Colombia y Venezuela
19 de octubre de 2019

Colombia y Venezuela. Cap 3

Semejanzas y diferencias

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, en la continuación de las relaciones entre ambos países, las similitudes y las diferencias históricas. Un ensayo de análisis comparado con base en algunos hechos, anécdotas, datos y fuentes históricas también. Por ejemplo, si por una parte los venezolanos pasamos décadas del siglo XIX pagando los servicios a los generales victoriosos en la Guerra de la Independencia y con ello acentuando las preeminencias del caudillo militar por encima de los civiles, de los doctores, en Colombia la verdad es que no ocurrió exactamente lo mismo.

Quizás por eso el imaginario colectivo venezolano pesa tanto la figura del hombre de armas y en Colombia pesa menos, bastante menos. De hecho no son los atributos militares los que se pondrán más en la hoja de vida de Francisco de Paula Santander. Son los civiles, jurídicos o administrativos. Y esta diferencia, como ustedes pueden imaginar, no es menor, aunque también a cualquiera puede pasársele por alto lo que encierra una diferencia de esta magnitud.

Los críticos de la exasperante trama jurídica y burocrática colombiana, que lo es, llaman a esta trama jurídica y burocrática del santanderismo del país, el santanderismo de Colombia, donde todo debe ser diligenciado, judicializado o documentado. Y allá añoran una pizca de ejecutivismo militar. Por lo contrario, en Venezuela el ejecutivo militar, aquel que irrespeta el marco legal y que conduce a que aquel poderoso haga lo que le da la gana, pues los venezolanos tienen una experiencia muy larga en esta materia.

Mientras en Venezuela la falencia o las falencias del Poder Judicial son de larga data y se podría decir además que en los últimos años se han hecho crónicas estas falencias, al punto de que prácticamente algunos consideran que el Poder Judicial no está en sus mejores momentos, como es de suponer de acuerdo con los hechos. Por eso afirmar que el civilismo está más pronunciado en Colombia que en Venezuela también tiene su contraparte y pudiese decirse que el militarismo está más presente en Venezuela que en Colombia. Claro, estamos haciendo una reducción, una simplificación casi que un maniqueísmo, pero en estas simplificaciones se encierran verdades y claro, en el fondo nos estamos refiriendo a ambos en cuanto a su presencia en los ámbitos del poder formal del Estado, no en relación con la sociedad, ya que en este sentido se puede afirmar lo contrario.

No olvidemos que Colombia ha pasado décadas en guerra. Fíjense, si sumamos la década de la violencia política de los años 50 en Colombia más el desafío guerrillero que comenzó en 1964, la suma se acerca a 70 años de enfrentamientos bélicos de menor y mayor envergadura en Colombia. En cambio, en Venezuela no tiene lugar una batalla desde 1903, cuando ocurrió la Batalla de Ciudad Bolívar y concluyó entonces con este enfrentamiento el caudillismo regional.

Una batalla comandada por el entonces vicepresidente de la República Juan Vicente Gómez, mientras gobernaba su compadre Cipriano Castro. Estos ejemplos lo que vienen es a matizar las afirmaciones porque pudiera pensarse que, siendo un país civilista, Colombia, pues sus relaciones sociales están signadas por la civilidad. Y lo cierto es que es un país que pasó alrededor de 70 años en guerra.

Y también pudiera pensarse que Venezuela, si está signada con el militarismo, pues pasaría a una vida en solo combate. De modo que estas categorías nos ayudan a ver un mapa, pero tienen muchas excepciones y no pueden reducirse al maniqueísmo, a lo esencial. De modo que yo las señalo, pero también las matizo, y lo que les acabo de decir las matiza suficientemente. Por otra parte, si en Colombia el civilismo ha conducido al país a las urnas electorales sistemáticamente desde la fundación de la República.

