Serie Cronología republicana. 1810-2010. Cap 3

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Tercer capítulo de esta nueva serie que venimos desarrollando en Venezolanos, haciendo un recorrido cronológico por la historia de Venezuela, contemplando distintas facetas, no solo la faceta política, sino la cultural, la económica, la deportiva, etcétera. Bien, y estamos en el 17 de diciembre, cuando se funda la República de Colombia, es decir, el 17 de diciembre de 1819. Y, al no más llegar Bolívar triunfador a Angostura, después de las victorias de Pantano de Vargas, el 25 de julio de 1819, y Boyacá, el 7 de agosto de 1819, pone en marcha el proyecto que mantuvo in pectore en sus detalles durante meses.

¿De qué se trata el proyecto? De la creación de la República de Colombia con los departamentos de Venezuela y Cundinamarca, y más adelante, Quito, si el viento acaso seguía a favor del proyecto bolivariano, como en efecto ocurrió. Y el Congreso reunido en Angostura dicta la llamada Ley Fundamental de Colombia el 17 de diciembre de 1819. Entonces la República de Venezuela deja de existir y se subsume dentro de un proyecto político territorial mayor, cuya sede será Bogotá.

La denominación Gran Colombia, como sabemos, no aparece en el texto de la ley y en verdad en ninguna otra parte que en la mente de algunos historiadores venezolanos y colombianos. Se le ha denominado Gran Colombia a este período de 1819 a 1830 para distinguirla de los otros períodos de la República de Colombia. De modo que la República de Colombia se llamó Colombia a secas y Venezuela pasó a ser un departamento de ella.

La ley ordena la formación de un Congreso en Cúcuta en enero de 1821, que tiene por objeto la redacción de una nueva Constitución Nacional para la República recién creada. Reproducimos algunos artículos de la ley que crea la República de Colombia, los más significativos.

El artículo 1 dice: "Las repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso de la República de Colombia". Artículo 2: "Su territorio será el que comprendían la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, abrazando una extensión de 115.000 leguas cuadradas, cuyos términos precisos se fijarán en mejores circunstancias". Artículo 4: "El Poder Ejecutivo de la República será ejercido por un presidente y en su defecto por un vicepresidente, nombrados ambos interinamente por el actual Congreso".

La República de Colombia se dividirá en tres grandes departamentos: Venezuela, Quito y Cundinamarca, que comprenderá las provincias de la Nueva Granada, cuyo nombre queda desde hoy suprimido. Las capitales de estos departamentos serán las ciudades de Caracas, Quito y Bogotá, quitada la adición de Santa Fe, que era como se llamaba Santa Fe de Bogotá.

Artículo 7: "Una nueva ciudad, que llevará el nombre del Libertador Bolívar, será la capital de la República de Colombia. Su plan y situación se determinarán por el primer Congreso General, bajo el principio de proporcionarla a las necesidades de los tres departamentos y a la grandeza que este opulento país está destinado por la naturaleza". Por supuesto, esa ciudad nunca se construyó; no hubo tiempo.

Artículo 8: "El Congreso General de Colombia se reunirá el 1 de enero de 1821 en la Villa del Rosario de Cúcuta, que por todas las circunstancias se considera el lugar más bien proporcionado. Su convocación se hará por el Presidente de la República el 1 de enero de 1820, con comunicación del reglamento para las elecciones que será formado por una comisión especial y aprobado por el Congreso actual". Hasta ahí los artículos que hemos seleccionado.

Vamos a ver cómo Venezuela, entre esta fecha, 17 de diciembre de 1819, y el 22 de septiembre de 1830, fue el departamento de una república cuya capital fue Bogotá. Serán los años en que Bolívar se empeñe en la liberación de las futuras repúblicas de Ecuador, Perú y la que llevará por nombre su apellido, Bolivia. Serán 10 años en los que en Venezuela se terminarán de dar las batallas necesarias para la definitiva derrota y expulsión de los realistas del territorio de la entonces República de Colombia y luego República de Venezuela.

