Serie los de podio 4
30 de agosto de 2026

Serie los de podio 4. Carlos Machado Allison

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Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio. Recuerda que nos puedes seguir en Instagram como @PisoLaCultural y también puedes seguir la transmisión en vivo en www.MundoVR.com. Bienvenidos todos a Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, en la cuarta temporada de Los del Podio.

Y hoy tenemos el gusto de tener en el estudio al doctor Carlos Machado Allison, individuo de número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, y además un profesional con una extensa y destacadísima carrera. Bienvenido, Carlos. Muchas gracias por la invitación.

Carlos nació en Long Beach, California, en 1938, hijo de Eduardo Machado y la señora Allison, que no recuerdo su nombre. Gertrude. Gertrude Allison.

¿Qué hacía? ¿Por qué tú estabas allá? ¿Cuál era la circunstancia de tu familia que te lleva a nacer?

Bueno, mi madre era norteamericana, hija de un alemán que llegó a los Estados Unidos el mismo año que llegó el abuelo de Trump, solo que tomaron rutas distintas. Mientras Trump y su familia se dedicaron a hacer dinero, mi abuelo se dedicó a formar sindicatos. Estaban del otro lado, pero el apellido, que era Wagenst, no se conservó en la familia porque mis abuelos se divorciaron y mi abuelo materno se fue a las Filipinas y de ahí también tuvo que salir escapado y perseguido.

Y tu padre estaba en el exilio. Mi padre estaba en el exilio, conoció a mamá durante la depresión en Nueva York. Ok, el 29.

El 28-29. Pero poco tiempo después mi padre fue acusado en los Estados Unidos de intentar derrocar el gobierno norteamericano junto con un chino y un italiano. Y unas navajitas, probablemente. Lo deportaron; a lo mejor mi papá tenía ganas de hacerlo, pero obviamente no tenía ni los medios ni el poder para lograrlo.

Claro. Entonces mi papá se fue a Europa, primero a España, después a Francia y posteriormente a la Unión Soviética. Mi hermana mayor nació en los Estados Unidos en el año 32, mi madre se reunió con papá en la Unión Soviética y regresaron a México y, estando en México, mi mamá quedó embarazada y fue a California a dar a luz.

Y naciste tú. Y nací casualmente ahí, pero obviamente mi papá no podía estar. Sí sé de la presencia de mi papá en México, porque hay una fotografía que conservo donde está él junto con Miguel Otero Silva, Salvador de la Plaza y alguien más.

México siempre fue como una suerte de refugio para los exiliados políticos latinoamericanos. No solo venezolanos, sino... Tú desarrollas, tú inmediatamente regresas a México con tu mamá, entiendo, y estudias la escuela primaria en México o te quedas en los Estados Unidos. De México, mamá viaja a México en el último barco japonés que recorre el Pacífico y llega al puerto de Manzanillo y de ahí por autobús hasta la Ciudad de México.

De México se van a Colombia y en Colombia llegan a la casa, son alojados temporalmente por un pariente tuyo. ¿Sí? ¿Por quién?

José Tomás Jiménez Arráez. Claro, por supuesto, un primo hermano de mi padre. Primo hermano de tu padre, en Bogotá.

Y en Bogotá, junto con mi tío Gustavo, tienen una librería y tratan de entrar en Venezuela. Desde antes ya lo habían intentado, pero obviamente con López Contreras lo expulsaron en este famoso barco, el Falke. Claro. No, no era el Falke, es la expulsión del otro barco.

Y ahí entonces regresaron primero a Cuba y luego a México. Y todo esto contigo en brazos. Sí.

¿Y dónde te estableces tú y empiezas a estudiar? Mi primer recuerdo, muy breve, son de Bogotá; tenía tres o cuatro años. Recuerdo el perro que tenía el primo de tu padre en una azotea.

Recuerdo Zipaquirá, las minas de sal. Claro, las minas de sal. No eran minas de sal; no era el centro turístico que es actualmente.

Y recuerdo los hombres con el sombrero en la cara que dormían en el Parque Nacional de Bogotá, que es un lugar muy bonito. Lo sigue siendo. Y recuerdo un comentario de mi madre: seguro yo le pregunté qué hacían esos señores ahí y me dijo: “Son vagos que, en lugar de trabajar, están durmiendo la siesta”.

