Historia de Caracas
11 de noviembre de 2024

Historia de Caracas. Cap 6. Siglo XVIII

Historia de Caracas. Cap 6. Siglo XVIII

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Hernando Camacho, Carlos Javier Virgüez, Fernando Camacho y Giancarlos Caraballo, y a todo el equipo de operaciones, Radio y Mundo URR. También puede seguir la transmisión en vivo en mundourr.com, Escuela UR y arroba rafaelarraiz en X y arroba rafaelarraiz en Instagram. Venezolanos, ya está disponible el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Bienvenidos todos al sexto capítulo de esta historia de Caracas que venimos relatando para ustedes.

En el programa anterior ya estábamos en los años finales del siglo XVIII y, particularmente, este programa vamos a iniciarlo con la creación de la Capitanía General de Venezuela y Caracas como capital de esa capitanía, el año 1777, gracias a una cédula real del 8 de diciembre de 1776. Ahí, el rey explica por qué está creando la Capitanía General de Venezuela, que va a ser muy importante para los venezolanos por varias razones y para Caracas por varias razones también.

Para Caracas porque señala la capitalidad de la ciudad, y para Venezuela porque cuando se crea la República de Venezuela el 5 de julio de 1811, el doctor Juan Germán Roscio, que es el redactor del Acta y de la primera Constitución Nacional, hace alusión a los límites que tenía la antigua Capitanía General de Venezuela. O sea, esta decisión en 1777 va a tener incidencia en la de 1811 cuando pasemos de Capitanía General a una república. Bueno, este período va a ser importante.

Además, se van a crear las otras instituciones que van a tender a darle todavía mayor entidad a la Capitanía General de Venezuela. Estoy pensando en el Real Consulado, estoy pensando en la Real Audiencia. Pero refiriéndonos específicamente a la situación de Caracas, vamos a tener que en 1778 se ubica lo que se conoce como la Escuela de Música de Chacao, o la Academia de Música, y para la historia musical de la ciudad de Caracas, el libro de José Antonio Calcaño es la referencia fundamental.

Ese libro se titula La ciudad y su música. Remitimos al oyente a su consulta para quienes quieran profundizar más sobre la música en Caracas. Este fenómeno de la llamada escuela de música de Chacao requiere atención particular.

Se trató de una coyuntura singular en la que el Padre Sojo, que era como llamaban a este señor que se denominaba así Pedro Ramón Palacios y Sojo, en pocas palabras, fue el orquestador y animador principal. ¿Dónde se halla el origen de la Escuela de Música de Chacao? En la Hacienda La Floresta, esta que está ahí, en la orilla de la avenida Francisco de Miranda, que era propiedad del Padre Sojo, y muy cerca de esa hacienda estaba la de Bartolomé Blandín.

Esa hacienda de Blandín es donde hoy queda el Caracas Country Club. Y también estaba cerca la finca San Felipe. Recuerdan la Avenida San Felipe de La Castellana, esa finca era del padre José Antonio García Moedano. De modo que estos dos curas y el señor Blandín, melómanos todos, condujeron a que en estas haciendas se reunieran grupos de ejecutantes.

Estos ejecutantes recibieron instrumentos y partituras enviados de Alemania, y comenzó a interpretarse lo que Calcaño llama música clásica profana, es decir, música no religiosa, que era la única que se escuchaba entonces. Aquí hay un dato precioso: quienes están promoviendo la música no religiosa son dos sacerdotes, lo que habla muy bien de estos sacerdotes y de su melomanía. Ahora, pareciera que la denominación de escuela de música de Chacao es exagerada.

Es probable, ya que no se trató propiamente de una escuela musical en los términos clásicos; sin embargo, sí daba una medida de la afición por la música que había llegado a decantar en Caracas y sus alrededores. Ya que estamos hablando de los alrededores, el pueblo de Chacao, que dijimos en el programa anterior que lo había fundado José Solano y Bote, era un pueblo cercano a la ciudad de Caracas. Tenía una condición satelital parecida a los pueblos indios que se habían fundado en las inmediaciones de Caracas.

¿Cuáles son esos pueblos de indios? Ya lo señalamos, los repetimos: Petare, Baruta y Antímano, porque El Hatillo no es un pueblo de indios y Chacao tampoco, son pueblos de españoles.