Y llegamos al año 1820. El 7 de marzo de 1820 ocurre la rebelión de Riego y la restauración de la Constitución de Cádiz. ¿Qué es esto y por qué es tan importante para Venezuela y para toda Hispanoamérica, para toda Latinoamérica, como también la denominamos? En España ha ocurrido un hecho de naturaleza constitucional que va a ser de la mayor importancia, crucial.

Desde hace por lo menos dos años, la Corona española reunía a un ejército en Cádiz para enviarlo a Venezuela como refuerzo a las diezmadas tropas del general Pablo Morillo, que habían llegado a Venezuela en 1815, y estamos en 1820. Bueno, las tropas en Cádiz no tenían ningún deseo de embarcarse, ya que conocían el cúmulo de calamidades que pasaban las tropas enviadas con Morillo, de modo que estaban alertas a cualquier posibilidad de abortar el viaje. Y eso fue lo que ocurrió cuando el comandante Rafael de Riego, el 1 de enero de 1820, proclamó la Constitución de Cádiz de 1812.

Esta Constitución abogaba por el reconocimiento paritario de las provincias americanas y, en consecuencia, hacía innecesaria la expedición armada que se estaba formando. Fernando VII envió tropas al mando de generales para aplastar la rebelión, pero los generales y sus tropas se sumaron a la rebelión, así como otras provincias seducidas por el alzamiento, con lo que al rey Fernando VII no le quedó otro camino que proclamar la Constitución de Cádiz contra su voluntad, una Constitución de naturaleza liberal. La proclamó el 7 de marzo de 1820.

Ya en junio se estaban reuniendo las Cortes después de ser electas. El liberalismo le había torcido el brazo al absolutismo de Fernando VII. Pésimas noticias para Pablo Morillo, quien esperaba ansioso la llegada de refuerzos, ya que sabía que sin ellos sus posibilidades de triunfar eran ínfimas o inexistentes. Y en carta de Morillo al ministro de Guerra en España, fechada en septiembre de 1819, después de Pantano de Vargas y Boyacá, solicitaba 8.000 efectivos para poder continuar la guerra.

Luego, en carta de febrero de 1820, sube la cifra y solicita 12.000, siempre advirtiendo que si no recibe refuerzos, la guerra está perdida para España. Nunca recibió los refuerzos, y la guerra se perdió para España. Por esto es que la rebelión de Riego y la restauración de la Constitución de Cádiz son hechos fundamentales para las independencias definitivas de estas provincias que se han convertido en nuevas repúblicas, en estados nacientes.

Consecuencia de la rebelión de Riego va a ser la firma de la paz entre Bolívar y Morillo el 25 de noviembre de 1820. A finales de junio de este año, Morillo envía comunicaciones al Congreso reunido en Angostura y comunicaciones al propio Bolívar, proponiendo una suspensión de hostilidades hasta lograr realizar la reconciliación, dice textualmente Morillo. Designa a Ramón Correa, Juan Rodríguez del Toro y Francisco González de Linares como negociadores, mientras Bolívar designa a Antonio José de Sucre, Pedro Briceño Méndez y José Gabriel Pérez.

Finalmente, en el pueblo de Santa Ana, en Trujillo, el 25 de noviembre de 1820, se firma el armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra. En la próxima parte del programa seguimos con esta historia fascinante. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.

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Somos Unión Radio Cultural. Bueno, como decíamos antes, Morillo sabía que la guerra se había perdido, que los realistas que quedaban, junto con la mayoría de criollos que integraban sus tropas, estaban condenados al fracaso sin los refuerzos que, finalmente, no llegaron nunca. El cese de hostilidades se convino por seis meses, y en el encabezado del tratado se estampaba la derrota española.