Mi mamá siempre pensó que siestas y feriados y todas estas cosas eran formas de mantener la pobreza, y no le faltaba razón. Bueno, pero ¿dónde estudias la escuela primaria? ¿Ya en México?

No, en Caracas. ¿En Caracas? En Caracas.

En el colegio de la señora Arnal, en La Florida, hasta el cuarto año de primaria. A partir de ahí, por razones que no sé cómo llamaría exactamente, pero era mixto hasta el cuarto grado; quinto y sexto lo hago en el colegio Santa María de los hermanos Ruán, en Sabana Grande. Todavía no era del Olavo. No, no, no, no tiene nada que ver. No tiene nada que ver. El colegio y liceo Santa María era regentado por los hermanos Ruán. Todavía uno de ellos es médico connotado, miembro de la Academia de Medicina. Un abogado, sí, Gabriel, Gabriel Ruán. Y ahí eran profesores personas como Helio Gomes Grillo y Guillermo Morón.

Ok, que ambos eran egresados de la Normal Superior, aunque posteriormente estudiaron otras carreras. No, sí, pero eran jóvenes profesores de bachillerato. De primaria. De primaria, sí. Bachillerato. Yo comencé en el Fermín Toro. Muy bien. A la semana me expulsaron porque yo me portaba muy bien, pero la expulsión fue porque mis padres se negaron a firmar una caución en la cual se comprometían a que el hijo no iba a tener ningún tipo de actividad o participación política.

Claro. Ya estábamos en la década militar y, aunque yo no tenía ninguna intención de hacerlo, porque claro, como yo nací en el seno del Partido Comunista, desde muy temprano desarrollé alergia hacia la disciplina partidista. Vale, estaba vacunado. Como mi padre nació en la casa de un liberal, bueno, yo nací en la casa de un comunista y soy bastante liberal.

¿Así que te vas a estudiar la carrera en México porque al papá lo vuelven a expulsar y tú te vas con tu padre y tu madre? Yo tenía solo 12 años. Del Fermín Toro pasé al Urdaneta y terminé otra vez donde los hermanos Ruán, sí, pero por un lapso muy breve. Ya en octubre de 1950 también llegué a México y ahí hice el bachillerato en un colegio español, un colegio fundamentalmente de republicanos españoles.

¿Y te gradúas como biólogo en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1960? De hecho, en el 59 y el 60 se emite el título, porque en México los títulos los emite no la universidad, sino un organismo que se llama la Dirección Nacional de Profesiones. Ya eso llevaba un poquito de tiempo.

¿Y la biología había sido una vocación temprana tuya o te debatías con otras posibilidades? Yo estaba enamorado de mi profesora de biología, llamada Josefina Paniagua. Claro. Y ella me prestó un libro bien conocido, Cazadores de microbios, de Paul de Kruif, y eso me hizo sentir que yo quería ser investigador. Pero, como no sabía que existía la carrera de biólogo, que nadie me había informado, hice un año de medicina.

Hasta que viste que... Afortunadamente, yo terminé bachillerato a los 15, entonces muy joven. Mientras la universidad... Ese año de medicina fue en el Palacio de la Inquisición, que está en todo el centro de México, claro, donde ahora está el Museo de Anatomía. Fue toda una lección de madurez, porque tenía que lidiar en un mundo de adultos siendo yo todavía un muchacho, un infante.

Pero te vas muy pronto. Cuando te gradúas, ¿te vas a especializar en entomología en la Universidad de São Paulo? São Paulo. Bueno, yo regreso a Venezuela y trato de incorporarme a la Universidad Central, pero entre dos personajes que hicieron historia en la Facultad de Ciencias, Alonso Gamero y José Vicente Escorsa, sí, me inducen a solicitar una beca ante el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, que para la fecha estaba dominado por médicos. Creo que la mayoría no sabía qué era un biólogo; pensaban que era un técnico.

Entonces yo pedí una beca para ir a hacer el doctorado en el Instituto Pasteur de París y me mandaron a hacer un curso de especialización en São Paulo. Agarraron para otra dirección totalmente. Pero después hiciste un doctorado en genética en la Universidad de Notre Dame. Sí, pero varios años después. Pero ya habías entrado en la carrera universitaria. Sí, es que, de hecho, mi incorporación ocurrió antes de irme a São Paulo.