La música, por otra parte, halló en las iglesias caraqueñas desde los años iniciales de la ciudad cultores que mantuvieron su llama viva. Algo parecido va a ocurrir con el teatro, que si bien se representaba en lugares improvisados desde comienzos del siglo XVII, desde el año 1601 o 1602 ya hay referencias a teatro improvisado en determinados lugares de Caracas. Pero ahora en 1783 se construye un teatro para la ciudad, un coliseo.

Vamos a referirnos a este coliseo. Luis Alberto Sucre nos informa que el gobernador González y Torres de Navarra, que se llamaba Manuel, construyó el Teatro de Caracas a sus expensas. Pero no indica la fuente de dónde obtuvo esa información, que nos resulta tan extraña, porque ¿cómo va a construir el gobernador un teatro de su bolsillo? No nos parece lógico, si lo hace Núñez cuando refiere el tomo de las actas del cabildo donde alude al hecho el 4 de mayo de 1784.

El gobernador González y Torres de Navarra envía una carta donde dice que, estimulado por la felicidad de esta república, le ha proporcionado sus propias expensas sin gravamen del público un coliseo. Bueno, esto es muy raro, esto lo ratifica Enrique Bernardo Núñez, de modo que no lo dudamos. Entonces tenemos a un gobernador filántropo que está donándole a la ciudad un coliseo.

¿Dónde estaba este primer teatro que tuvo Caracas? Entre las esquinas de Conde y Carmelitas. Y dependiendo del autor o el cronista, el aforo de este teatro va a ser de 1.800 personas o 2.000 personas, lo que nos parece asombroso para una ciudad que en 1783 apenas tenía 30.000 personas como habitantes. De modo que esto es todo muy particular y extraño: un gobernador que construye un teatro con su bolsillo que tiene dos mil puestos.

Bueno, y las referencias al Teatro de Caracas en la época abundan. Todas señalan una gracia que tenía el teatro, que hoy en día no sería una gracia sino una desgracia, y es que el teatro era destechado, no tenía techo. Humboldt, cuando pasa por aquí, afirma que le maravilló estar en el teatro y poder ver la bóveda celeste. Fíjense lo que dice Humboldt.

"Estaba este dispuesto, en mi tiempo, de manera que el patio donde se hallaban los hombres separados de las mujeres no estaba cubierto, viéndose a un tiempo los actores y las estrellas. Y como el tiempo brumoso me hacía perder muchas observaciones de satélites, podía desde un palco del teatro asegurarme que si Júpiter sería visible durante la noche."

Esto dice Humboldt, qué simpático. Y además es dato de que los hombres estaban separados de las mujeres, que no podían estar juntos en la platea o el patio, hombres y mujeres, sino que cada uno estaba por su lado. Otro mundo también: todos los viajeros que describen la ciudad señalan la pésima calidad de las obras que se representaban.

Bueno, esto no puede extrañarnos porque era un teatro incipiente, poco profesional, que estaba comenzando. De modo que no podemos esperar un gran teatro de calidad universal. Por otra parte, sabemos que el gobernador González contrató a unos jardineros alemanes para que embellecieran los jardines y las plazas en la ciudad.

Y esto se hizo. Este gobernador se enamoró de Caracas porque, miren, contratar a unos jardineros alemanes para embellecer los jardines y las plazas, eso estaba muy bien. Arcila Farías además consigna la construcción del puente Carlos III, que está en pie. Ese puente de Carlos III, que habiendo sido hecho de madera por el gobernador Agüero, el río se lo llevó y lo dejó inservible, y González lo levantó de nuevo, de piedra.

Bien, no cabe ninguna duda acerca de lo beneficioso que fue para la ciudad de Caracas el gobierno de González y Torres de Navarra, que lo ejerció entre 1782 y 1786. En la próxima parte del programa seguiremos viendo aspectos de la historia urbana de nuestra ciudad capital. Ya regresamos.

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Somos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. En esta parte del programa vamos a hacer alusión a la visita de la Misión Secreta de los Franceses que ocurrió en 1783. Digamos que hasta tanto el historiador Carlos Duarte no publicó su libro Misión secreta en Puerto Cabello y viaje a Caracas en 1783, solo se conocían las memorias del conde de Ségur, integrante de la misión que incluyó a otros personajes de la nobleza francesa.