Como bien lo explica el historiador Eduardo Posada Carbó en su lúcido libro Nación soñada. En Venezuela, por su parte, el caudillismo militar en el siglo XIX condujo a 39 alzamientos y revoluciones entre 1830 y 1890, incluida en esta cuenta los cinco años de la Guerra Federal o la Guerra Larga como también se le llamó. Esto no quiere decir que en Colombia no hubo guerras en el siglo diecinueve, por supuesto que las hubo, entre otras la guerra de los Mil Días, famosísima.

Pero la urna electoral siempre estuvo allí en medio de los combates respondiendo a los resortes civilistas que también tenía y tiene la sociedad colombiana. Esos mismos resortes civilistas en Venezuela no siempre han funcionado aceitadamente, se han oxidado muchas veces y el mecanismo de los resortes también se ha trabado en muchas oportunidades. Y, en otras, esos resortes en Venezuela han funcionado ejemplarmente. Y todo esto nos lleva a preguntarnos por qué en el siglo XX Colombia y Venezuela han tenido circunstancias políticas internas tan, tan diferentes y la respuesta supone muchos factores, pero hay uno que sobresale en el tablero por encima de todos.

El petróleo, el petróleo, porque el petróleo dio a Venezuela una fuente de ingresos que Colombia no tuvo y eso creó toda una situación económica y una situación social muy distinta a la colombiana, y la diferencia está en la producción petrolera. Por otra parte, en Venezuela cuando llegan los andinos al poder en 1899 con Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez a la cabeza se articula una voluntad política conducente a acabar con los caudillos regionales, cosa que logra aquel ejército que comienza a tener visos, señas, sesgos profesionales. El ejército de 1903 que aludíamos antes.

Luego en 1910 se crea la Academia Militar, lo que abona este proceso de profesionalización y de consolidación de una institución central para Venezuela como ha sido el Ejército en términos históricos, y este afianzamiento del cuerpo armado ha conducido además a que se vaya erigiendo como un dedo elector, que escoge a quien ejerce el poder, ya que es la única institución sólida de la nación. Que se va consolidando así a lo largo de las hegemonías militar tachirense entre 1899 y 1945. Y a este hecho se va a sumar el descubrimiento de grandes yacimientos hidrocarburos en 1914 y 1922, y esto va a favorecer la consolidación de la dictadura del general Gómez.

En 1928, por escoger una fecha clave, la producción petrolera venezolana desplaza como primer rubro de exportación al café y los ingresos del Estado, por vía de las regalías que pagaban las concesionarias petroleras, aumentan. Será luego, a partir de 1943 cuando los ingresos del Estado se tripliquen. Hasta ese año el Estado percibía entre el 12 y 15% por regalía y a partir de la Ley de Hidrocarburos de 1943 la regalía subió a 16,5%. Pero se le sumó la ley que creó el impuesto sobre la renta, que comenzó a percibir de la actividad petrolera un 30% más.

De modo que de un viernes para un lunes el Estado venezolano pasa de percibir 12% por cada dólar de exportación a 46,5%. Es entonces cuando comienza la carrera del crecimiento inusitado en las arcas fiscales y en pocos años el Estado venezolano comenzó a ser rico, muy rico, el Estado venezolano. En la próxima parte del programa continuaremos. En la parte anterior del programa venía haciéndoles una relación muy sucinta, muy breve, de cómo el Estado venezolano fue percibiendo cada vez una mayor cantidad de ingresos por la vía petrolera.

Y habíamos quedado en la Ley de Hidrocarburos y la ley del impuesto sobre las rentas de 1942-43, y esta percepción de mayores ingresos se va a profundizar todavía más con el famoso 50-50, 50% y 50%, que decretó el presidente Rómulo Gallegos en 1948. Y todavía más con el decreto del presidente Edgar Sanabria en 1958, 10 años después, cuando el Estado venezolano pasó a percibir el 63% y las concesionarias el 37%. Hasta que llega a su cúspide con la estatización petrolera de Carlos Andrés Pérez en 1976, cuando el 100% del ingreso petrolero pasa a manos del Estado Nacional, a través de una empresa petrolera recién creada entonces que fue Petróleo de Venezuela Sociedad Anónima, PDVSA.

