había cundido entre los venezolanos. La lista de entrenadores ganadores la presidió Julio Castro, seguido Carlos Muñoz y Arturo Muñoz. Y la lista de jinetes la presidió Carlos Cruz, seguidos D. R. F. Méndez y Rafael Peraza. La temporada de 1950 arroja una lista de clásicos y copas verdaderamente asombrosa: se corrieron 14 clásicos y se disputaron 21 copas. Entre los ganadores del clásico destacaron otra vez Caimán, de Alfredo Abilahut, montado por Carlos Cruz, y destacó Doscuro, de Enrique Otero Vizcarrondo, conducido por Raúl Bustamante. El viejo Otero, como le decían familiarmente, era un apasionado de la hípica, igual su hijo Miguel Otero Silva.
La lista de mayores carreras ganadas la encabezó Doscuro, seguido por Caimán, Saara, Sortilegio y Maí Aún, entre otros. En la lista de jinetes la encabezó Juan Araya, seguido por Raúl Bustamante y León Padilla. La de entrenadores la presidió Julio Castro, seguidos de Antonio Hacial y Adolfo Alvariza. En la temporada de 1951 se incrementaron el número de clásicos y copas; se corrieron 12 clásicos y 26 copas, esto daba fe del crecimiento de la pasión hípica. Esta fue la temporada en que Highlander, montado por Bustamante, encabezó la lista de mayor número de carreras ganadas.
También fue la temporada de la yegua Red Peak, montada por Juan Araya, y en la temporada siguiente, la del 1952, pasó a encabezar las listas Íntegro, conducido por Bustamante y Lafit Pincay. Y la lista de entrenadores la encabezó Antonio Hacial, seguida por Emilio Cáceres y Antonio Algarve, mientras la de jinetes, Juan Araya, otra vez seguido por Carlos Cruz y Raúl Bustamante. Este año cambia la Junta Directiva del Hipódromo Nacional y pasa a presidirla el médico Carmelo Lauría durante unos pocos meses. El doctor Lauría era el padre de Carmelo Lauría Lezama, político venezolano muy conocido. Y el doctor Lauría va a estar unos meses allí y luego va a encabezar la junta Leopoldo Manrique Terreros. Estamos en 1952.
En esta tercera y última etapa del Hipódromo Nacional del Paraíso se destacó un conjunto de cracks que hemos ido señalando en el recuento de las temporadas, pero que ahora enumeramos de nuevo. Tapa Tapa entre las temporadas 35 y 39, Burlesco muy popular entre las temporadas 36 y 39, Granodioro que fue un ídolo entre las temporadas del 41 al 46, Hippocrite en las temporadas 47 a 49, Caimán en la temporada 48 y 50, Highlander en las temporadas del 51 y 52, y además Íntegro en las temporadas 51-54. Ya para estos años se puede hacer un recuento de los principales haras con los que contaba la hípica nacional.
Ya eran muchos. Nosotros vamos a hacer una lista selectiva forzosamente, vamos a dejar a muchas áreas afuera de la lista, pero creemos que vamos a señalar los más destacados para entonces, pero eso lo vamos a hacer en la próxima parte del programa. Ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que daríamos la lista de los haras que para entonces eran los principales. Estamos hablando del haras La Rinconada, de Enrique Lander, y el haras Matarredonda, de los hermanos Gómez; La Sierra, de los hermanos París; Jean Grillat; Emanuela Aspúrua; Codazzi; Leopoldo Manrique Terreros; Cocotío; Nicolás de las Casas; Bolivia; Rafael Barbosa; El Ávila, de Federico de la Madrid y Pastor.
El Doscuro, de Ambrosio Oropeza; La Vira-Vira, de Oscar Tamayo Suárez; Las Carmelitas, de Juvenal Utrera; Las Cuamas, de Frampocaterra Murillo; de José Murillo, Porvenir, de los hermanos Pineda; Brillé; Rancho Pérez, de Juan Pablo Pérez; San Pablo, de Jarrigan Tom Tobar; Santa Clara, de José Eduardo Mendoza Miralejos; El gran narrador hípico; Santa Rosa, de los hermanos Herrera Subillaga; Falcón, Roque Lloris y Cazupito, de José Joaquín González Orundona. Este conjunto da fe del crecimiento sostenido de la cría nacional de caballos purasangre. Las cifras son elocuentes, veámoslas, o escuchémoslas más bien.