Ahora sabemos cómo fue todo este episodio. El origen de esta visita está en lo siguiente: una flota de barcos de guerra francesa ancló en Puerto Cabello en enero de 1783. Allí había un ejército de 4.500 hombres que formaban parte de una alianza entre España y Francia para combatir a los ingleses en el territorio de los Estados Unidos. Primero lo hicieron en los Estados Unidos respaldando a los patriotas norteamericanos, y ahora se desplazaron al Caribe y buscaron un puerto seguro y apacible para esperar dar sus próximos movimientos.

Provenían de Boston. En esa expedición se enroló un grupo importante de jóvenes de la nobleza francesa y ellos escribieron sus visiones sobre Caracas. Vamos a referirles algunas que son muy interesantes. Por ejemplo, el caballero Jean-Baptiste Elciat de Coriolis afirma sobre Caracas.

"Los alrededores de Caracas son muy placenteros, las orillas del río están bien cultivadas y la cantidad de gente que se encuentra en el camino anuncia la llegada a una gran ciudad." Bueno, era una gran ciudad Caracas, realmente uno se pregunta. Vamos a ver: Bogotá, en un censo de 1793, cuenta con 16.172 habitantes, es decir, la mitad del que tenía Caracas entonces.

Buenos Aires, en un censo de 1790, tiene 10.512 habitantes, la tercera parte de lo que tenía Caracas entonces. Lima, en un censo de 1746, tenía 60.000 habitantes, ahí sí el doble de Caracas. Ciudad de México, en un censo de 1790, ya estamos hablando de otra cifra, tenía entre 200.000 y 300.000 habitantes.

De modo que esto nos lleva a afirmar que Caracas era una ciudad mediana a juzgar por estas comparaciones que acabo de hacer. Claro, cuando comparamos con ciudades europeas, bueno, ya allí se complican las cosas. París tenía 650.000 habitantes en un censo de 1789, para solo dar un ejemplo. Ahora, ¿a qué podemos atribuirle un crecimiento tan acelerado en Caracas?

Si tomamos en cuenta que en el censo de 1606, mil personas, y la explicación es una sola: la riqueza cacaotera, no hay otra explicación. Fíjense cómo Bogotá y Buenos Aires, una antigua capital virreinal y otras en vías de serlo, tienen menos gente que Caracas. Más adelante dice el caballero Jean-Baptiste Elciat de Coriolis lo siguiente: "Es imposible que en ninguna parte unos extranjeros hayan sido mejor recibidos como los fuimos en Caracas".

Bueno, esto habla de la legendaria hospitalidad del caraqueño que ya ellos la estaban advirtiendo en el año de 1783. Y luego entra en más honduras Coriolis y dice: Caracas sería una ciudad de tercer orden en Europa. Está construida de manera muy regular, ya que todas las calles están trazadas a cordel y estas se cortan en ángulos rectos; todas están muy bien pavimentadas.

En Caracas se cuentan unas 28 mil almas, eso es lo que él dice, alguien se lo dijo porque él no está haciendo un censo. Luego señala la manera de vivir de los caraqueños: se parece mucho a la nuestra. En la mañana, para el desayuno toman chocolate, almuerzan a la una y cenan a las 10; harían un gran bien si no pusieran tanto ajo en sus guisos.

Inmediatamente después de comer, cada quien se retira a su casa para ir a dormir la siesta. Generalmente las mujeres son bonitas, las criollas tienen un color moreno, el cual, luego uno se acostumbra a ello, no disminuye lo más mínimo los rasgos agraciados de sus fisonomías. La expresión que ponen en lo que cantan y la coquetería que agregan hasta los más pequeños movimientos son medios de seducción a los cuales es difícil resistir.

¡Caramba! Mujeres seductoras caraqueñas en 1783, pareciera que esto se convirtió en una tradición urbana. Y hay otra observación de Coriolis que resulta interesante: "Todas tienen amantes públicamente y todo el mundo está enterado a excepción de los pobres maridos. Es un complot universal contra ellos y los demás no se ocupan de otra cosa, sino hacerles las bromas más pesadas, a cual peor que la otra".