Y añadamos que en 1970 la producción petrolera venezolana llegó a 3 millones 800 mil barriles diarios, con un promedio de 2,5 dólares por barril y que a finales de 1973, con una producción relativamente similar, los precios se dispararon a 14 dólares por barril. La cantidad de dinero que entró en las arcas públicas venezolanas fue inimaginable, es decir, el Estado creció todavía más, se hizo inmensamente rico. Este relato anterior es totalmente ajeno a Colombia, una república cuyo Estado ha vivido del cobro de impuestos a partir de las políticas keynesianas entre la primera y segunda guerra mundial en el siglo XX y que no contó hasta años recientes con una producción petrolera mayor a los 500 mil barriles diarios.

La producción petrolera colombiana comenzó a subir a partir del año 2006 y hoy en día la producción petrolera ronda el millón de barriles diarios. A veces los pasa, a veces se queda por debajo, pero tiene ya algunos años alrededor de un millón de barriles diarios. Antes del año 2006, cuando producía cerca de 500 mil barriles diarios, les permitía abastecer el consumo interno de gasolina, pero no tenían ninguna capacidad de exportación. Hoy en día es distinto y la capacidad de exportación de Colombia incluso se ha incrementado.

De modo que hay un cambio importante en el papel de Colombia como productor del petróleo. Pero a lo que nosotros nos estamos refiriendo es que jamás el Estado colombiano contó con la montaña de recursos con que dispuso el Estado venezolano. Esto puede ser motivo de envidia por parte de los colombianos hacia los venezolanos, pero es un hecho en que la economía de Colombia se puede decir que desde este punto de vista es más sana y más equilibrada que la economía venezolana, porque el Estado no es ni ha sido un actor económico desproporcionado. Como viene siéndolo en Venezuela, desde la aparición del petróleo como industria de gran envergadura que podemos fijarlo en 1914, o sea el Estado venezolano en unos 105 años ha dispuesto de ingentes cantidades de recursos y el Estado colombiano no.

Y además los desequilibrios políticos que se plantean en cualquier país cuya fuente de la riqueza esté exclusivamente en manos del Estado son de tal magnitud, que a mediano plazo nadie los desearía. Eso realmente es así cuando el producto de exportación de un país que representa el 98 por ciento de sus exportaciones está en manos del Estado. Exclusivamente se crean unos desequilibrios económicos y políticos de gran magnitud que es muy difícil sortear esos desequilibrios. Los colombianos no lo han padecido como los venezolanos sí lo hemos padecido a lo largo de nuestra historia en el siglo XX y muy particularmente en el siglo XXI.

Y por todo esto que vengo hablando, es que muchos colombianos albergan la imagen de los venezolanos como la de unos hermanos que se sacaron el Premio Gordo o la lotería y que además botaron la plata. Y en cierto sentido esta simplificación, pues de alguna manera, tiene algunos visos de realidad. También habría que preguntarse qué habrían hecho los colombianos en la misma circunstancia. En todo caso, que Colombia la riqueza la produce y la nación con su trabajo es un hecho indudable y que Venezuela, el Estado extrayendo petróleo y vendiéndolo, ha sido el principal generador de la riqueza, es también una verdad indudable.

Y todo este estado de cosas ha llevado a que en el siglo XX las diferencias entre Colombia y Venezuela fueron muy grandes y son, si se quiere, pues las diferencias entre un hermano pobre y otro que se sacó la lotería. No obstante, los últimos 40 años de la economía colombiana razonablemente bien llevada han conducido a una situación que ahora los venezolanos envidiamos: Colombia es un país sin inflación, con crecimiento anual sostenido y con seguridad jurídica. Claro, queda pendiente el tema de la violencia que lamentablemente en estos días se recrudeció con este carro bomba en Bogotá, un hecho que no se veía desde hace muchos años en Colombia, un hecho lamentable verdaderamente.