¿Por qué? Porque allí se lee lo siguiente, voy a citar: "Y su excelencia el presidente de Colombia, Simón Bolívar, como jefe de la República". Es decir, se reconocía la existencia de una república, cosa que no se había hecho antes. Y al presidente de la misma se le trata de excelencia.

España está reconociendo su derrota. No obstante, se necesitaron cuatro años más de batallas en Suramérica para que la derrota fuese completa. Morillo recogió sus papeles y le entregó el mando a Miguel de la Torre. Zarpó el 17 de diciembre de 1820 hacia España. Falleció en Francia en 1837, varios años después de esa aventura de Morillo en América que duró casi seis años.

Por otra parte, la experiencia liberal en España se extendió hasta abril de 1823, cuando Luis XVIII envió tropas para restaurar el poder absoluto de Fernando VII. Entonces Rafael de Riego, el general de Riego, fue ejecutado. Los liberales fueron perseguidos y el despotismo entronizado de nuevo, pero la pérdida de América ya no tuvo remedio.

Es evidente que la estocada final de los realistas la dio la rebelión de Riego en España, ya que dejó sin efecto la única salida promisoria que tenían en América, es decir, la llegada de refuerzos que no llegaron. No obstante, la mención que suelen hacer los panegiristas de Bolívar de este hecho es muy tímida, o velada, o reducida. Obviamente, el hecho no abona mayor gloria a las fuerzas patrióticas, pero es insoslayable desde una perspectiva honesta del estudio de los hechos históricos.

Después del armisticio en Trujillo, en noviembre de 1820, la derrota realista era cuestión de tiempo, ya que batallaban por supervivencia y sin esperanzas de recibir respaldo alguno, fundamentados en el honor y sin mayores alternativas. ¿Qué podían hacer esos soldados españoles? Rendirse, la gloria, el valor y el honor, que eran los valores máximos de aquel tiempo, no se lo hubieran permitido.

Bien, y llegamos a 1821, con la batalla de Carabobo, el 24 de junio. Bolívar le ordena a Páez avanzar desde Apure hacia el centro. Ambrosio Plaza ocupa Barinas, antes de movilizarse también hacia el centro. Bermúdez inicia su famosa diversión, es decir, marcha hacia Caracas de manera tal de ocupar a parte del ejército realista en defender a la capital, mientras los ejércitos patriotas avanzan hacia Carabobo.

Urdaneta toma Barquisimeto y avanza hacia San Carlos. Bolívar busca que los realistas se concentren en Carabobo. Finalmente, ambos ejércitos están listos para la batalla al amanecer del 24 de junio de 1821.

En el Estado Mayor General, además de Bolívar, están Briceño Méndez, Mariño y Soublette. Los edecanes del Libertador están presentes: Ibarra y O'Leary, entre muchos otros. El ejército consta de tres divisiones: la primera con Páez al frente, la segunda con Cedeño, la tercera con Plaza.

Los batallones y brigadas están al mando de Ferrier, Conde, Rangel, De las Heras, Flegel, Gravete, Manrique, Sández, Vélez, Uslar y Argüindegui. Murieron en combate Cedeño y Plaza, Pedro Camejo, Bruno, Oliveira y Arias, Ferrier y Scott, Mellado y Valera, pero fueron heridos de gravedad Arráiz, Abreu, Lima y Martín, entre otros. Aquí solo podemos nombrar a los oficiales de alto rango, porque si no la lista sería interminable.

Al frente del ejército realista está De la Torre, con Morales y Montenegro Colón. La mayoría de sus soldados son venezolanos; de los que llegaron en 1815 con Morillo quedan pocos. Pero ese ejército suma alrededor de 5.000 hombres, mientras el ejército patriota un poco más. Aunque las cifras varían de autor en autor, digamos que la cifra del ejército patriota puede estar cerca de 7.000 efectivos.