Realmente los maridos ignoran las infidelidades de sus esposas, no creemos. Todo parece indicar que se trataba del matrimonio por conveniencia, que el matrimonio por amor no tenía lugar en la alta sociedad caraqueña y, en tal sentido, la relación marital contempló la tolerancia hacia los amores verdaderos de la esposa y el marido. También se refiere a este punto, que para ellos fue del mayor interés.

Dice lo siguiente: "Los maridos están acostumbrados a ver cómo los amantes pasan como amigos de las esposas y tranquilamente les permiten jugar el papel que ellos mismos juegan en otro escenario. Cuando los esposos aparecen, son acariciados solo porque están siendo engañados. De este modo creo que cada quien sale ganando".

"Encuentro que esta situación es bastante razonable, especialmente en un país donde frecuentemente las pasiones son algo fuertes, ya que así unen a personas compatibles, al contrario de lo que hace el matrimonio; sin embargo, esto no impide que los hombres y las mujeres vayan incesantemente a confesarse y que ayunen todos los días santos al extremo de socavar su salud".

Bueno, conviene recordar que esta práctica era común en Europa también, no es un caso caraqueño. Seguramente se importó a Caracas la admisión del amante como amigo de la esposa; disfrazaba la relación y le hacía tolerable a los ojos de los demás, sobre todo cuando la mayoría estaba en la misma situación, ya que esos matrimonios no habían nacido del deseo o el amor sino con conveniencia económica o su clase social. En otras palabras, no se deshacía el vínculo sagrado del matrimonio, pero se le daba un camino al amor verdadero, el fundado en la fuerza de Eros.

Recordemos una vez más que la mayoría de las observaciones sociológicas de estos viajeros se ciñen al sector de la sociedad caraqueña con el que trataron en su estadía estos franceses, es decir, la élite criolla. Bien, otro viajero, Charles-Louis Victor Claude de Broglie, también apunta en su diario algunos comentarios. Se le advierte fascinado con las hermanas Aristiguieta, que eran las mujeres más hermosas de la ciudad, famosísimas en el anecdotario caraqueño de la época, por su gracia para el canto y el baile, y por su innata coquetería.

A ellas, a las Aristiguieta, se les conoce como las nueve musas porque eran nueve hermanas, así sí se les conoce en el costumbrismo caraqueño. Bien, hay uno de estos viajeros franceses que se enamoró de Caracas. Louis-Philippe, conde de Ségur, dice: le escribe una carta a la esposa y le dice: "Sobre todo me encantó Caracas, es un pequeño paraíso terrenal donde desearía pasar mi vida contigo. No se conoce invierno ni el caluroso verano, la primavera reina eternamente".

Qué bonito escuchar esto. Y bueno, es difícil imaginar un mayor elogio para la ciudad de Caracas que esta confesión romántica del conde de Ségur en sus memorias Recuerdos y anécdotas del conde de Ségur. Reitera lo dicho en la intimidad epistolar porque antes era una carta que le había enviado a su esposa. En sus memorias dice textualmente: "La ciudad de Caracas se ofreció a nuestros ojos con bastante majestad. Nos pareció grande, limpia, elegante y bien construida".

Bueno, dice además: "Este gobernador me presentó al asociado más distinguido de las ciudades. Allí vimos unos hombres excesivamente graves y taciturnos. En revancha, una gran cantidad de damas tan notables por la belleza de sus rasgos, por las riquezas de sus atuendos, por la elegancia de sus maneras, así como su talento para la danza y para la música, todo lo cual iba junto a la vivacidad de una coquetería que unía sabiamente el buen humor a la decencia". Bueno, esto no puede ser falso.

Es decir, todos señalan la belleza de las mujeres, la coquetería y las habilidades para la música y el canto. Fíjense otra cosa que dice Ségur: cuando tenía algún tiempo libre entre visitas y fiestas hablaba a menudo con un oficial francés establecido desde hace varios años en Caracas. Él me confirmó todo lo que me habían dicho los subtenientes del rey en Maracay y en La Victoria acerca del descontento del país sobre la opresión de los criollos y sobre la avaricia insaciable del intendente.

Bueno, se refería a Ávalos, el intendente que buscaba, pero con una gran insistencia, obtener recursos de los criollos por la vía tributaria. Siempre dentro de las reformas, que fueron fundamentalmente reforma económica y tributaria, aunque también tuvieron expresión política. Bueno, la trama urbana iba tejiéndose lentamente; fíjense que para 1784 Caracas contaba con cinco puentes: el de La Pastora, que es Carlos III, que está en pie; el de la Trinidad, el de San Pablo, el de Punceres y el de La Candelaria.