Y en este orden de ideas, es el momento de recordar que un Estado sin recursos como fue el colombiano no pudo impedir que la guerrilla llegara a ocupar hasta el 40% del territorio nacional y que los carteles del narcotráfico pusieran al Estado contra la pared en los años 80. Para lo primero fue necesario el apoyo de los Estados Unidos y del Plan Colombia. Y para lo segundo también se requirió la asistencia de la inteligencia norteamericana a modificar aquel cuadro, aquella situación que tenía Colombia entre el Estado colombiano, me refiero, entre la guerrilla y el narcotráfico.

En Venezuela la guerrilla sobrevivió apenas siete años y fue derrotada. Y realmente nunca fue una amenaza significativa, el Estado venezolano contó con los recursos para tener unas Fuerzas Armadas equipadas para la tarea. Y ese hecho señala lo evidente: el Estado venezolano, vía explotación petrolera, ha sido notablemente más poderoso que el colombiano sobre todo a partir de 1914, mientras la empresa privada ha podido crecer con mayor holgura y pertinencia en Colombia que en Venezuela. Donde la empresa privada ha competido con un Estado empresario, un Estado interventor que no ha fomentado, que no ha establecido el mejor ambiente para que la empresa privada venezolana se desarrolle.

De lo que vengo hablando, en otras palabras, es de lo que Octavio Paz hablaba cuando se refería al logro filantrópico, se refería al Estado como el ogro filantrópico. Es decir, un monstruo de mil cabezas que en todas partes del mundo dice trabajar por los humildes y termina en medio del populismo comprometiendo el desarrollo, algo así como un padre sobreprotector que impide el crecimiento sano del niño, lo protege y lo asfixia. Este ogro filantrópico del que hablaba Octavio Paz, el gran ensayista mexicano, no ha podido existir en Colombia porque no han tenido los recursos a ese Estado para convertirse en un ogro filantrópico.

Paz hablaba de ese ogro filantrópico porque en México también en algunos momentos de su historia se vivió de cerca esta circunstancia cuando México fue un productor de petróleo muy, muy grande y el Estado era inmensamente rico. Hoy en día ya no es así pero conoció a ese ogro y además lo pudo estudiar en distintos países del mundo. Bueno, este Estado interventor empresario va a depender del ingreso petrolero. Claro, esto tiene un talón de Aquiles importante, pues se depende enteramente al precio internacional del petróleo y esos precios, el precio internacional del petróleo, es un factor incontrolable para Venezuela.

Venezuela no puede incidir en eso y esa es una lacerante verdad, pues la estabilidad económica y política venezolana no depende de factores que Venezuela pueda controlar. Este problema es grande y es un problema que no existe o es infinitamente menor en Colombia, que no depende de la producción petrolera como sí dependemos nosotros. En la próxima parte del programa continuaremos con estas similitudes y diferencias entre Colombia y Venezuela. Ya regresamos.

En la parte anterior del programa veníamos hablando de los recursos con los que ha contado el Estado venezolano y con lo que ha contado el Estado colombiano, una situación muy, muy disímil, muy diferente, y esas diferencias han conducido a que el colombiano de a pie y también el de a caballo sean, como ellos dicen, muy recursivos. Es una expresión muy interesante, recursivo, es decir tienen recursos personales, quiero decir. Como no cuentan con el Estado para salir adelante en la vida, cuentan consigo mismos, solos y nada más y o se hacen recursivos o no sobreviven.

Y volvemos a la metáfora del niño sobreprotegido y al niño abandonado, y es mucho más probable que los instintos de conservación y superación progresen más en el niño abandonado que en el sobreprotegido, aunque el primero crece con un amor que asfixia, mientras el segundo con un amor que asfixia por su ausencia, de modo que nada es gratis. No estoy proclamando que el abandono sea favorable, pero sin duda conduce a que un gentilicio puede ser más recursivo que otro en razón de que no puede contar con el Estado que lo ayude. Es cierto que la habilidad laboral del colombiano es asombrosa, esto quien haya vivido allá lo sabe y también lo sabemos los venezolanos que hemos compartido vida durante 60 años con los colombianos aquí.