Perfecto. Fuiste, entraste, te dieron la beca, fuiste a São Paulo, regresaste y empezaste a dar clases. ¿Cuáles eran las materias? Comencé por zoología general. Sí, posteriormente sistemática de invertebrados; más adelante, entomología, entomología médica y después, en el posgrado, genética de poblaciones y biología de poblaciones.

Para nuestra audiencia, ¿qué es la entomología? El estudio de los insectos. Y claro, los insectos son tantos: la entomología médica, la entomología agrícola, la entomología económica. Hay entomología alimentaria, porque también los insectos son parte de la dieta en muchos países. No sé... Bueno, las hormigas se comen. Las hormigas, y en México los saltamontes, que tostados son muy sabrosos, y las orugas de la mariposa también, en el maguey. Lo usan no solo para colocarlo en un licor, sino también como un pasapalo frito, y saben bastante parecido a un tequeño.

Uno lee tu currículum, Carlos, y se queda asombrado con una vida académica completísima y larguísima. Estuviste 25 años dando clases en la Universidad Central; tuviste experiencias en el Instituto de Medicina Tropical, en Inglaterra, en el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México. Fuiste distinguido con las órdenes Andrés Bello, José María Vargas, Mérito al Trabajo, el premio Francisco De Venanzi, etcétera. Y te jubilaste de la Universidad Central después de una larga carrera como profesor y como investigador también, porque tu lista de publicaciones es importante. ¿En qué te especializaste en particular en la investigación científica?

Bueno, yo comencé estudiando ectoparásitos. Ok, toda esta colección de bichos que la gente considera repugnantes, como piojos, pulgas, garrapatas, chipos; todo animal que se alimenta de sangre, que son muy diversos y muy amplios. No solo insectos, sino también hay arácnidos, como son los ácaros, y sobre todo tropicales.

¿No tropicales? Estos bichos, en el norte o en el sur extremo, existen menos. No, sí hay, sí hay, sin duda. Serios problemas de la famosa fiebre manchada de las Montañas Rocosas y el tifus exantemático son comunes en países fríos y son transmitidos por garrapatas.

Y esas investigaciones tuyas con estos insectos conducían a que pudiesen crear... ¿Qué sentido tenían? No, no era investigación aplicada; era investigación básica. Sí, era simplemente encontrarlos, descubrirlos, saber cómo funcionaban y conocer su morfología. Yo describí un buen número de especies nuevas de ácaros no conocidas para la ciencia.

Pero después de hacer el doctorado me cambié de campo. Ok. Y me dediqué a los mosquitos. Muy bien. En particular, mi tesis doctoral fue sobre eso. Pero eso incluye a los zancudos. Los zancudos y mosquitos, lo mismo. Siempre creí que era distinto. El mosquito de guarapo y el zancudo, que es el de patas largas... Mosquita es una cosa y mosquito también. El término mosquitos es un genérico que se aplica a bichos muy distintos. También se usa la palabra jején.

Ahora, mosquitos y zancudos son dos palabras que derivan del italiano. Ok, de zanzara. Zanzara es “mosquito” en el dialecto de Roma y mosquitos es el término que se utiliza en el sur, y nosotros lo adaptamos como zancudos y mosquitos.

En esta área tampoco existe investigación aplicada, ¿o sí? No hubo vínculo siempre con... Claro, ¿con quiénes hacía investigación aplicada? En particular, porque trabajaba con organismos que transmiten virus, fundamentalmente, y otros mosquitos que se crían en bromelias, se crían en riquirriqui, se crían también en todas las plantas que retienen agua. Pero el interés fundamentalmente era ecológico, porque esos recipientes de agua son como microecosistemas que uno puede, en un lapso breve, analizar: la sucesión de especies que van creándose ahí hasta que el sistema desaparece.

Entonces ya era de tipo ecológico. Ya integraste también diversas instancias del Conicit, el Consejo Nacional Científico y Tecnológico, que fue muy importante en Venezuela. De esa etapa que estuviste allí, que fueron varios años, ¿qué queda de la calidad de la investigación científica en el país en aquella época?

Sí, creo que me tocó un período muy importante. Yo lo llamaría el período de oro de la investigación científica en Venezuela. ¿Cuál sería, Carlos? Este período que va de 1970 a 1984-1985, antes de que comience el declive de nuestra economía en el 83. Claro, el viernes negro. Ya la curva de crecimiento económico se va aplanando en el 77-78 y hace crisis.