La victoria patriota fue completa. Los restos del ejército realista se retiran a Puerto Cabello y son perseguidos por Rangel. Allí se refugian los realistas. El golpe ha sido fatal.

No obstante, después de esta batalla tienen lugar cerca de 60 enfrentamientos bélicos menores hasta las dos últimas batallas: la del lago de Maracaibo, el 25 de julio de 1823, y el sitio de Puerto Cabello, el 8 y 9 de noviembre de 1823 también. Y el lector se preguntará por qué, si no fue la última batalla, es considerada como tal. Porque ciertamente después de ella las posibilidades de los realistas de recuperarse eran inexistentes y también porque fue la última en la que Bolívar estuvo presente.

Pero lo cierto es que los realistas que quedaban insistieron durante dos años más, hasta que finalmente son derrotados, como dije antes, en la batalla naval de Maracaibo, donde vence el almirante José Prudencio Padilla, y cuando José Antonio Páez, el general Páez, obliga al general De la Calzada a capitular en Puerto Cabello, como dijimos, en noviembre de 1823.

Y el 30 de agosto de este año que venimos inventariando, el 30 de agosto de 1821, tiene lugar el Congreso de Cúcuta. Recordemos que la Ley Fundamental de Colombia del 17 de diciembre de 1819 ordenaba la reunión del Congreso. Los diputados comienzan a llegar en marzo a la Villa del Rosario de Cúcuta. Incluso el vicepresidente de la República llega, que era Juan Germán Roscio, en representación del Poder Ejecutivo.

Recordemos que Bolívar estaba en guerra y Santander estaba al mando en Bogotá. Roscio llega en marzo. Lamentablemente, el 10 de marzo fallece Roscio, una circunstancia que complicó aún más la instalación del Congreso, hasta que Bolívar advierte que Antonio Nariño, nombre de gran prestigio en Nueva Granada, está de vuelta de su larga prisión en España, y está de vuelta gracias a la rebelión de Riego, los liberales y la Constitución de Cádiz, y nombra a Nariño sustituto de Roscio.

Bueno, el Congreso se instala el 6 de mayo y delibera hasta el 14 de octubre. Redacta la llamada Constitución de Cúcuta, cuya naturaleza puede resumirse a grandes rasgos así: una carta magna centralista. El régimen electoral fue muy parecido al de la Constitución de 1811, es decir, solo votaban ciudadanos varones que supieran leer y escribir, propietarios y mayores de 25 años. La anterior Constitución pedía 21 años, esta elevó a 25.

Tanto el período de cuatro años como la reelección no inmediata, sino con un período de por medio, se mantuvo exactamente igual a la Constitución de 1819. El orden político territorial rezaba textualmente en el artículo 6: "El territorio de Colombia es el mismo que comprendían el antiguo Virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía General de Venezuela".

Bien, no todos los diputados electos en las 19 provincias pudieron asistir, de modo que, de los 95 elegidos, la firmaron 57 diputados. Entre ellos los neogranadinos, voy a dar la lista de los neogranadinos y luego la de los venezolanos, no completas, sino los más significativos: José Félix Restrepo, José Manuel Restrepo, José María del Castillo y Rada, Miguel y Bernardino Tobar, José Ignacio de Márquez, Vicente Azuero, Sinforoso Mutis.

Y los venezolanos: Pedro Gual, Fernando Peñalver, Miguel Peña, Ramón Ignacio Méndez, Diego Bautista Urbaneja, Luis Ignacio Mendoza, Pedro Briceño Méndez, Francisco Javier Yanes, entre otros. Como vemos, lo más granado de los civiles de aquí y de allá. En suma, se acogió el espíritu centralista que había impuesto Bolívar, por más que se presentaron varios proyectos que apuntaban en otro sentido, un poco más federal.