Sabemos que son recursivos porque no han tenido ninguna otra alternativa, y esto a la hora de sacar cuentas añade, pues, mucho número a la lista. Y pesa mucho a favor de una sociedad que quiere ser industriosa y que quiere fundarse en el trabajo. Por supuesto otras barreras y otras dificultades existen allá para que eso ocurra, de ellas hemos hablado en anteriores programas también. Y hay otro aspecto que no puedo dejar de comentar y es la disparidad del conocimiento entre una nación y otra.

Me refiero a que a partir de la violencia que estalla ya en Bogotá el 9 de abril de 1948, cuando tiene lugar el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y comienza el Bogotazo, que es un hecho histórico lamentable. Y esa violencia se va a prolongar por una década hasta 1957, pues a partir de entonces las emigraciones de colombianos a Venezuela comenzaron a hacerse frecuentes, muy frecuentes. Todavía más, pero ya en cifras millonarias, fueron las oleadas migratorias de colombianos como consecuencia del conflicto armado en nuestro vecino país, el conflicto armado entre la guerrilla y el ejército colombiano.

Y a eso hay que añadirle también el factor del narcotráfico, sobre todo con los desmanes que cometía el cartel de Medellín en manos de Pablo Escobar Gaviria, también el cartel de Cali, pero digamos que menos estropicios causó en la sociedad, me estoy refiriendo a asesinatos, a carros bombas, etcétera. El cartel de Cali y el cartel de Medellín, por supuesto, esto no excusa a ninguno ni a otro. Es un factor añadido al que vengo señalando, un factor que va a sumar también la cantidad de colombianos que emigraron a Venezuela a partir de 1964 y hasta nuestros días, cuando empezó el proceso contrario, que es el éxodo de venezolanos hacia Colombia.

¿De dónde venían en su mayoría esos colombianos que pasaban la frontera para venir a vivir con nosotros en Venezuela? La mayoría eran provenientes de la costa, los costeños, y del Norte de Santander, que es el departamento colindante con el estado Táchira. Es el departamento donde está Cúcuta y muy cerca también está Pamplona, otra ciudad importante, y más hacia adentro está Bucaramanga. Pero además venían colombianos a Venezuela por esa zona tan flexible que son los llanos, los llanos venezolanos y los llanos colombianos, apenas dividida la frontera por un río, o el río Apure.

El llanero venezolano y el llanero colombiano, desde el punto de vista cultural y antropológico, eso es exactamente lo mismo, el mismo joropo, las mismas costumbres, las mismas fuerzas de la naturaleza que hay que domesticar, las mismas vocaciones ganaderas, es exactamente la misma gente. Y yo puedo afirmar con seguridad que por lo menos dos generaciones de venezolanos hemos crecido con los colombianos al lado, codo a codo como hermanos, porque ha habido muchos colombianos en Venezuela. De modo que nos son familiares escenas, vocablos y expresiones, al punto en el que ya muchas de estas palabras forman parte del lenguaje común del venezolano.

La lista es muy larga, pero me refiero al orden gastronómico, por ejemplo aquí hoy en día hablamos de patacones, hablamos de carimañolas. Hablamos de una cantidad de vocablos con que se designan piezas de la gastronomía en Colombia y que ya son moneda común en Venezuela. No ha ocurrido lo contrario porque los primeros venezolanos que han emigrado a Colombia son fruto de los conflictos de los últimos años, cuando comienzan a migrar los venezolanos a Colombia, quizás en el 2008, 2009 o 2010, hasta las cifras de los últimos años que son al parecer muy altas. Y de modo que el conocimiento que nosotros tenemos de los colombianos porque han vivido con nosotros por lo menos durante dos generaciones, prácticamente casi 60 años, es mucho mayor que el que tienen los colombianos de nosotros.