En ese período, todas las instituciones científicas y las universidades logran formar, en las mejores universidades del exterior, una generación de científicos que hoy están, en su mayoría —los que no han fallecido—, trabajando en universidades del exterior con mucho éxito. Algunos de ellos, como Rice, llegó a ser presidente del MIT.

Ralph, o Rafael, creo que se llama, de la Universidad de Carabobo. El ingeniero Caraballo. Pero también fue de los que tuvieron becas, primero del Consejo de Desarrollo de la Universidad y posteriormente del programa de Gran Mariscal.

Ya escucho. Decías que hubo quizás algunos errores. Conocí algunos becarios con estudios sabáticos en Londres que no deberían estar, pero, en fin, fue un esfuerzo importante.

Pero yo ya desde el Conicit comencé a alejarme del laboratorio, aunque permanecí en contacto con mis estudiantes y alumnos hasta 1988-1989. Me dediqué a lo que se llama la política científica, a redactar documentos sobre cómo debería hacerse ciencia, y a la gerencia. Yo había sido director de la Escuela de Biología y subdirector del Instituto de Zoología Tropical, y decano encargado en un par de oportunidades.

Y estando en el Conicit, donde tuve una magnífica relación con dos de los presidentes, con quienes compartía ideas, nombraron a un tercero con el cual no las compartía. Recibí una invitación para pasar a la gerencia de la Fundación Instituto de Ingeniería, lo cual fue un salto cuántico a otra profesión.

Y estando ahí vino una invitación de Jonathan Coles para que yo dirigiera el Instituto de Investigaciones Agrícolas del IESA. No, del país. Del país, el ministro de Agricultura. Yo creía que él me estaba llamando para discutir un proyecto que le habíamos presentado desde el instituto, en el área donde intentábamos hacer estadísticas con imágenes satelitales. Habíamos tenido algunos proyectos de mucho éxito con PDVSA, con el estudio de la franja del Orinoco, antes de que comenzara esto de la década del 80.

Pero cuando llegué a la oficina de Jonathan Coles, tenía una labia increíble. Me convenció de que, aunque yo no conocía la diferencia entre un repollo y una zanahoria, aceptara la presidencia del instituto, porque él decía que lo que él quería era alguien que organizara el instituto y no hiciera investigación.

Este se llama el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias. En la actualidad, en aquella época se llamaba FONAIAP. FONAIAP, Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuarias. Correcto. Y ahí estuviste del año 91 al 94. 94.

Y en tu carrera, tu vida profesional tomó otro camino, un rumbo totalmente... Abandonaste a los insectos y empezaste a ver los alimentos, alimento, agroindustria, producción, todo este mundo que es muy complicado, que va desde el suelo hasta la mesa del consumidor. Por supuesto. Yo trabajo en los últimos años en lo que se llama sistemas agroalimentarios.

Muy bien. Estamos hablando con el doctor Carlos Machado Allison, en esta cuarta temporada de Los del Podio, y vamos a un corte.

Ya regresamos. Regresamos en esta gratísima conversación con Carlos Machado Allison. Dejamos nuestra conversa en que te cambiaste, en el año 94.

Cuando termina mi gestión en el FONAIAP, que yo lo llamo mi servicio militar obligatorio, pero te gustó porque estuve tres años en el gobierno. Son los únicos donde he estado. Oye, mira, sí, hubo experiencias muy interesantes, sin la menor duda. No siendo miembro de un partido y encontrando focos de corrupción que había que limpiar, y supernumerarios que había que despedir, pues tuve algunas relaciones ingratas y no pocos insultos.

Pero, al mismo tiempo, también la satisfacción de haber negociado con el Banco Interamericano de Desarrollo un proyecto para formar 400 venezolanos en universidades del exterior.

Qué interesante, porque además, en el segundo gobierno del presidente Pérez, él incluye gente que no formaba parte de Acción Democrática, que es el caso de Jonathan Coles y el caso tuyo también, Ricardo Hausmann, Miguel Rodríguez, Naím, etcétera. Hay una, Julían Villalba también, que falleció poco después.