Luego se van a construir muchos más, pero eso lo veremos en la próxima parte del programa. Dijimos en la parte anterior del programa que se habían construido, para 1784, cinco puentes. Recordemos que la topografía de Caracas ofrecía muchos barrancos que salvar, varios riachuelos que cruzar y además la ciudad estaba en una pendiente, de allí que algunos viajeros se preguntaran por qué no se construyó la ciudad en la esplanada de Chacao.

Y en cambio se levantó en la pendiente en que estaba. Bueno, los factores son varios, pero creemos que las cercanías a los ríos influyeron decididamente, así como la cercanía a la costa. O sea, si tú hubieras construido la ciudad de Caracas en Chacao, llegar a lo que hoy en día es la puerta de Caracas en La Pastora para iniciar el camino de los españoles hacia La Guaira, bueno, ya te hubiera tomado horas, porque de Chacao a caballo o a La Pastora, imagínense cuántos sería. De modo que la cercanía al camino hacia la costa creo que fue un factor muy importante, y los ríos, por supuesto.

Vamos a ver ahora el día en que por primera vez se tomó una taza de café en Caracas, del año 1786. Recordemos que el café lo introdujeron a Venezuela los jesuitas en Guayana y a Caracas llegó después. El café no es... no, el café no es americano, el cacao sí. El cacao de aquí, el café no.

Hoy en día, por supuesto, los mejores cafés del mundo están en esta zona de América, pero en ese entonces el café era un fruto extranjero, originado de un pueblo en lo que hoy en día es Afganistán. Bueno, entonces, ¿quién nos habla de esto? Nos habla Arístides Rojas, el médico y cronista y uno de los primeros historiadores, el primer autor de monografías, como lo definió Pedro Grases.

Hay una crónica de él que se titula La primera taza de café en el Valle de Caracas, y él nos recuerda que la llegada de las semillas del cafeto a América ocurrió en las maletas de Desclieux, en el año 1720. Este señor venía de París, con destino a la isla de Guadalupe, en el Caribe. De allí pasó a Cayena y muy pronto a Guyana, donde el padre Gumilla confiesa haber sembrado él mismo las semillas de café alrededor del año 1732.

Luego la siembra caraqueña ocurre en las haciendas de los alrededores del pueblo de San José de Chacao. La Hacienda Blandín, que aludimos antes, pertenecía, como dijimos también antes, a don Bartolomé Blandín; la San Felipe, al padre Sojo; y La Floresta, al padre Moedano. Y entre los tres propietarios se propusieron sembrar ordenadamente en sus territorios entre el año 1782 y 1783.

De tal modo que para 1786, en pleno auge, además de los encuentros musicales en las haciendas se tomaron la primera taza de café. Ello ocurrió exactamente en donde quedaba la casa de la hacienda Blandín, es decir, en el sitio exacto donde hoy se levanta la Casa Sede del Caracas Country Club. Y dada la pronunciada afición del caraqueño por el café, este es un hecho de la mayor importancia para las costumbres gastronómicas en la ciudad.

Es famosa la variedad de modalidades con que el caraqueño suele pedir que se le prepare el café al barista, una suerte de mago que domina la máquina italiana Gaggia, traída por la inmigración italiana en el siglo XX, sobre todo a partir de los grandes contingentes europeos que llegaron azotados por la Segunda Guerra Mundial a nuestro país. Bueno, y como es sabido, el café se comenzó a cultivar no solo en el Valle de Caracas, sino en todas las inmediaciones de la ciudad, donde fue propicio al clima y la flora. Años después, como veremos en su momento, estas haciendas fueron urbanizadas y se incorporaron a la ciudad en la tercera y cuarta década del siglo XX.

Vamos ahora a ver la creación de dos instituciones de significación. La Real Audiencia de Caracas en 1786, esta es la más tardía de las reales audiencias. La primera fue la de México en 1527, la de Panamá en 1538, Lima en 1542, Guatemala en 1543, Guadalajara en 1548, Bogotá en 1550, Quito en 1563, Chile en 1565 y Buenos Aires en 1661.