Claro, también está la circunstancia de que hay muchos venezolanos y colombianos binacionales, gente que ha ido y venido que tienen las dos nacionalidades, porque la Constitución de Colombia y la de Venezuela lo permiten felizmente. Que tienen las dos nacionalidades, que son hijos o nietos de padre colombiano o padres venezolanos, o sea que se ha ido creando un estamento importante también que pudiéramos llamar de binacionales, de colombianos que son venezolanos y de venezolanos que también son colombianos. De modo que es un hecho evidente que cualquier venezolano a lo largo de su vida entra en contacto con un colombiano por cualquier motivo, aunque no pueda señalarse lo mismo en Colombia salvo a partir de los últimos años cuando los contingentes migratorios de venezolanos a Colombia se han incrementado enfáticamente por las razones que todos conocemos.

Por supuesto no solo Colombia, también Ecuador, también Perú, Chile, España, los Estados Unidos, etcétera, por la situación social, económica y política que Venezuela ha estado experimentando. De todas estas observaciones que hemos venido haciendo en estos tres programas debo añadir una advertencia: la experiencia que yo relato es bogotana y se me puede decir con razón que Colombia no es solo Bogotá. Eso es cierto, pero también es cierto que la mayoría de los colombianos son habitantes en la región cordillerana del país y que los costeños alcanzan a representar un 20 por ciento de la nación, y los llaneros colombianos es un porcentaje ínfimo, de modo que hacer referencia o pensar que si estamos hablando de los montañeses bogotanos, estamos hablando de una minoría.

No, lo contrario. Los costeños son los que son la minoría en Colombia, representan el 20 por ciento de la nación. Los llaneros es un porcentaje todavía menor. Es casi ínfimo el porcentaje, de modo que cuando hablamos de un bogotano y un montañés estamos hablando de la mayoría del gentilicio colombiano, en el sentido de que son andinos todos. Son cordilleranos, vamos a llamarlos así, ya se trate de la Cordillera de la región cundiboyacense o del Eje Cafetero, o de Antioquia, pero son todos habitantes de la Cordillera de los Andes.

Quienes se salen de ese esquema son los costeños, que son caribeños, aunque ellos como siempre se refieren a la costa atlántica, o llaneros, y que son los mismos llaneros venezolanos desde el punto de vista cultural. De modo que, hecha esta salvedad, debemos señalar que nos hemos venido refiriendo fundamentalmente a las experiencias bogotanas que he tenido, pero también esa Bogotá recoge en un alto porcentaje el gentilicio y la idiosincrasia colombiana. No se puede decir lo contrario, no se puede decir: no es que es bogotano, eso nos representa Colombia. No, no es así realmente, el bogotano y el cordillerano forma parte de la mayoría colombiana en términos culturales y antropológicas, de modo que recoge un alto porcentaje lo que pudiéramos llamar al espíritu nacional colombiano, hechas las salvedades que hemos hecho en programas anteriores según la cual Colombia está integrada por por lo menos 5, 6 o 7 países distintos porque son enclaves con singularidades en sus gentilicios muy marcadas.

En la próxima parte del programa concluiremos con estas reflexiones, este intento de análisis comparado de Colombia y Venezuela. Ya regresamos. En la parte anterior del programa estábamos señalando sobre qué región pudiera ser mayoritaria como para definir al gentilicio colombiano y es realmente algo muy difícil de establecer. Sin embargo, porcentualmente lo cierto es que el colombiano en su mayoría es montañés de alguno de los ramales de la cordillera de los Andes, porque la región caribeña y la región llanera, siendo muy extensas en territorio, no obstante son muy reducidas en población.