Y después, en el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, funges como especialista internacional y entras en el IESA. Que es un cambio importante. En América Central. En América Central estuviste entre el 95 y el 98. ¿En cuáles ciudades de América?

En todas. En todas, sí. Yo tenía sede en Tegucigalpa, pero tenía que recorrer toda América Central y Panamá, haciendo reconstrucción de los institutos de investigación agrícola, tratando de introducir prácticas gerenciales modernas y también de tener orientaciones y proyectos de una mayor magnitud.

¿Esto es un organismo de las Naciones Unidas? No, es de la OEA. De la OEA, igual que la Oficina Sanitaria Panamericana. Y el vínculo nació unos años antes con la Oficina Sanitaria Panamericana, que también hizo una consultoría para ellos en América Central y Panamá.

En esa época, ¿cómo estaba el desarrollo institucional en esta área, en Centroamérica? En Costa Rica, bastante bien. Suele ser así. Nosotros... Claro, nosotros realmente... Sigue siendo un misterio, porque Costa Rica es un país, bueno, casi que un país desarrollado, del primer mundo, y rodeado por circunstancias muy distintas.

Porque Costa Rica fue quizás, por la apacibilidad del altiplano costarricense... Ahí está la sede del IICA y está también la sede de un instituto de investigaciones agrícolas importante, que está ubicado en Turrialba, que también tiene un carácter internacional.

Bien, Carlos, y llegamos a tu entrada en el IESA como coordinador del Centro de Agronegocios del IESA. Ibas a estar... Entras en 1998 y haces una carrera también académica larga en el IESA. Y bueno, todavía ahí estás. Cuéntanos de esos inicios.

He estado en ese centro en varias condiciones. No, el centro ya desapareció. Esto nació en Guatemala. Había una reunión del Banco Interamericano de Desarrollo en la ciudad de Antigua, bellísima ciudad. Ahí apareció otra vez Jonathan Coles y entonces comenzamos a hablar. Jonathan dijo: “Bueno, él estaba coqueteando en esa época con su posibilidad de ocupar la presidencia del Consejo Superior del IESA. Entonces me dijo: ‘Me gustaría que tú regresaras a Venezuela y te incorporaras al IESA, y vamos a crear un centro de agronegocios. Hay financiamiento para dar los primeros pasos’”.

En efecto, había un dinero que habían puesto varias empresas, varias agroindustrias venezolanas importantes. Entonces se adquirió un espacio dentro del IESA, pero pronto otra vez caí en las trampas de Jonathan. Me dijo: “Bueno, ahora que me nombraron presidente, yo quiero que tú me acompañes en la gestión como director de investigaciones del IESA”.

Es una suerte. Ahí estuviste del 2001 al 2003. 2003. Lo que no me dijo Jonathan es que los estatutos del IESA establecían la jubilación compulsoria a los 65 años. Entonces tuve que renunciar, pero me declaré en rebeldía. Tuve que renunciar al cargo, pero me quedé en el IESA.

¿Y te aceptaron? Me quedé en la oficina sin decir absolutamente nada. Me quedé en la oficina y te quedaste tres días. Después ya me estaban dando trabajo otra vez.

Otra vez, pero ya en una condición distinta, como profesor contratado, como asociado, como lo quieran llamar. De modo que te gustaba la docencia. Esos años de la Central y del IESA, ¿te hicieron un profesor a gusto con la tarea? Sí, y más que nada yo ejercí funciones de coordinación.

Entonces fui el coordinador de Gerencia para Ingenieros, que fue uno de los programas más añejos del IESA. Se hicieron 120 programas a lo largo de 30 o 40 años. Luego también coordiné el programa de gerencia de servicios para la banca y después comencé con el programa actual de agronegocios, que ya lleva 16 años y que se ha dictado en Maracaibo, en Barquisimeto, en San Cristóbal, en El Vigía, en Valencia y, en los últimos años, de manera virtual desde el IESA.

De modo que mantengo esa relación, pero ya no tengo oficina. Ya realmente no voy con la frecuencia del caso, sino que trabajo desde la casa. Y además, en este momento, estamos en el dictado de ese programa.

De ese programa eres autor de 152 publicaciones científicas, incluyendo 16 libros; has sido editor de otros tres más, columnista de El Universal y autor de dos novelas. ¿Por dónde quieres...? Con cuatro. Son cuatro, están las cuatro publicadas. Sí, sí. Háblanos de esas cuatro novelas, que se salen totalmente del marco que venimos desarrollando.