Durante casi tres siglos las provincias venezolanas acudieron a la audiencia de Santo Domingo y Bogotá, dependiendo de la época y ubicación de las provincias, hasta que con una cédula real se creó la Real Audiencia de Caracas el 13 de junio de 1786. Bueno, ahí el rey explica por qué va a crear una real audiencia aquí, y los motivos son muy antiguos, más bien se tardaron mucho en crearla. Y con la creación de la Audiencia de Caracas seguía consolidándose el proceso de unificación de las provincias alrededor de Venezuela.

Así como seguía fortaleciéndose la capitalidad caraqueña en relación con otras ciudades provinciales. Todo esto formaba parte de la política de Carlos III, a quien le sobrevino la muerte el 14 de diciembre de 1788 en Madrid. Pero todas estas forman parte de las reformas borbónicas; también se va a crear el Real Consulado de Caracas.

Por cierto, John Lynch, ese gran historiador británico, en su libro maravilloso La España del siglo dieciocho nos regala un perfil de Carlos IV, que es el sucesor de Carlos III, y dice algo lapidario de Carlos IV. "Carlos IV aportó muy poco a la monarquía excepto un concepto del deber que quedaba anulado por su indolencia, escasamente preparado y sin experiencia de gobierno. Le interesaban más la caza, la carpintería y coleccionar relojes que los asuntos del Estado".

"Y a sus 40 años vivía todavía fuera del mundo que le rodea, nunca alcanzó la madurez, siendo infantil en su conocimiento y juicio, incapaz de distinguir entre partidarios y granujas". Muy distinto a su padre, a Carlos III, que sí fue un rey de la mayor importancia y un rey liberal. Fue el que estableció el libre comercio entre las provincias españolas en América.

Luego vamos a tener la creación del Real Consulado de Caracas en 1793. Aquí sí fuimos un poco más pioneros porque este es el tercer real consulado que se crea en América. Los dos primeros fueron los de México y Lima en 1603-1614; este hecho revela la importancia económica agropecuaria que ya tenía la Capitanía General de Venezuela, que conduce a que se instituya un real consulado en 1793 por una cédula real del 24 de junio.

De modo que el maestro Eduardo Arcila Farías dice lo siguiente sobre el Real Consulado. "El Real Consulado de Caracas intervino en el período final del pasado colonial venezolano y su contribución no es despreciable, sobre todo si se tiene en consideración que ese período coincide con la incubación de los movimientos revolucionarios de la Independencia y particularmente si se tiene en cuenta un hecho que no ha llamado la atención de ningún historiador venezolano: que con la creación del consulado, una gran parte de las funciones de gobierno tocantes al gobernador, a la audiencia y al intendente pasaron a manos de los criollos".

"Por primera vez los criollos caraqueños ejercen autoridad sobre los extensos territorios en la futura república, porque el real consulado era una institución que hoy en día no existe ninguna similar. Una institución en la que los criollos terratenientes adinerados hacían vida y participaban de la construcción de la provincia: puentes, caminos, las necesidades públicas sanitarias, educativas. Era un lugar desde donde los criollos podían participar en el desarrollo, ellos, con la contribución que ellos le hacían al desarrollo".

Eso es muy importante, como dice el maestro Arcila Farías. Bueno, entonces tenemos un círculo de integración de la nación criolla venezolana en una sola entidad territorial y jurídica: primero la Intendencia en 1776, después la Capitanía General en 1777 y después la Real Audiencia en 1786, y por supuesto, el Real Consulado en 1793. En la próxima parte del programa, la última, vamos a referirnos al viaje de Humboldt y Bonpland y la estadía larga de François de Pons en Venezuela y Caracas particularmente. Ya regresamos.

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Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Bien, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland llegaron a Cumaná el 16 de julio de 1799 y estuvieron en los territorios de la Capitanía General de Venezuela hasta el 24 de noviembre del año 1800, cuando zarparon rumbo a Cuba. Fue el recorrido de este par de caballeros por Venezuela. Fue así: Cumaná, Araya, Caripe, Cueva del Guácharo y Gerote; La Guaira, Caracas, donde fueron recibidos con honores por el capitán general Guevara y Vasconcelos.