En 1949 los 38 haras venezolanos produjeron 28 machos y 28 hembras. En 1950 nacieron 56 machos y 62 hembras. En el 51, 65 machos y 54 hembras. Y en el 52 nacieron 79 machos y 76 hembras. Es un crecimiento sostenido año a año. De modo que también asombra el número creciente de propietarios, de jinetes y preparadores.
El Ministerio de Agricultura y Cría de la época contaba con una junta de fomento equino y esta junta llevaba detalladamente el registro genealógico de equinos. Esa junta fue creada por decreto del Ejecutivo Nacional el 27 de mayo de 1949. Gobernaba Carlos Delgado y en el registro estaban inscritos para 1952 450 ejemplares purasangre criollos, lo que ya representaba un número considerable. Sin embargo, este número cubría cerca del 70 por ciento de los ejemplares que requerían los hipódromos venezolanos, pues ya para entonces no sólo estaba el hipódromo del Paraíso, sino había otros en el resto del país.
Las últimas temporadas en el Hipódromo Nacional del Paraíso van a ser las de consagración de grandes nombres y las temporadas de aparición de otros nombres que seguirán destacándose en el hipódromo de La Rinconada. Por ejemplo, Antonio Hacial apareció en las estadísticas de los 10 primeros entrenadores en 1949 y se mantuvo en esa lista de primero o muy cerca de los primeros números hasta 1972. O sea que estuvo 23 años entre los primeros Antonio Hacial. A Manuela Aspúrua lo vamos a hallar en las estadísticas entre 1948 y 1978; estamos hablando de 30 años de trabajo. Otros entrenadores que se iniciaron en el Paraíso fueron Antonio Algarve, que se inicia en el año 40; Carlos Muñoz del año 47; Arturo Muñoz del año 49; Raúl Salazar en 1950; Milar Ciadi de 1951.
Jesús Pérez de 1952, Vittorio Catanese en 1952 y Domingo Noguera Mora en el año 54. De modo que son muchos los que comienzan en el Paraíso y siguen en La Rinconada, es el mismo caso de los jinetes, que comienzan en uno y siguen al otro. Y vamos allá, por ejemplo, Walter Carrión se inicia en el 45, Félix Pérez en el 48, Carlos Cruz en el 48, Bustamante en el 49, Carlos Pérez del año 50, Juan Eduardo Cruz en el 50, Luis Bolívar en el 51, Manuel Camacaro en el 52, Balsamino Moreira en el año 53 y el legendario Gustavo Ávila es del año 54. De modo que hay unos jinetes y entrenadores que pasan de un hipódromo a otro, y en el nuevo hipódromo de La Rinconada trabajan durante muchos años.
Las últimas temporadas en el Hipódromo del Paraíso son los años de varios ejemplares excepcionales. Ya los hemos nombrado, pero lo repetimos: Íntegro, Reintegro, Devons Hill, Sonding, Senegal, El Chama, Viviani, Arrendajo, Lanzarina y Petare; todos estos destacan notablemente en estas últimas temporadas. En relación con los entrenadores, Antonio Hacial encabezó las listas de 1953, 56 y 59; Milar Ciadi las listas del año 54, 57 y 58; Antonio Muñoz la de 1955. Y las listas de los jinetes las van a encabezar Raúl Bustamante en el 53 y 54, Juan Eduardo Cruz en el año 55, Carlos Cruz en el 56 y Gustavo Ávila hace una seguidilla en cabeza en 57, 58 y 59, que fue la última temporada del Hipódromo Nacional del Paraíso.
En estos años de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, las juntas directivas del hipódromo van a estar presididas por militares en ejercicio. Es el caso del teniente coronel Roque Joris, que está allí en el año 53, y el coronel Pablo Freytez en el 54. El coronel Pedro Efraín Osorio Belisario estará desde el 55 al 58 y observamos un elenco de viejos y nuevos directivos en la conformación de estos directorios. Durante la dictadura, allí se leen los nombres de Manuel Tello Berrizbeitia, José Antonio Rodríguez Herrera, Fortunato Herrera, a quien llamaban El Platinado Herrera, César Naranjo-Osti, Carlos Fogler Rincones, entre otros.