Sí, una para uno: La casa de Alta Gracia. Ok. Son... En el sentido anglosajón, es una saga. Hay pocas sagas en la literatura latinoamericana. Es cierto. Recorre la historia de una familia a lo largo de varias generaciones. La casa de Alta Gracia tiene ese sentido, como en inglés, de “house”. La casa, claro. Sí, sí, es una dinastía, es una... Igual, dinastía. Es inspirada en hechos reales, hechos reales parciales, inventado; tiene de todo.

Ocurre en los valles de Aragua, que yo conocía bastante bien, y son productores agrícolas llegados de España en 1750, que van pasando, generación tras generación, por muchas vicisitudes de la guerra de Independencia, la guerra Federal, las montoneras, los caudillos. Es una historia novelada del siglo XIX venezolano, de 1750 hasta el gobierno de Gómez. La parte más reciente no está.

Eso se publicó primero como un libro aquí en Venezuela y posteriormente fue publicado en el exterior, en tres volúmenes. Ya eso está en Amazon y en otras... Se consigue, pues, para quienes quieran.

La otra historia es de misterio, ya, pero vinculada a la producción de fármacos en la Amazonía. Ok, ¿y el caso policial? Algo así. Sí, porque hay un vínculo y hay un choque con el tema del narcotráfico. Hay un gerente de una multinacional de la farmacia que, a la par, es un narcotraficante. Entonces entra en choque con el personaje central, que es un botánico que está haciendo exploración de productos naturales en la Amazonía.

De modo que ahí volví un poco a la biología. Y te incorporaste a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales en el año 2009. ¿Cuál fue tu discurso de incorporación? ¿Qué sillón ocupaste? Ya que en la Academia de Ciencias eso de los sillones es como... Yo creo recordar que estaba en el sillón de Alfredo Jahn, el sillón 12. 12. ¿Y el tema? O los temas, tanto pasar de miembro correspondiente a individuo de número, fue “La crisis de la agricultura y la industria en Venezuela”. Es una investigación de tipo libresco, si quiere, conceptual, tratando de entender y explicar esta gran paradoja.

Todavía requiere nuevas... Todos los días requiere nuevas explicaciones. En este programa de agronegocios, cada año tengo que hacer cambios sustantivos en el contenido, porque ocurren cosas en el país y en el mundo que van alterando profundamente nuestro perfil agropecuario y agroalimentario.

Ahora, ¿qué incluye lo agropecuario? Hace dos días leí que Venezuela tiene el rebaño de búfalos más grande de América Latina y es el cuarto del mundo. Sí, es algo que me asombró mucho. Ya anda por un millón de cabezas. Eso es mucho. Eso fue una iniciativa que comenzó por Pablo Moser, en Gapura, en La Guanota. En La Guanota. Y Chucho Releti también. Y Chucho Releti. Y eso se ha venido extendiendo, porque los búfalos poseen un material genético adecuado al trópico.

Recuerden que el ganado vacuno es subtropical esencialmente. No es de la India, no, de la llanura euroasiática. Euroasiática. El ganado tiene su origen en el Cáucaso. Sí. Y muchas de las razas Holstein, etcétera, lecheras por excelencia, no se dan nada bien en el trópico. Aquí, si se consiguen 12 litros de leche en una vaca, es mucho; en el de allá, 20... 100. 100, imagínate. Hay vacas de 100 y 110 litros en los Estados Unidos.

O sea que tiene sentido lo de los búfalos. Tiene mucho sentido. La leche tiene tres veces más grasa que la leche vacuna, de modo que es muy apropiada para esta peculiar cultura que tenemos del queso artesanal. Claro, que es único en el mundo.

Sí, felizmente. No sé si felizmente, porque si tú le das una tajada de queso artesanal a un sueco recién llegado, a lo mejor ha muerto en el acto. Pero nosotros estamos llenos de anticuerpos que nos protegen, porque muchos de ellos no tienen ni pasteurización, ni marca, ni origen conocido.