Cerro Ávila, al que subieron; valles del río Tuy, valles de Aragua, Antímano, La Victoria, Maracay, Huacara, Valencia, Las Trincheras, Puerto Cabello, Calabozo, San Fernando de Atabapo, hacia el Orinoco hasta llegar a San Carlos del Río Negro. Luego estuvieron en El Pao, Barcelona y Cumaná de nuevo, donde habían comenzado, y de ahí se fueron hacia Cuba. Uno relata un recorrido como este en carro o moto y ya es bastante, pero a caballo, en carreta, pues imagínense ustedes todo esto que ellos recorrieron, y a pie, porque el ascenso al cerro Ávila lo hicieron, por supuesto, a pie.

Humboldt no regresó a América, pero Bonpland sí y vivió durante años en Argentina y Paraguay. Ahora veamos qué dice Humboldt sobre Caracas en su libro famosísimo, Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, publicado en París entre 1816 y 1831. Dice lo siguiente: "Me ha parecido que hay una marcada tendencia al estudio profundo de las ciencias en México y Santa Fe de Bogotá, mayor gusto por las letras y cuanto pueda lisonjear una imaginación ardiente y móvil en Quito y Lima, más luces sobre las relaciones políticas de las naciones, miras más extensas sobre el estado de las colonias y las metrópolis en La Habana y Caracas".

Muy interesante observación. Y dice lo siguiente sobre Caracas: "A pesar del acrecentamiento de la población negra, cree uno estar en La Habana y en Caracas más cerca de Cádiz y los Estados Unidos que en otra parte del Nuevo Mundo". Qué interesante observación. Él en Caracas se siente más cerca de Cádiz, bueno, es uno lo puede entender, pero los Estados Unidos, porque algo que no explica.

Bueno, en todo caso lo hemos leído. Algo similar hemos leído antes, señalando el sesgo europeo que tiene Caracas y su extraño sentido metropolitano cosmopolita. Dice además Humboldt: "Noté en varias familias de Caracas gusto por la instrucción, conocimiento de las obras maestras de literatura francesa e italiana, una decidida predilección por la música, que se cultiva con éxito y sirve, como siempre hace el cultivo de las artes, para aproximar a las diferentes clases de la sociedad".

Esto es muy interesante, la afición por la música, porque realmente es una tradición venezolana. El Sistema de Orquestas Nacionales y Coros Nacionales Infantiles y Juveniles, creados por el maestro José Antonio Abreu, no estaba siendo sembrado sobre un desierto. Había ya una tradición que hasta Humboldt la viene señalando, y la Escuela de Música de Chacao también.

Bien, recordemos que Humboldt y Bonpland están en Caracas el año 1800, pero cuando escribe el libro ya él hace mención al terremoto de 1812, es decir, no porque haya estado presente, sino porque tuvo referencias de él. Hay un censo que hace Humboldt con base en cálculos estadísticos y él calcula que para estos años, en que pasó por aquí, 1800, la ciudad tiene entre 40 mil y 50 mil habitantes.

Veamos ahora el aporte de de Pons, que no es propiamente el de un viaje sino el de una estadía larga. De Pons había sido enviado por las autoridades francesas a Caracas en calidad de corresponsal, pero más allá de la superficie era un agente de su gobierno, pudiéramos decir un espía. Hoy en día diríamos que hacía labores de inteligencia, por supuesto.

Provenía de Santo Domingo, donde había tenido lugar la revolución republicana de Toussaint Louverture, y llegó a La Guaira en marzo de 1801. Permaneció en Venezuela hasta julio de 1804, es decir, estuvo tres años y publicó tres volúmenes que se titulan Viaje a la parte oriental de la Tierra firme de la América Meridional, en los años 1801-1804, que contiene la descripción de la Capitanía General de Caracas, compuesta de las provincias Venezuela, Maracaibo y Barinas, la Guayana Española, Cumaná y la Isla de Margarita.

Estoy traduciendo el título del francés, me disculpan algún error. La importancia de esta obra es evidente: más que un viaje relámpago, se trata de una estadía de cuatro años. Vamos a ver qué dice de Pons acerca de las calles de Caracas en 1800, 1801, 1802, 1803 o 1804. Dice: "Las calles de Caracas, como las de toda ciudad moderna, son rectilíneas. Se orientan hacia los cuatro puntos cardinales, distan entre sí más o menos unos 300 pies y tienen cerca de 20 de ancho, tal es la única regularidad, la única simetría que se nota en esta gran ciudad, por lo demás bastante bien construida".