Quedó en el articulado la voluntad de construir una ciudad capital distinta a Bogotá, que se llamaría Bolívar, en su homenaje. Pero, como se sabe, esto ni siquiera se comenzó a planificar. En la próxima parte del programa continuamos con esta historia excepcional de este año crucial de 1821. Ya regresamos.

El Congreso, con base en el texto constitucional de la Constitución de Cúcuta de 1821, de la que venimos hablando, designó a Bolívar como presidente de la República de Colombia y a Santander como vicepresidente. Ambos se posesionaron el 2 de octubre ante el Congreso solemnemente instalado. Luego, el presidente Bolívar designó a Pedro Gual secretario de Relaciones Exteriores, a José María del Castillo en Hacienda, a José Manuel Restrepo en Relaciones Interiores y a Pedro Briceño Méndez en Guerra y Marina.

Había un perfecto equilibrio: dos venezolanos, dos neogranadinos. Y hasta aquí llega lo fundamental del Congreso de Cúcuta, del 30 de agosto de 1821. Vamos a pasar ahora al año 1823, cuando ocurre la batalla naval del lago de Maracaibo.

Esta batalla fue urdiéndose poco a poco a partir de enero y ocurre el 24 de julio. ¿Por qué se va urdiendo poco a poco? Porque el general Montilla ordena franquear la entrada por la barra de Maracaibo para intentar tomar la ciudad por vía lacustre.

En el ínterin se tiene la noticia de que ha zarpado de La Habana el capitán de navío Ángel Laborde y Navarro, al frente de una escuadra que viene a auxiliar a Morales, Tomás Morales. Esta noticia precipitó la acción del almirante José Prudencio Padilla, quien logra vulnerar la barra y penetra en el lago con sus fuerzas. Se adueña de la entrada del lago, sin alcanzar a Maracaibo, y recala en los Puertos de Altagracia, donde se repone de los daños y se prepara para la batalla final, cuando ya Laborde está en el puerto de Maracaibo.

La batalla es vespertina y dura algo más de tres horas. El almirante Padilla vence a Laborde, quien logra escapar hacia Curazao, mientras a Morales no le queda otro camino que capitular el 3 de agosto de 1823, permitiéndose luego navegar hacia La Habana. Así fue como el último capitán general de la Corona española en Venezuela fue derrotado y aventado de Tierra Firme. Queda De la Calzada en Puerto Cabello.

Veamos ahora, entre 1822 y 1824, unos hechos que no son venezolanos, pero que son protagonizados por venezolanos. Me refiero a la campaña del sur y el mariscal Antonio José de Sucre. Me refiero a las batallas de Bomboná, el 7 de abril de 1822; Pichincha, el 24 de mayo de 1822; Junín, el 6 de agosto de 1824; y Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.

Recordemos que en enero de 1822 Bolívar inicia la campaña del sur con el objeto de derrotar a las fuerzas realistas que dominan el sur de Colombia, el futuro Ecuador y Perú. Sucre se adelanta a Bolívar en su camino hacia Quito, mientras al Libertador se le presenta la no buscada batalla de Bomboná, cerca de Pasto, hoy en día Colombia, la más realista de las ciudades neogranadinas. Y el 7 de abril tiene lugar la batalla de dos ejércitos con cerca de 2.000 hombres cada uno.

La pérdida es casi igual para ambos, de modo que, si bien es cierto que la retirada la dan los realistas al mando de Basilio García, los daños sufridos por los patriotas no fueron pocos, al punto que Bolívar se ve en la necesidad de detener la marcha y no participa en la batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822, cuando el general Sucre se cubre de gloria. De esta batalla de Bomboná de la que venimos hablando queda herido Pedro León Torres y muere cuatro meses después.

En la de Pichincha, la victoria de Sucre es completa, a pesar de haber tenido cerca de 400 bajas, mientras los realistas tuvieron cerca de 600 y la rendición de más de mil prisioneros. Además de Sucre, en la batalla de Pichincha se distinguieron el neogranadino José María Córdova y el ecuatoriano Abdón Calderón. Entonces emergió el genio magnánimo de Sucre y le concedió una capitulación honrosa al mariscal de campo Melchor Aymerich, quien admitió su derrota, quedando libre de fuerzas realistas el territorio de la futura República de Ecuador.