Y tengo una anécdota de haber estado en una quesera en una oportunidad y ver que tenían una manga de coctelera de café colgada de la pared. Se me ocurrió que eso era lo que utilizaban para meter el cuajo en la tolva con la leche. Le pregunté al quesero: “Mira, ¿y eso es para meter el cuajo?”. “No, eso es para sacar las moscas”. Ah, caramba. Imagínate. Y, en efecto, la pared, que era de mosaico, estaba llena de salpicaduras de leche con moscas aplastadas.

Y uno tiene la impresión de que en años recientes, en los que el Estado venezolano, sin recursos, se ha retirado de su influencia en el campo agropecuario, la situación ha mejorado a través de la empresa privada. ¿O me equivoco? Sí, pero no por el retiro del Estado de la producción primaria. Ahí están todavía. Aquí hay cosas que son muy extrañas. Es un país, como tú bien lo sabes, como historiador, de eventos paradójicos.

Todavía las Fuerzas Armadas tienen como 300 empresas. De ahí el nombramiento del exministro de la Defensa como ministro de Agricultura. Claro. Porque él sí sabe de eso, además de egresado del IESA. Él hizo el programa avanzado de gerencia en el IESA hace muchos años. Ah, caramba. Sí. No es que haya mucho orgullo por eso, pero, en fin. Pero sí tiene competencias en el agro.

Sí, nuestra producción llegó a ser de 20 millones de toneladas de alimentos, 800 kilos por persona y por año, en el mejor momento. ¿Qué año fue? ¿Qué año fue? En 2007. 2007 fue durante el gobierno de Hugo Chávez. Un crecimiento, porque sí hubo cierto apoyo por parte del gobierno, siguiendo la tradición del uso de la renta petrolera a través de subsidios, de agua gratis, etcétera.

Y hoy en día, ¿en cuánto estamos? La caída fue tan brutal que llegamos a 9 millones de toneladas, menos del 50 por ciento. Ya ahorita estamos en 12. Bueno, algo hay. Una recuperación de como 3 millones de toneladas, que es una curva que forma un arco, con un desplome brutal.

Y que está acompañado por otra cosa extraña: llegamos a importar, todavía con Chávez, casi 300 dólares por persona al año de alimentos, una proporción elevada. Se perdió. ¿Por qué? Porque lo hicieron a través de PDVSA. Ellos no sabían que incluso los productos no perecibles tienen que ser almacenados de acuerdo con una tecnología adecuada.

Entonces muchos se perdieron. Por ejemplo, leche en polvo que se convirtió prácticamente en cemento dentro de contenedores al sol. Claro, eso no puede estar en un contenedor durante horas o días, pero no semanas. Tiene que ser empacado y preservado en forma adecuada.

También hubo casos como el barco que se hundió con las vacas a bordo, o cosas que uno no puede probar, pero que son runrunes que corren en el mundo: que más de una importación de ganado, los dólares salieron, pero las vacas no llegaron.

Que no es el primer gobierno donde ocurre algún tipo de malversación o de corrupción. Desde el gobierno... Fue la eliminación del control de precios lo que determinó el crecimiento. El crecimiento. Vea el caso del café, que creo que es muy notorio: en los supermercados, cómo de pronto desaparecen las marcas tradicionales, casi que no queda ninguna, y ahora hay una proliferación, pero muchos se llaman gourmet.

Sí, muchísima mentira. Siempre hemos tenido muy buen café, pero, en efecto, desde el punto de vista de un criterio gastronómico internacional, todos eran gourmet. Claro. Porque no queda de altura, café de arábiga, de buena calidad.

Nos quedan pocos minutos y siempre nos gusta saber sobre tu vida personal. ¿Cuántos hijos tienes? ¿Cuántas veces has estado casado? Etcétera. ¿Cómo ha sido tu vida doméstica? Como de dos en dos. Dos matrimonios. Soy viudo del primer matrimonio, que fue con una mexicana, con la cual tuvimos dos hijos. Una de ellas, casada posteriormente con un mexicano de origen suizo, vive en México. Que vive en México, sí, que acaba de jubilarse. Y mi hijo, que vive acá, se llama Carlos. ¿Tú? Y mi hijo es abogado, pero se dedica al aire acondicionado. Ok. Y mi hija, bióloga, tuvo alguna actividad de tipo comercial con papelería en alguna oportunidad.