Y después se refiere a las casas de la élite, dice: "Las casas particulares son bellas y bien construidas. Hay muchas de alto dentro de la ciudad, esto quiere decir que tienen un segundo piso con muy hermosa apariencia. Algunas son de ladrillos, pero la mayor parte son de tapias, hechas por encajonamiento, más o menos como acostumbran los romanos".

"Las casas de los notables en la ciudad están por lo general amuebladas con decencia y hasta con riqueza. En ellas se ven hermosos espejos, cortinas de damasco carmesí en las ventanas y puertas del interior, sillas y sofás de madera, cuyo asiento de cuero o de damasco va relleno de cerda y trabajado góticamente". Bueno...

Y también tiene unas observaciones distintas a los espacios de la élite; por ejemplo, se detiene a examinar la vida de las prostitutas. Dice lo siguiente: "Pues las blancas de Caracas, a quienes la suerte ha condenado a ganarse la vida, no tienen a su alcance más medio que el de provocar las pasiones para ganar cualquier cosa, satisfaciéndolas luego".

"Más de doscientas de estas desdichadas pasan al día cubiertas de andrajos en el fondo de sus cuchitriles, que cuidan de tenerlos siempre cerrados, y salen de noche a ganar mediante el vicio". "El burdo sustento del día siguiente". Qué escena tan triste. También dice esto, una observación que sorprendería muchísimo.

Dice: "En las calles de Caracas nunca hay ruido, todos pasan silenciosos, melancólicos, graves. Tres o cuatro mil personas salen de una iglesia y no hacen más ruido que las tortugas caminando en la arena". Bueno, qué curioso esto. Y yo lo vinculo con otra observación en la que es enfático.

Me refiero a la falta de espacios públicos del ámbito ciudadano que él señala y dice: "Si Caracas poseyera paseos públicos, liceos, salones de lectura, cafés, sería ahora la oportunidad de hablar de ellos, pero para vergüenza a esta gran ciudad debo decir que allí se ignoran estas características de los progresos en la civilización. Cada español vive en su casa como en prisión, no sale sino a la iglesia o a cumplir sus obligaciones". Muy triste.

Bueno, y todo esto es difícil de imaginar desde la Caracas de hoy, por supuesto, bullanguera, de puertas afuera cero melancólica. Como vemos, con de Pons tenemos una mirada sobre aspectos poco tratados por los cronistas. Me refiero a la prostitución, los espacios públicos, esta cosa extraña de la gravedad silenciosa de los caraqueños.

Vamos a ver ahora un proyecto abortado de Miguel José Sanz, del licenciado Sanz, que redacta unas ordenanzas en 1802. Bueno, estas ordenanzas se titulaban Ordenanzas para el Gobierno y Policía de la muy ilustre Ciudad de Santiago de León de Caracas, Cabeza de la Provincia Venezuela. Pero el infortunio ha querido que los diez tomos de las ordenanzas de Sanz se perdieran.

Y lo único que se conoce de ellas son párrafos que cita de Pons precisamente en su libro, y es una lástima verdaderamente que se hayan perdido diez tomos de ordenanzas. Voy a citarles algo que recuperó de Pons. Dice: "En Caracas el sistema de instrucción es generalmente malo; aún no ha logrado al niño pronunciar bien las letras, garrapatear y leer sin comprender cuando ponen en sus manos la gramática de Nebrija".

"Sin tomar en consideración que si no sabe hablar bien su propia lengua, leer, escribir y calcular, es ridículo que aprenda latín y se dedique a las ciencias que enseña la universidad, pues en la sociedad se hallará expuesto a muchos desagrados e errores a pesar de que hermosos cordones y gruesas borlas le pregonen doctor". Bueno, y hay otras observaciones críticas de Sanz sobre la educación que se suman a las que hizo Simón Rodríguez en su momento también.

Pero eso lo veremos en nuestro próximo programa porque de este nos queda apenas un minuto, pero lo comenzamos con otras observaciones en las ordenanzas de Miguel José Sanz, que se perdieron y que lo que tenemos está en el libro que escribió François de Pons. Bueno, hasta aquí nuestro programa de hoy.

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