Por su parte, al enterarse Basilio García de la derrota realista en Pichincha, capitula ante Bolívar y este sale de Pasto rumbo a Quito, a donde llega en junio. Va a conocer entonces a uno de los amores fundamentales de su vida, la señora Manuela Sáenz Aizpuru, la esposa del médico inglés James Thorne, a quien abandonó para acompañar a Bolívar en sus años por venir. Y ya un Bolívar enamorado viaja a Guayaquil a la famosa entrevista con José de San Martín, el 25 y 26 de julio de 1822.

Jamás sabremos lo que hablaron a solas ambos libertadores, pero el resultado fue que San Martín se retiró y le dejó a Bolívar el campo dispuesto para la culminación de su epopeya. Del Perú solicitan su presencia para derrotar a los realistas y Bolívar se moviliza de Ecuador, donde ha estado varios meses, hacia Lima por vía marítima. Allá llega el 2 de septiembre de 1823; hacia finales de año y en enero de 1824 enferma en Pativilca y le prescriben reposo.

Estos son los primeros síntomas de la tuberculosis de la que murió Simón Bolívar. En febrero, el Congreso de Perú lo designa dictador, en los términos romanos del vocablo, y pone en marcha la estrategia para la futura batalla de Junín, cerca de Jauja. Esta ocurre el 6 de agosto de 1824 y fue la última en la que Bolívar estuvo presente, dirigiéndola.

El ejército patriota cuenta con algo más de 8.000 efectivos, mientras el realista está disperso y en el campo de Junín no pasa de 5.000 hombres, al frente de José de Canterac. El saldo es favorable a los patriotas después de una hora de combate, cuando Canterac se retira hacia Huancayo a reunirse con el virrey José de la Serna e Hinojosa, a darle descanso a las tropas y a prepararse para otra confrontación. Bolívar, por su parte, se reúne con Sucre en Sañayca y le entrega el mando del ejército, y se retira a Lima a preparar el Congreso Anfictiónico de Panamá.

El virrey y Canterac, al mando de un ejército de más de 9.000 hombres, buscan el enfrentamiento con Sucre, que cuenta con cerca de 6.000 efectivos. Los movimientos y preparaciones se prolongan desde agosto hasta diciembre, hasta el día de la batalla de Ayacucho, que es el 9 de diciembre de 1824. Esta fue la última batalla entre los patriotas y los realistas en América.

El ejército patriota es comandado por Antonio José de Sucre, venezolano. Contaba como jefe del Estado Mayor a Agustín Gamarra, peruano, y como jefe de la caballería a Guillermo Miller, inglés. Al frente de las tres divisiones estarán José María Córdova, neogranadino; José de La Mar, nacido en Cuenca, Ecuador, pero se le consideraba peruano; y Jacinto Lara, venezolano.

Nótese que, casual o no, las nacionalidades representaban el mismo crisol de toda la guerra de la Independencia, incluso en sus gradaciones de importancia. Los realistas, comandados por el virrey José de la Serna, el comandante de caballería Valentín Ferraz, el jefe del Estado Mayor José de Canterac y los jefes de divisiones Jerónimo Valdés, Juan Antonio Monet, Alejandro González Villalobos y José Carratalá, enfrentaron la contienda.

La batalla de Ayacucho toma hora y media y el triunfo de los patriotas es contundente. Alrededor de 1.800 muertos, cerca de 2.000 prisioneros y más de 600 heridos realistas condujeron a la capitulación requerida a Canterac, ya que el virrey sufrió siete heridas y quedó fuera de combate. El ejército de Sucre sufrió cerca de 400 muertos y alrededor de 700 heridos.