No hemos señalado suficientemente la importancia de dos factores para el desarrollo del hipismo como espectáculo: me refiero a la prensa deportiva especializada en la hípica y los narradores de las hípicas en radio, antes que con periodistas deportivos propiamente dichos, contábamos con lo que se denominaba entonces la crónica deportiva. Que la ejercían cronistas conocedores, por supuesto, de la fuente hípica y muchas veces eran autores de unas piezas literarias verdaderamente interesantes que lograban emocionar a los lectores por sus destrezas y por sus giros hasta poéticos, a veces. Entre los primeros cronistas deportivos estuvo Germán Chiquitín Etetgi, toda una leyenda en Venezuela; falleció en el año 2012 y para muchos fue un paradigma deportivo. Había nacido en 1917 y ya para 1936, a los diecinueve años, escribía para El Universal. También fue narrador hípico de las radios más populares de los años cuarenta y cincuenta; incluso fue un comentarista pionero en la televisión, en las décadas de surgimiento de la televisión que son los años 50.
Y allí estuvo incluso durante varios años de la década siguiente y la década de los años 60. Uno ve la trayectoria de Hermann Chiquitín Etetgi verdaderamente asombroso, ya que la afición hípica de Etetgi se inicia en 1932 y mantuvo intacta esa pasión hípica hasta el año de su muerte en el 2012. Es decir, 80 años de pasión hípica. Recordemos que Hermann Chiquitín Etetgi vivió 95 años. Otro cronista de aquellos años del hipódromo El Paraíso fue Enrique Acosta Clausel, quien se inicia en 1941 y además fue gerente del Hipódromo Nacional.
También fue comentarista hípico en la radio Edgar Granés, quien se inició en 1949, y de las décadas de los años 50 son los inicios de J. R. Bol, periodista hípico del diario Panorama y El Universal, con una trayectoria dilatada que se extendió hasta la etapa del hipódromo de La Rinconada que veremos luego. En cuanto a los narradores hípicos de esos años reseñados, el primero por su condición pionera fue Esteban Ballesté, seguido muy pronto por el argentino Luis Plácido Pizzarello, quien se había iniciado como cronista deportivo en El Diario La Esfera. Plácido Pizarro llegó a Venezuela en el año 27.
Muy popular fue Eloy Pérez Alfonso, Mister Chips, que comenzó en 1938 y recorrió casi todas las radios populares con sus narraciones. Por supuesto, Eloy Pérez Alfonso era hermano de Juan Pablo Pérez Alfonzo, ese gran venezolano. Y además Mr. Chips fue el primer narrador hípico que tuvo Radio Caracas Televisión, a partir de su apertura supuesta al aire en 1953. También Pérez Alfonzo fue socio de revistas hípicas y además era un jugador del 5 y 6. En la próxima parte del programa continuaremos con esta lista de célebres narradores hípicos. Ya regresamos.
En la parte anterior del programa veníamos señalando los grandes narradores hípicos de aquellos años del hipódromo El Paraíso, previo a La Rinconada, y señalábamos a Eloy Pérez Alfonso, Mr. Chips. También estaba otro célebre narrador hípico como fue José Eduardo Mendoza Miralejos, quien estuvo en casi todas las radios de su tiempo narrando las carreras; entiendo que fue el padre de Enrique Mendoza, el político. También fue editor de revistas hípicas. Le sigue en tiempo Luis Delgado Campos, quien se inicia en los micrófonos en 1946, combinando su trabajo radiofónico con su labor periodística en múltiples diarios y revistas. Está también Juan Francisco Rodríguez, que se hacía llamar Don Fulgencio, quien se inicia en 1943 y llegó a ser muy apreciado por los radioescuchas.
Y el año 51 se inicia quien va a ser la gran leyenda de la narración hípica: Virgilio de Kahn, Alí Kahn, que fue su seudónimo, o que es su seudónimo, aunque está retirado de la narración hípica, pero está entre nosotros. Y a partir de la entrada en funcionamiento de la radio en Venezuela en 1930 y luego de la televisión en 1953, estos medios se suman a la prensa escrita y las revistas especializadas para darle una mayor popularidad al deporte hípico. Esto fue esencial y esto contribuye al robustecimiento del hipismo como un espectáculo popular.
Para estos años finales del hipódromo El Paraíso, la afición hípica era muy intensa y extendida, gracias, entre otros factores, a los medios de comunicación, como estamos señalando. Nosotros hicimos entrevistas para este trabajo; todos los entrevistados señalaban lo grato del ambiente hípico del Paraíso. Era un sitio amable donde se mezclaban los distintos estratos de la población. Y por ejemplo, nuestro gran amigo lamentablemente fallecido hace poco, Rafael Díaz Casanova, decía que él, siendo estudiante de bachillerato, trabajó en el hipódromo del Paraíso y me dijo textualmente: cumplió una función social muy importante, ya que les daba empleo a los estudiantes, quienes trabajábamos como asistentes.