¿Tienes o practicas algún deporte, o has practicado muchos? ¿Cuáles? Mi tío Gustavo montó un equipo en México que iba a llamarse Venezuela, pero no juntó suficientes jugadores. Ya teníamos los uniformes con una V, así que pasamos a llamarnos Vagabundos y jugamos en Triple A amateur.

Pero qué bien. No jugamos en serio. En serio, jugamos en el estadio del Seguro Social, que era el estadio de los profesionales, aunque dos o tres de mis amigos y yo habíamos comenzado jugando en las ligas obreras. ¿Ya sabías? O sea, el béisbol. Y algún otro: el ciclismo, con el club Necaxa, en México, pero me fastidió y lo dejé.

Hice pista y campo en la universidad y después, en el bachillerato y en la universidad, jugué fútbol americano. Muy bien. Y además has sido un lector toda tu vida, entiendo. ¿Cuáles son los géneros que más has frecuentado?

También jugué sóftbol. ¿Ah, esos profesores de la universidad? Aquí, aquí en la Central. Y en América Central jugué racquetball con gran intensidad. Ese era mi entretenimiento: los deportes y la lectura.

Y la lectura te ha acompañado siempre también. ¿Cuál es el género? ¿Eres lector de novelas, de ensayos, de poesía, de teatro? Cualquier cosa impresa que caiga en tus manos, pero el periódico, que ya no hay. Mi fascinación está en tu mundo: la historia.

Sí, yo he leído mucho de historia. Ahí tengo todavía algunos clásicos, como el libro de H. G. Wells. Y como viví en Inglaterra un tiempo, pues también estoy fascinado por la historia británica, que es extremadamente interesante.

Hablabas al principio de que hoy en día eras un liberal, que habías nacido en una familia comunista. Tu formación liberal también es importante. Recuerdo haber coincidido contigo en algunos seminarios de libertad hace algunos cuantos años. No, no soy tan liberal como Libertad. Correcto. Eso era lo que quería aclarar.

No sé cómo llegué ahí. Me invitaron a una reunión sobre Cervantes. Sí, para aquello en Curazao. En Curazao, la coordiné yo. Sí. ¿Para qué? Para explorar el papel de la mujer en la primera novela de verdad que se escribió en castellano, que fue... el Quijote.

Así es. Recuerdo ese seminario, hace ya muchos años. No sé cómo llegué ahí, pero creo que antes sabían que yo era un lector asiduo del Quijote, que yo creo que es un libro... Y luego, en Guatemala, en la Universidad Francisco Marroquín, claro, ahí sí llegué por la vía de la libertad.

Se dice que no hemos hablado de la agricultura, y de la agricultura también estuviste vinculado a Cedice muchos años. No, hace... No, a personas. A personas, a Rocío Guijarro, en particular. Con Rocío, un poco cuando lo de Curazao. Sí. Y posteriormente con algunas otras personas, como Márquez, como Hugo Faria.

Márquez, Hugo Faria. Con Hugo Faria hicimos un libro que se llama Misión riqueza, que es un libro bastante liberal, donde dice que la única cura para la pobreza es la riqueza. Eso es cierto.

Bueno, ha sido gratísimo. El tiempo quedó corto con un conversador como el doctor Carlos Machado Allison. Muchas gracias por venir, Carlos. Es un gusto para nosotros y los oyentes y los televidentes, porque esto queda en YouTube también. Hasta nuestro próximo encuentro.

Gracias, Carlos, y gracias a ti por la invitación, que yo sé que este es un programa de gente famosa. Yo disto mucho de ser famoso. Lo que soy es bien conocido como malcriado en muchos...

Pues fíjate que esa referencia no la teníamos. Bueno, porque ¿qué ocurre? Ya estamos fuera de... No, todavía no. Bueno, estamos. Yo creo que mi madre, que era comunista también, venía de una familia de pastores metodistas y anglicanos y cosas. Entonces, en la casa había un cierto rigor en lo que se refiere a valores. Estaba prohibida la mentira; estaba bienvenida... Era un mundo, por la operación, había muchos del mundo protestante.

Entonces yo no toleraba, y sigo sin tolerarla, la mentira y la corrupción y cosas por el estilo. Y siempre he tenido reacciones poco políticas, lo cual seguramente no me ha traído muchos amigos dentro de ese mundo.

Bueno, muy buena despedida ese comentario. Y nosotros nos encontramos la próxima semana.