En el mismo campo de batalla, Sucre otorga los ascensos a Córdova y a Lara, a Silva, Carvajal, Otero, Sández, y él mismo es ascendido días después por Bolívar a Gran Mariscal de Ayacucho, el título más alto alcanzado después del de Libertador, que lo ostentaba Simón Bolívar. Y llegamos a 1825, al 6 de agosto, y al 19 de noviembre de 1826. Vamos a ver qué está ocurriendo el 6 de agosto de 1825, cuando se va a fundar la República de Bolivia y cuando Bolívar va a redactar su Constitución, pero eso lo veremos en la última parte del programa.

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Después de la victoria de Ayacucho, Bolívar le ordena a Sucre seguir hacia el Alto Perú, una región aislada con características propias de tal significación que resultó lógico la creación de una república, además de que la jurisdicción de la zona la ejercían tanto Argentina como Perú, sin que se avizorara una solución negociada y, como añadido, era un reducto realista a vencer de manera definitiva.

En medio de este contexto, al mariscal Sucre le pareció viable la conformación de una asamblea en Chuquisaca, y esta se reunió y optó por declararse independiente el 6 de agosto de 1825. El primer nombre que escogieron fue el de Bolívar, pero el diputado y presbítero Manuel Martín Cruz dijo que "si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia", y a todos les pareció convincente, incluido al propio Libertador a la distancia, quien a partir de ese momento se sintió comprometido hondamente con aquella contribución definitiva a la eternidad de su gloria, obviamente.

De hecho, desaparecida Rodesia, que se llamaba así por Cecil Rhodes y dividida en Zambia y Zimbabue, los dos únicos estados del mundo que llevan por denominación un apellido son Colombia y Bolivia. De tal modo que la República de Bolivia dio sus primeros pasos y la asamblea constituyente le encargó a Bolívar la redacción de la primera Constitución. Entonces, el centralismo sempiterno del Libertador y su horror a la anarquía le llevaron de la mano a redactar una carta magna que establecía la presidencia vitalicia del designado y la posibilidad de que este escogiera a su sucesor.

Como era de esperarse, los neogranadinos formados en el pensamiento liberal se opusieron por la impronta monárquica que aducían que tenía la propuesta, ya que pensaban que era un contrasentido haber hecho la guerra a la monarquía española para venir a instaurar una propia. Claro, en el fondo Bolívar, que lo manifestó muchísimas veces, era un gran admirador de Gran Bretaña, y hay muchas similitudes entre la Constitución de Bolivia y la monarquía británica. Quizás por eso, por esa admiración tan grande que él tenía, haya tantas similitudes.

No obstante la oposición que fue hallando en el camino, Bolívar hizo aprobar su Constitución y designó a Sucre presidente vitalicio. Pero este caballero aceptó a regañadientes ejercer la presidencia por dos años, siempre en consonancia con la extraña relación que tuvo Sucre con el ejercicio del poder, una suerte de obligación que asumía sin que le provocara mayores alteraciones del ánimo realmente, a diferencia de otros que se sentían predestinados a ejercer el poder hasta su muerte.

Si Bolívar se hubiera dado por satisfecho con la Constitución de Bolivia, sus problemas hubieran sido menores, pero estaba convencido de que la implantación en Colombia y en Perú de su modelo constitucional boliviano sería la solución a los problemas que se enfrentaban. Hay una carta del 6 de julio de 1826 de Santander. Este le escribe a Bolívar explicándole su negativa a la presidencia vitalicia. Es una carta muy importante.