Estoy incluyendo en la región costeña a La Guajira, que también es una zona muy despoblada de Colombia, salvo pues Riohacha, que es una ciudad de pequeñas dimensiones, pero yo, que he trabajado toda La Guajira desde Paraguachón hasta Santa Marta, Barranquilla y Cartagena en carro, puedo asegurarles que se trata de un desierto, ese territorio prácticamente desolado, desértico, además de una gran aridez. Salvo esta población de Riohacha y en el Cabo de la Vela quizás algo, pero es muy poco el número de pobladores que hay allí. Ahora también pudiéramos hacer un ensayo de similitudes y diferencias.

Y realmente quienes somos distintos somos los venezolanos caribeños y los colombianos caribeños, que ellos llaman costeños, de los montañeses. Allí es donde están las mayores diferencias, es muy distinto ser un colombiano de Barranquilla que un colombiano de Bogotá y es muy distinto ser un venezolano de Cumaná o de Coro que a un colombiano de Bogotá. Sí son muy similares los costeños colombianos y los caribeños venezolanos de cualquier parte, son muy, muy similares, porque el Caribe, la vida a la orilla del mar, nos hace muy similares entre nosotros, siendo venezolanos o colombianos. De modo que la alteridad verdaderamente polar, o sea lo que es francamente diferente, es la circunstancia personal que tienen los venezolanos caribeños y los colombianos cordilleros.

Allí es donde están las mayores diferencias. De hecho los tachirenses, los merideños y los trujillanos, venezolanos, esos tres estados andinos nuestros forman parte, si me apuran, de la misma familia cultural que integran los habitantes del Norte de Santander. Y así como de hecho muchas familias históricamente son de una banda u otra, bueno hay muchos ejemplos, Carlos Andrés Pérez, por ejemplo, su padre era colombiano. Carlos Andrés Pérez nace en Rubio y su padre era de Colombia, y su familia paterna y materna durante generaciones acostumbraban a pasar una frontera u otra, porque históricamente esas fronteras entre el Norte de Santander y el estado Táchira han sido muy permeables, muy fáciles, muy flexibles.

Y otra relación que es prácticamente la misma desde el punto de vista cultural es la de los llaneros venezolanos y los llaneros colombianos, que forman un idéntico conjunto cultural. De hecho en Colombia muchas veces escuché que Alma Llanera era una canción colombiana, a ellos no les pasa por la cabeza que fuese una canción venezolana porque están convencidos de que nació en el llano colombiano. Cierto o no, lo cierto es que el llano colombiano y el llano venezolano es el mismo, el mismo espacio, el mismo enclave, eso que los historiadores llaman el mismo hinterland, de modo que eso es exactamente lo mismo.

El juego de contrastes, como vengo insistiendo, se da entre los caribeños y los llaneros de cualquiera en los dos países y los cordilleranos, emblematizados en los bogotanos y en los antioqueños. Bien, hemos llegado al final de esta primera etapa, este ensayo que hemos hecho de análisis comparado. Yo podría añadir otras observaciones que abonaran aún más esta tierra que venimos ventilando sobre las similitudes y diferencias entre Colombia y Venezuela, pero no quiero ser redundante. Y varias de estas observaciones que he consignado pudieran, intuyo yo, que pudieran ser valiosas para iniciar un camino de investigación.

Hay otras que no estoy seguro que puedan llevarnos muy lejos si hablamos del hilo de Ariadna, me refiero, que nos pueden llevar muy lejos como investigación sobre las similitudes y diferencias entre Colombia y Venezuela. En todo caso, esta primera aproximación que continuará en los siguientes programas de Colombia y Venezuela ha estado enfocada en un ensayo impresionista, vamos a decirlo así, de algunos aspectos que nos hacen similares o muy diferentes a Colombia y a Venezuela. Por supuesto yo siento una profunda gratitud por muchísimos colombianos que me tendieron sus manos en los años en que viví allí y puedo decir que llevo a Colombia sembrada en un lugar caliente y muy privilegiado de mi corazón y de mis afectos.

Bien, en los próximos programas continuamos con otros aspectos de Colombia y Venezuela. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano, Fernando Camacho; en la dirección técnica, Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Ha sido un gusto hablar para ustedes, hasta nuestro próximo encuentro.

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