Entrevistado también el poeta Joaquín Marta Sosa, un apasionado del deporte en muchas de sus disciplinas, comentó que comenzó a ir al Paraíso siendo un adolescente y entonces recuerda el fervor de la gente por los caballos; se encariñaban con ellos, eran como personajes entrañables. Y lo mismo dice el poeta Marta Sosa sobre la calidez humana del ambiente en El Paraíso. Otro hípico, Bernardo Martínez Acosta, nativo del Paraíso y amigo entrañable de Díaz Casanova, apunta que en su juventud su afición hípica se facilitó por la cercanía con el óvalo; claro, ellos vivían allí muy cerca, muy cerca del hipódromo o del Club Paraíso. Y señala además que la afición general llegó a ser tan grande que se hizo evidente la necesidad de construir un hipódromo de mayor tamaño.
Eso es cierto. Federico Payer fue juez de llegada en el Paraíso y recuerda aquellos años con gran nostalgia; nos refiere a los desafíos de su tarea porque juez de llegada, una tarea nada fácil. Heráclito Gerzi rememora los cracks de la época y nombra a los jinetes Ángel Peña, Antonio Hacial y Antonio Algarve. Los destaca muy particularmente. Para hacer este trabajo también recurrimos a fuentes documentales, no sólo hicimos entrevistas como venía señalando antes, sino que fuimos a fuentes documentales. Una muy valiosa son las entrevistas que recogió J. R. Bol en su libro El Paraíso y su Historia; se refiere al hipódromo, no a la urbanización.
De allí extraemos comentarios reveladores sobre este tiempo. Los entrevistados por Bol van a ser Rafael Guerra Navarro, venezolano; Antonio Hacial, chileno; Antonio Algarve, argentino; Antonio José Utrera, venezolano; Carlos Muñoz Candia, chileno; Raúl Bustamante, chileno; Óscar Rivera, chileno; Milar Arciade, jamaiquino; Jesús Pérez, uruguayo; Vittorio Catanese, siciliano; y José Rosendo Fernández, argentino. Y todos coinciden en cuanto a que Hippocrite y Highlander fueron los grandes cracks, pero puestos a escoger, cosa que hacía Bol, les decía: no díganme uno de los dos; la mayoría optó por Hippocrite. Claro, no dejan de señalar a Burlesco, a Caimán o a Petare, pero cuando se ponen las chiquitas, el señalado es mayoritariamente Hippocrite.
En cuanto a los jinetes, todos señalan a Juan Araya como el mejor jinete extranjero. No dejan de señalar la maestría de Bustamante, de los hermanos Cruz y de Balsamino Moreira. Y en cuanto a los venezolanos, coinciden todos en Perfecto Antonio Chapellín, Pedro Emilio Yumar, Cumarina Comendes y Gustavo Ávila. Muchos de ellos señalan a Ávila como el mejor jinete venezolano de todos los tiempos. Y entre los entrenadores señalan a Chipriani en los primeros tiempos del Paraíso, luego a Julio Castro Ruiz y muy particularmente al jamaiquino Milar Ciade.
De este último Antonio Hacial llegó a decir incluso: las cosas que ha hecho ese señor en Venezuela no las hizo nadie antes ni las ha hecho nadie hoy en día, ni las podrá hacer otro entrenador en el futuro. Ciade pasó a la historia dentro del hipismo venezolano; revolucionó nuestro turf, es un profesional que lo que ha hecho jamás nadie ha podido hacerlo ni lo podrán, con toda seguridad, dice Antonio Hacial. Bueno, hasta aquí nuestro programa de hoy. Concluimos con este elogio muy merecido a Milar Ciade.
En nuestro próximo programa continuaremos con estos últimos años del Paraíso y los primeros del hipódromo La Rinconada. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, y habla para ustedes Rafael Arráiz Lucca. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastián y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Fernando Camacho. A mí me consiguen a través de mi correo electrónico rafaelarice@hotmail.com o en Twitter arroba rafaelarice. Ha sido un gusto hablar por ustedes en esta serie sobre el hipismo en Venezuela.