Le dice Santander a Bolívar, repito: "¿Quién es el emperador o rey en este nuevo reino? ¿Un príncipe extranjero? No lo quiero, porque yo he sido patriota y he servido 16 años continuos por el establecimiento de un régimen legal bajo las formas republicanas. En mi posición y después de que he logrado una mediana reputación, sería la mayor iniquidad traicionar mis principios y faltar a mis protestas. El emperador es usted, obedezco gustoso, y jamás seré conspirador, porque usted es digno de mandarnos, porque nos gobernará según las leyes, porque respetará la opinión sana del pueblo, porque es justo, desinteresado, filantrópico, etcétera".

"Y después de su muerte, ¿quién es el sucesor?", se pregunta Santander. "¿Páez, Montilla, Padilla? A ninguno quiero de jefe supremo vitalicio y coronado. No seré más colombiano y toda mi fortuna la sacrificaré antes de vivir bajo tal régimen". Bueno, esta carta es una pieza de notable sutileza que pone el dedo en la llaga. El único vitalicio aceptado es Bolívar, mientras todos los demás aspiran legítimamente a sucederlo, incluido el propio Santander y con todo el derecho del mundo.

Bueno, era imposible de digerir la proposición bolivariana en Colombia y en Perú, y de aquí vienen muchas desavenencias entre Bolívar, Santander y muchos otros. Y llegamos al año de 1826 con los acontecimientos en Valencia, en la municipalidad de Valencia, el 30 de abril. Está reunida la municipalidad argumentando que el pueblo había caído en un disgusto supremo como consecuencia de la separación del general Páez de sus funciones y que esta circunstancia estaba por crear una crisis nacional.

Por ello, esta municipalidad acuerda restituirle el mando a Páez. Este acepta el 3 de mayo por medio de una proclama y el 5 de mayo la municipalidad de Caracas reconoce la restitución del general Páez, sumándose a lo propuesto por la de Valencia. Estos hechos, que el pueblo denominó La Cosiata, aludiendo a una obra de teatro que entonces se presentaba en Valencia en la que un actor declinaba el vocablo cosa, fueron de suma importancia, ya que en la práctica significaban el desconocimiento del Poder Ejecutivo radicado en Bogotá y el texto constitucional.

El 14 de mayo de 1826, el general Páez jura ante la municipalidad de Valencia cumplir las leyes y hacerlas cumplir, así como no obedecer las nuevas órdenes del gobierno de Bogotá. El 29 de mayo, en sesión solemne de la municipalidad de Caracas, juran ante Páez, ahora jefe civil y militar, las nuevas autoridades del departamento de Venezuela: el general Santiago Mariño, segundo jefe militar; el doctor Cristóbal Mendoza, intendente; el doctor Suárez Aguado, provisor y vicario capitular; y el doctor Francisco Javier Yanes, presidente de la Corte Superior de Justicia.

Y la autonomía del departamento de Venezuela siguió manifestándose. Una asamblea popular reunida el 5 de noviembre de 1826 en la iglesia de San Francisco, en Caracas, solicita, mediante voto popular, que se instaure, voy a citar: "el sistema popular representativo federal, como se halla establecido en los Estados Unidos de la América del Norte, en cuanto sea compatible con las costumbres, climas y particulares circunstancias de los pueblos que forman la República de Colombia". Hasta allí la cita.

Se solicita, además, la remisión del acta al Libertador, a quien invocan como mediador de la solicitud. Luego, a solicitud de Páez, se reúne otra asamblea popular el 7 de noviembre, donde se asume una posición más radical en contra del gobierno de Bogotá. Luego, el 10 de noviembre, se reúne otra en Valencia y, el 13 del mismo mes, Páez señala por decreto la constitución de los colegios electorales el 10 de diciembre, y para el 10 de enero de 1827, la fecha de integración del Congreso Constituyente.

Estas posiciones del general Páez tuvieron resistencia y muchos temían que se avanzara rápidamente hacia una guerra civil. Pero los acontecimientos que vienen, que siguen a estos hechos, los vamos a referir en el cuarto capítulo de esta serie que venimos desarrollando. Hasta aquí nuestro programa de hoy. Como siempre, ha sido un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio.